El incendio de Las Peñas de Riglos (Huesca) se ha convertido en el peor de la historia reciente de Aragón. A las más de 18.400 hectáreas -14.500 completamente calcinadas- que ha quemado entre las comarcas de la Hoya de Huesca y la Jacetania se tiene que sumar la muerte de un bombero de la Unidad Militar de Emergencias (UME) tras un accidente en una zona escarpada bajo la Peña Oroel. El fuego, ya estabilizado, es el emblema del año más abrasivo que se recuerda.
Este récord no es el único que la comunidad ha superado este verano negro de incendios forestales. En esta lista cubierta de ceniza se puede anotar también que se han superado el número de hectáreas totales arrasadas por las llamas. Suman más de 44.500 acumuladas sobre todo en cinco fuegos que se cuelan en la lista de los 20 más destructivos de las últimas décadas. También se han visto dañados núcleos urbanos como el de Asín, en las Cinco Villas, y se ha tenido que gestionar la evacuación de alrededor de 2.800 personas de unos 38 núcleos de población, repartidos entre 17 municipios. Los episodios con mayores desalojos han sido los incendios de Orés, Las Peñas de Riglos y Ejulve, aunque también se produjeron evacuaciones en Tamarite de Litera, Morillo de Monclús y Loporzano.
Las dimensiones del incendio declarado en Las Peñas de Riglos, que ha llegado a cercar los monasterios de San Juan de la Peña también son de récord en el despliegue de medios de extinción. En los momentos de más intensidad el operativo sumaba más de 1.000 efectivos y 42 medios aéreos, obligando al Gobierno de Aragón a pedir refuerzos internacionales y más medios a la Unidad Militar de Emergencias para luchar contra un frente desbocado que avanzaba hacia las faldas del Monte Oroel, así como a solicitar refuerzos a Francia y Ucrania.
Para encontrar un incendio forestal que se acerque a esta magnitud hay que remontarse a julio de 1994, cuando las llamas que comenzaron en Villarluengo, en la comarca del Maestrazgo, arrasaron 16.600 hectáreas de bosque, aunque contando solo el terreno afectado en Aragón, pues aquel suceso fue destructivo también en Valencia.
Un rebaño en las calles amenazadas por las llamas del incendio de Las Peñas de Riglos. / Miguel Ángel Gracia
Los expertos, en todo caso, piden tener prudencia a la hora de comparar superficies quemadas por la propia evolución de los sistemas de medición. Algo que no hace desmerecer la situación inédita vivida en la comunidad. «Los datos aún son provisionales, pero parece que podemos estar cerca de lo vivido en 1994«, indica el ingeniero de montes Ignacio Pérez-Soba, también decano del Colegio de Ingenieros de Montes de Aragón.
Ahora es el momento del análisis de la superficie quemada, que puede tardar más de un año. En estos casos, gracias a los avances técnicos se trabaja con los llamados «mapas de severidad» que diferencian entre superficies realmente calcinadas (esto es, las reducidas a cenizas) frente atras que quedan socarradas o en las que no hay grandes afecciones. «Estos estudios también son fundamentales para diseñar las actuaciones de restauración forestal», adelanta.
Además del fuego que sigue ardiendo esta semana, el pasado 15 de julio las llamas devoraron en Orés otras 15.400 hectáreas, convirtiéndose en el tercer incendio más agresivo de la historia aragonesa, mientras que unas semanas antes, el 25 de junio, otro fuego en Alcampel calcinó 4.445 hectáreas más.

Los incendios más graves de la historia de la comunidad. / GONZALO DE DOMINGO
Esta situación devastadora responde a la combinación de varios factores concretos. Por un lado, las intensas precipitaciones durante el invierno y la primavera favorecieron un notable desarrollo de la vegetación, la cual se secó de manera acelerada con las altas temperaturas estivales, transformándose en material fácilmente combustible. A esto se añade la escasa conservación de las zonas forestales, donde se concentra una gran cantidad de masa vegetal sin tratar que facilita la propagación del fuego. Asimismo, influye el ámbito laboral del operativo de prevención y extinción: el colectivo de bomberos forestales exige mejoras en sus condiciones de trabajo, critica la falta de reconocimiento por parte del Gobierno de Aragón y mantiene programada una huelga indefinida.
«El récord de este año también se extiende a noches tórridas, sequedad y tormentas con rayos», precisa el presidente de la fundación Quebrantahuesos, Óscar Díez, una entidad implicada en los planes de prevención de incendios de la fundación Biodiversidad. «La vegetación va cambiando mucho dentro del proceso de desertificación al que nos enfrentamos», indica.
Muchos más focos
Pérez-Soba considera en este sentido que el propio desarrollo de los fuegos ha evolucionado con el paso de las décadas, pues en los años noventa las 31.000 hectáreas quemadas respondieron a un gran número de incendio simultáneos, así como a gran suceso del Maestrazgo. Este 2026 la situación se ha descontrolado en muchos más focos de gran tamaño debido a la peligrosa evolución de los montes y el cambio climático.
Otros años con especial potencial destructivo fueron el verano de 2009, protagonizado por el incendio de Aliaga en el que se acumularon más de 19.600 hectáreas quemadas y el de 2022, con un incendio en Ateca que lo convierte en la tercera peor campaña de los últimos años.
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