Jaime Galván tiene 27 años y vive en Lanzarote, la tierra donde nació. Estudió Historia en la Universidad de Salamanca para luego, en Tenerife, hacer un máster en Uso y Gestión del Patrimonio. Su futuro prometía estar entre archivos y documentos, pero la inestabilidad laboral, la precariedad y una pasión por el campo difícil de ignorar terminaron por empujarlo a dar un giro a su trayectoria académica y profesional: se matriculó en el grado superior de Vitivinicultura del CIFP Zonzamas, y aunque todavía le queda el segundo curso completo, ya le han ofrecido un contrato indefinido en una bodega de la Isla. Su historia mira al futuro de una actividad que ha escrito buena parte de la identidad de Lanzarote y de Canarias, un sector que necesita de nuevas generaciones para asegurar su continuidad y que encuentra en la Formación Profesional una vía para atraer nuevas manos y talento al campo. La Formación Profesional (FP) sustituye así a la tradición familiar como cantera de la mano de obra del sector primario del Archipiélago.
«Todo el mundo me decía que iba a ser difícil vivir de la Historia», recuerda Jaime. Y en la búsqueda de empleo acabó dándoles, al menos en parte, la razón. Hizo algunas colaboraciones, pero nada llegó a convertirse en una oportunidad estable. Mientras se ganaba la vida como mozo de almacén en una tienda del aeropuerto, una invitación de un amigo a participar en una vendimia despertó su interés por el campo. Entre parras y viñedos, Jaime empezó a imaginarse con «un cachito de tierra», en principio para poco más que una afición. Así llegó al ciclo superior de Vitivinicultura: «Se me abrió un mundo desconocido», recuerda. Y con él, también una salida laboral que nunca había contemplado: «Desde el primer día nos dijeron que quien quiera trabajar de esto, trabaja».
Jaime no es una excepción dentro del aula. Los tres alumnos matriculados en el ciclo ya han encontrado trabajo en distintas bodegas antes incluso de terminar su formación y, al menos dos de ellos, llegaron a la vitivinicultura después de pasar por la universidad en ámbitos completamente ajenos al campo. Una salida laboral rápida que refleja la necesidad de profesionales que arrastra el sector. La Cámara de Comercio de Lanzarote lo define como «un sector clave para la economía de las Islas Canarias que necesita profesionales formados para cubrir puestos de trabajo».
La vid es el segundo cultivo que más suelo ocupa en las Islas, solo por detrás del plátano: sus más de 8.000 hectáreas representan en torno al 16% del terreno dedicado a la agricultura y sustentan once Denominaciones de Origen Protegidas (DOP) repartidas por el Archipiélago. Según la Consejería de Agricultura, Ganadería, Pesca y Soberanía Alimentaria, el año pasado se exportaron un total de 177.443 litros, con Estados Unidos como principal destino. Las DOP Islas Canarias y Lanzarote acumulan la mayor cantidad de litros, con más de 65.000 y 45.000 litros exportados respectivamente. Al mismo tiempo, el sector busca nuevas formas de diversificarse: el enoturismo busca aprovechar el atractivo de los viñedos y las bodegas para acercar a visitantes a la gastronomía y el paisaje de las Islas.
Las aulas miran al sector primario
La oferta formativa vinculada al sector primario por parte de la Consejería de Educación varía en función de las características y el tejido productivo de cada Isla. Lanzarote, además de la formación vitivinícola, también ofrece especialización en pesca, acuicultura o aceites, mientras que el alumnado de Fuerteventura puede elegir entre Ganadería y Asistencia en Sanidad Animal, Producción Agroecológica o Agropecuaria. Tenerife y Gran Canaria cuentan con una oferta más diversificada, que abarca desde la producción agroecológica hasta la gestión forestal, el paisajismo o la vitivinicultura. En las islas occidentales, La Palma y La Gomera concentran sus enseñanzas en la producción agroecológica y la gestión del medio natural, mientras que El Hierro dispone de formación en aprovechamiento y conservación del medio natural y gestión forestal.
«La mentalidad de que quien vale va a la universidad y quien no, a la FP es un error»
Según los datos publicados por el Istac en noviembre de 2025, las familias profesionales vinculadas al sector primario y a la transformación de sus productos no figuran entre las que concentran un mayor número de titulados en Canarias, pero algunas presentan elevados niveles de inserción laboral. Es el caso de Agraria, donde el 52% de quienes finalizaron un Grado Superior en 2023 ya estaba trabajando nada más finalizar la formación. También a largo plazo: cinco años después de finalizar sus estudios, el 79,2% de los titulados de Grado Medio de Industrias Alimentarias estaba trabajando, mientras que en Marítimo-Pesquera la tasa alcanzaba el 76,5%. Ambos porcentajes superaban la media del conjunto de titulados de Grado Medio, situada en el 72,3%, y colocaban a estas dos familias entre las seis con mayor inserción laboral a los cinco años.
Prácticas de poda del ciclo de Vitivinicultura en Masdache (Tias) / Vitivinicultura CIFP Zonzamas
«La mentalidad de que quien vale va a la universidad y quien no, a FP es un error», defiende. Él, que llegó a estas aulas después de pasar por la universidad, asegura que le habría gustado descubrir antes una formación que considera especialmente útil para quienes aprenden con la práctica: «Sales superpreparado». Sin embargo, la continuidad del ciclo no está garantizada. Cada curso, cuenta, profesores y alumnos luchan para evitar que desaparezca por la escasez de matrículas. «Intentamos hacerle promoción porque es un privilegio tenerlo aquí», explica. Cree que detrás de esa falta de alumnado sobre todo hay desconocimiento, pese a que una isla como Lanzarote demanda profesionales especializados.
«No te vas a hacer rico», admite, pero trabajar la tierra significa mantener vivo uno de los últimos bastiones de una actividad estrechamente ligada a Lanzarote. «Más allá de lo económico y productivo, va con tus tradiciones, con tu cultura, con tus fiestas y tus festividades«. Por eso, insiste en que es una rama que «vale la pena»: una forma de ganarse la vida pero también de evitar que se pierda una parte de la identidad de las Islas.
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