Alzan la voz, paran discusiones, median en peleas, imparten instrucciones a grupos; los demás callan cuando hablan… Su ascendencia se ha notado en casos como el regreso de centenares de subsaharianos a la playa ceutí de El Trampolín tras el primer desalojo efectuado por la Policía, o, en la primera semana de agosto, en concentraciones ante las puertas de supermercados. En el multitudinario colectivo de migrantes que se ha quedado en Ceuta tras la entrada masiva de los pasados 30 y 31 de julio han ido despuntando líderes, algunos de los cuales trascienden del papel ocasional de cabecilla. Una de las áreas de información de los cuerpos de la Seguridad del Estado que los monitorea tiene identificados a once relevantes.
Hay diversas clases entre los líderes vigilados, según su actitud. Dos de ellos, jóvenes subsaharianos, han juntado grupos para protestar ante las cámaras de televisión en la playa de El Trampolín o repartir recursos, informan fuentes próximas al operativo de seguridad.
Otros, estos magrebís, han ido evidenciando un perfil agitador. De otros, las Fuerzas de Seguridad toman nota porque estos, por edad o influencia, mandan callar a los demás cuando alguien se dirige al grupo, les prohíben hablar con las autoridades y con los servicios sociales o les ordenan que se esfumen cuando aparece una patrulla policial.
Hay además una clase aparte “porque tienen secretarios”, explica a EL PERIÓDICO una fuente policial. Se refiere a cabecillas acompañados siempre de dos o tres peones que les hacen de carteros o de escoltas. De estos, por contar con “machacas” a su servicio, sospechan las Fuerzas de Seguridad de posibles conexiones con mafias de la inmigración o de tráficos ilícitos.
Activistas y pandilleros
No obstante, a ninguno de los once vigilados les atribuyen hasta ahora las fuentes consultadas la comisión de ningún delito.
Un grupo de migrantes comparte alimentos en la playa ceutí de El Trampolín. Marcos Moreno 242940279 / Marcos Moreno – Europa Press
Entre los jefes, esas fuentes manejan la posibilidad de que estén algunos activistas que participaron en los disturbios de lo que en sus redes sociales llaman #GEN Z 212, la revuelta juvenil que estalló por todo Marruecos a finales de septiembre de 2025 por la carestía de la vida, los fallos en la salud pública y la falta de oportunidades. El nombre deriva de Generación Zeta y del prefijo telefónico de Marruecos. Estos habrían aprovechado la oleada de este verano para huir de la represión del régimen de Mohamed VI, que todavía encausa a jóvenes por haber difundido en redes sociales -especialmente en la plataforma de videojuegos Discord- llamamientos a protestar en las calles.
Pero el de activista político es un perfil minoritario. Es más frecuente el dirigente pandillero en torno al cual otros buscan su protección y la del grupo… no solo ante los policías o los militares de patrulla, sino también ante sus propios compatriotas en las noches de peleas callejeras. De noche, tras la cotidiana deambulación por la ciudad, buscan refugio en montes.
Previsión de desórdenes
Todos los monitoreados son hombres, si bien ninguno, según las fuentes mencionadas, evidencia un perfil de líder religioso. En una ciudad en la que “la emisora echa humo” –cuenta una agente patrullera de la Policía Nacional desplegada en Ceuta- esta labor de vigilancia tiene una triple función.
Por un lado, identificar a los líderes sirve como labor de inteligencia para los mandos de los dos grupos de policías antidisturbios enviados de refuerzo, en la creciente previsión de que la situación de tensión en Ceuta derive en desórdenes graves, incluso en una situación temida que apenas se menciona en voz alta: un llamamiento a una suerte de intifada en la ciudad que secunden los cabecillas de los grupos más numerosos.
Por otro lado, las Fuerzas de Seguridad necesitan tener localizados a interlocutores con influencia a los que dirigirse en momentos de crisis, en los que sea de utilidad conversar o negociar con gente al mando de grupos de migrantes.
Inteligencia
Esta labor de inteligencia tiene una dimensión más profunda. A comienzos de esta crisis trascendió -sin confirmación oficial- que la Guardia Civil había identificado a al menos cuatro cabecillas que, entre la multitud, enviaban información a Marruecos sobre la marcha de los acontecimientos, el clima entre los migrantes y la reacción de las autoridades españolas.
A las fuentes consultadas les consta que, en las 72 horas de mayor afluencia de nadadores por El Tarajal, caciques locales del Partido de la Justicia y el Desarrollo (PJD) ayudaban a los jóvenes (a chicos, no chicas) en sus pueblos al sur del Rif a marcharse hacia Ceuta. Perfiles próximos a ese partido islamista moderado -en la oposición desde el apartamiento del poder de su líder, Abdelilah Benkirane, en 2017- presentaban la riada humana sobre Ceuta como muestra de una débil situación de justicia social en Marruecos, pese al crecimiento macroeconómico del país. Sus mensajes se multiplicaron en perfiles de redes sociales que han desaparecido estos días.

El activista nacionalista y exsenador marroquí Yahya Yahya se hizo fotografiar por la prensa marroquí en julio de 2025 con otros activistas vestidos con ropa paramilitar ente el islote de Perejil. / Hespress
Entre los objetivos de la vigilancia están los contactos que, dentro de Ceuta y Melilla, tiene el Comité de Coordinación para la Defensa de las Causas del Reino. Es una organización cuyo principal fin es la reclamación de Ceuta, Melilla y los peñones de soberanía españoles. Su presidente es el exalcalde de Beni Enzar -localidad vecina de Melilla- y exmiembro de la Cámara de Consejeros (Senado) marroquí Yahya Yahya, de 59 años, nacido en Melilla y que, de haber presidido una comisión parlamentaria de amistad Marruecos-España, pasó en julio de 2025 a refundar el Comité.
La organización venía de 11 años de silencio, tras una supuesta autodisolución en 2014, cuando se llamaba Comité para la Liberación de Ceuta y Melilla. El 11 y 12 de julio de 2025, en un acto difundido por medios marroquís -y luego por españoles- Yahya reunió a representantes de 70 entidades en Castillejos (o Fnideq), la localidad vecina de Ceuta desde la que se ha producido la entrada masiva de julio. Desde allí, vestido con ropa paramilitar, con otros dirigentes del reconstituido comité, se trasladó al islote de Perejil, ante el que se fotografió para la prensa marroquí.
Las fuentes consultadas confirman que este grupo -el más conocido, pero hay otros- tiene activistas a ambos lados de las fronteras de Ceuta y Melilla, algunos de los cuales estuvieron en el acto de refundación. Al menos uno de ellos ha participado en 2025 en arengas en redes sociales dirigidas a las colas de automovilistas marroquís de la operación Paso del Estrecho, hartos de esperas bajo el sol para el trámite aduanero en el paso ceutí de El Tarajal.
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