Mucho se ha hablado de cómo un acontecimiento científico como un eclipse total de Sol podía enamorar al común de los ciudadanos y, en cierto modo, inocular las maravillas de la ciencia a personas no familiarizadas con la materia. Pero lo que pocos sabían es que, detrás de una aparente fachada más estoica, los científicos también esperaban con emoción este momento. Reunidos en el Observatori de l’Ebre de Roquetes, expertos como el Nobel de Física Didier Queloz; el astronauta Pedro Duque y las científicas de la NASA Ellen Baker y Teresa Nieves-Chinchilla se han mostrado entusiasmados ante la llegada de este evento astronómico. «También es mi primer eclipse total. Esto muy emocionado. Nervioso no. Sino entusiasmado», relata con una gigantesca sonrisa Queloz, quien en 2019 ganó el más prestigioso de los galardones científicos por descubrir el primer exoplaneta que orbita una estrella similar al Sol y que, aún habiendo dedicado toda una carrera a estudiar las maravillas del universo, reconoce que todavía se emociona ante algo tan majestuoso como un eclipse.
También se pronuncia emocionada Ellen Baker, quien, a tan solo unas horas de la llegada del eclipse, ha realizado una ponencia ante una sala abarrotada de mentes inquietas y gran expectación por el evento astronómico del siglo en España. «Los eclipses son unos fenómenos que emocionan al mundo desde hace miles de años», ha explicado la científica, quien, según explica, también vive con especial ilusión este evento, ya que es el primero de tipo total que observa.
«Nosomos inmunes a la emoción»
«Los científicos no somos inmunes a la emoción. Si no, recuerden la imagen de los astronautas de la misión Artemis, que posaron orgullosos con gafas para ver el eclipse que vivieron al atravesar la cara oscura de la Luna. La ilusión por vivir algo así es algo universal», argumenta Baker.
Para Pedro Duque este también será el primer eclipse total de Sol que ha presenciado con sus propios ojos. «No soy de los que viaja para ver este tipo de eventos pero, quién sabe, quizá a partir de este me vuelvo una de esas personas», bromea. Según explica con cierto fervor, este tipo de fenómenos son una oportunidad única para demostrar que «todos somos tripulantes de una misma nave espacial que deambula por el espacio»: la Tierra. Y que quizá hasta ayuda a darnos cuenta de nuestro lugar en ella. «Quizá algo así sirve para darnos cuenta que no estamos tratando muy bien nuestro hogar y que tenemos que cambiar nuestra actitud hacia el planeta que nos acoge», afirma.
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