Cuesta recuperarse de un susto de tal envergadura, pero los vecinos de la localidad de Ricobayo de Alba ya respiran “algo más aliviados”, eso sí, con mascarillas. Apenas han pasado unas horas desde que el incendio originado por una tormenta junto a unas torres de alta tensión en las proximidades de la subestación de la central hidroeléctrica en el término de Villalcampo obligaron a decretar el nivel 2 de peligrosidad, confinando a la población y cortando el tráfico al paso de la Nacional 122 y de la carretera de Villalcampo.
“El pueblo estaba comido por el humo, literalmente. No se podía ni respirar”. Samuel Vázquez vive en una de las últimas viviendas del núcleo urbano, casi pegado a la carretera de la ZA-324 hacia donde se aproximaba el fuego declarado al mediodía. “Venía hacia aquí directo, aunque no llegó porque cambió el aire”, respira aliviado.
La proximidad a infraestructuras importantes obligaba a decretar desde el origen el nivel 1 de peligrosidad que, 54 minutos después pasaba a un Índice de Gravedad Potencial (IGR) 2 al suponer una seria amenaza a poblaciones que exige medidas de socorro de la población o protección de bienes.
Inmediatamente se desplazaron hasta la zona los primeros medios de extinción cuya lista llegó a acercarse al medio centenar incluyendo la ayuda de una decena de helicópteros. Complementariamente se desplegaron ocho cuadrillas terrestres, cuatro autobombas, tres bulldozer, siete agentes medioambientales, tres técnicos así como efectivos del Consorcio Provincial de la Diputación de Zamora de los parques de Bermillo de Sayago y Zona Centro, todos ellos organizados desde el puesto de mando avanzado ubicado en la hospedería del Salto del Esla.
La meteorología daba una de cal y otra de arena con el viento soplando en dirección suroeste con rachas de hasta 27 kilómetros por hora y la fina lluvia como fiel aliada de los medios de extinción que lograban rebajar el nivel de peligrosidad hasta dar por estabilizado el foco a las 18:40 horas. Con todo, la previsión de tormenta con agua obliga a extremar la precaución sobre la zona para evitar posibles reactivaciones.
Todas las sospechas se dirigían hacia la tormenta con aparato eléctrico caída durante la madrugada, un apunte trasladado por los vecinos a este medio y que posteriormente confirmaba la directora técnica de extinción en el incendio, Mar Lejárraga. La profesional de la Junta de Castilla y León confirmaba que los vientos «muy erráticos» han complicado las labores de extinción en una zona con gran presencia de líneas de alta y media tensión que dificulta la actuación de los helicópteros, infraestructuras a las que se suma una orografía con «mucha piedra y muy pocos accesos» que dificultan el acceso de los medios terrestres.
El fuego se declaró al término de la ribera de Villalcampo, muy próximo al paso del río Esla para avanzar en dirección a Ricobayo de Alba, obligando a su rápido confinamiento con especial hincapié en la población vulnerable (tercera edad y niños), afectada por enfermedades respiratorias o del corazón. Una vez desconfinados y pasado el susto inicial, pasear sin mascarilla por la zona se antojaba tarea imposible.
Para facilitar las labores de los medios aéreos, la distribuidora ha interrumpido temporalmente el suministro de luz, situación que afecta a los núcleos de Villalcampo y Ricobayo. Estos cortes -como ya ocurrió a finales de julio en Fermoselle- persiguen además garantizar la máxima seguridad de los equipos que intervienen, tanto en tierra como desde el aire, minimizando los riesgos derivados de la presencia de infraestructuras eléctricas en el entorno del incendio.
“No tenemos ni agua ni luz, pero que todo sea eso”, suspiran aliviados al reconocer la velocidad “bestial” con la que avanzaba el fuego y que obligó al pueblo a prepararse con mangueras y llaves para abrir las bocas de agua facilitadas por el ayuntamiento. La Guardia Civil sirvió de apoyo nen los momentos de mayor tensión en los que también estuvieron presentes los alcaldes de Villalcampo, Miguel Ángel Miguel Martín, y de Muelas del Pan, Luis Alberto Miguel Alonso.
En Muelas del Pan, la situación se vivía con preocupación. “Si el viento hubiera soplado del oeste, fácilmente podría haber saltado el río y pasar”, reconoce Manolo Pérez. El fuego llegó a saltar la carretera ZA-324 y a acercarse peligrosamente a la subestación de Ricobayo II quedándose a apenas unos cientos de metros.
Los esfuerzos por contener el flanco izquierdo dieron rápidamente sus frutos, mientras que el derecho rebajaba su intensidad al igual que la cabeza del fuego. Pasadas seis horas, los efectivos precedían a ejecutar un perímetro de seguridad con maquinaria pesada y trabajo manual donde las piedras no permitían su acceso.
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