Abandonar la casa de los padres se ha convertido en una misión poco menos que imposible. Y es que el alquiler de una vivienda ya consume el 98 % de los salarios de los jóvenes, y el de una habitación el 55 %. Desembolsos inviables que propician que la tasa de emancipación se sitúe en estos momentos en el 14,5 %, el mínimo histórico desde que se tienen registros, y además con una media de edad superior a los 30 años, lo que supone rebasar el umbral estadístico de la juventud.
Hay una leyenda urbana que va corriendo por ahí, según la cual los jóvenes no se independizan porque prefieren dedicar sus salarios al ocio y a sus caprichos. Pues bien, el último informe del Observatorio de Emancipación del Consejo de la Juventud de España se encarga de desmentir tal afirmación.
Dos jóvenes consultando los precios de las viviendas en una inmobiliaria / David Revenga
El estudio, realizado a nivel nacional aunque extensible en porcentajes muy similares a la provincia de Alicante, deja bien a las claras que el principal obstáculo para lograr la independencia residencial continúa siendo el acceso a la vivienda. El precio medio del alquiler alcanza los 1.176 euros mensuales, una cifra que equivale al 98 % del salario medio de una persona joven. En la práctica, emanciparse en solitario resulta económicamente inviable para buena parte de la juventud, incluso teniendo empleo.
Este contexto evidencia que el problema de la juventud ya no reside únicamente en las dificultades para acceder al mercado laboral, sino en que el propio coste de la vivienda absorbe una parte desproporcionada de los ingresos y deteriora directamente las condiciones de vida. La subida de salarios registrada en los últimos años resulta insuficiente frente al incremento sostenido de los precios de la vivienda, consolidando una situación en la que trabajar ya no garantiza ni autonomía residencial ni estabilidad económica.
Los datos del observatorio muestran, además, cómo el alquiler actúa como un factor directo de empobrecimiento. Entre las personas jóvenes trabajadoras que viven de alquiler, el riesgo de pobreza pasa del 25,9 % antes de pagar la vivienda al 43 % después de hacerlo. Casi la mitad de los hogares jóvenes en alquiler (48,9 %) se encuentran sobreendeudados, destinando más del 30 % de sus ingresos al pago de la vivienda.

Emanciparse se ha converttido en una misión casi imposible / AXEL ALVAREZ
La situación contrasta con la de quienes acceden a una vivienda en propiedad con hipoteca, donde el riesgo de pobreza apenas varía tras afrontar el gasto residencial. Esta diferencia refleja una creciente desigualdad entre regímenes de tenencia y evidencia cómo el mercado del alquiler concentra buena parte de la vulnerabilidad económica juvenil.
El informe refleja, además, que el nivel educativo y el empleo ya no garantizan emancipación ni estabilidad. Aunque el 31,4 % de las personas jóvenes cuenta con estudios superiores, la tasa de emancipación entre quienes han cursado educación universitaria apenas alcanza el 20,4 %. A ello se suma un elevado nivel de sobrecualificación, que afecta al 39 % de la juventud ocupada, así como el hecho de que un 15,1 % compatibiliza estudios y trabajo simultáneamente.
En este contexto, la capacidad de emanciparse depende cada vez más de los recursos económicos y del apoyo familiar disponible. Permanecer más tiempo en el hogar familiar se convierte en una ventaja material decisiva para afrontar entradas hipotecarias, asumir alquileres elevados o sostener periodos de inestabilidad económica. El acceso a la vivienda deja así de depender exclusivamente del empleo y pasa a estar condicionado por la posición socioeconómica de partida.

Una joven subiendo las escaleras de una casa con las maletas. / Rafa Arjones
El acceso a la compra tampoco constituye una alternativa real para la mayoría de las personas jóvenes. El precio medio de la vivienda libre se sitúa en 223.000 euros y la entrada necesaria para acceder a una hipoteca alcanza los 66.900 euros. Para reunir esa cantidad, una persona joven tendría que destinar íntegramente 4,7 años de salario, en un contexto donde el salario medio anual joven apenas supera los 14.292 euros.
El Observatorio también constata una transformación progresiva del mercado residencial hacia el alquiler por habitaciones. El número de habitaciones ofertadas ha aumentado un 20 % en el último año y un 85,4 % desde 2022. Sin embargo, esta modalidad tampoco garantiza accesibilidad: el precio mediano de una habitación alcanza ya los 400 euros mensuales, pero es habitual que supere los 600 euros, por lo que el esfuerzo salarial alcanza el 55 %. Esta tendencia evidencia cómo el mercado residencial se reorganiza cada vez más en función de la rentabilidad económica, profundizando la precarización habitacional de la juventud.
Intervención pública
Desde el Consejo de la Juventud de España advierten de que la situación actual requiere una intervención pública sostenida y estructural que sitúe el acceso a la vivienda como una prioridad política. La entidad reclama medidas capaces de ampliar el parque público de vivienda, regular efectivamente el mercado del alquiler y garantizar que las políticas públicas de vivienda respondan a las necesidades reales de la juventud.
«El acceso a la vivienda se ha convertido en el principal eje de desigualdad entre las personas jóvenes. Hoy, incluso quienes trabajan o logran emanciparse, continúan expuestos a situaciones de pobreza y sobreendeudamiento. Ya ni siquiera estamos hablando de que la vivienda dificulte la emancipación, sino que el problema está siendo tan grave hasta el punto de estar empobreciendo a toda una generación», remarcan desde el Consejo de la Juventud de España.
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