Las sucesivas olas de calor registradas en España están obligando a las fábricas de alimentación a reforzar sus sistemas de climatización y refrigeración para mantener la producción y garantizar la conservación de los productos. Durante los episodios de temperaturas extremas, el consumo energético de estas plantas puede aumentar entre un 20% y un 30%, según las estimaciones de Grupo Ceremón, empresa valenciana especializada en instalaciones para la industria alimentaria.
El incremento de las temperaturas no solo eleva la factura energética. También dificulta el mantenimiento de la cadena de frío, reduce la eficiencia de determinados procesos industriales y empeora las condiciones de trabajo, especialmente en las zonas donde la propia actividad productiva genera calor.
«Ya no podemos diseñar las fábricas pensando en las condiciones climáticas de hace diez años. El calor extremo se ha convertido en una variable estructural que condiciona la construcción y modernización de las plantas industriales», señala Pepe Rodrigo, gerente de Grupo Ceremón.
Según el directivo, el principal desafío consiste en mantener la actividad durante los episodios más intensos sin comprometer la calidad de los alimentos ni la seguridad de los trabajadores. La adaptación resulta especialmente compleja en las fábricas más antiguas, muchas de ellas construidas cuando las temperaturas extremas eran menos frecuentes.
Instalaciones antiguas y sistemas poco eficientes
Las cubiertas con un aislamiento insuficiente, las envolventes térmicas poco eficientes, los equipos de refrigeración obsoletos y una deficiente circulación del aire favorecen la entrada de calor y dificultan que las naves mantengan una temperatura estable.
En las instalaciones existentes, el objetivo no es evitar por completo el aumento del consumo energético, algo difícil durante una ola de calor, sino limitarlo y garantizar que la producción pueda continuar sin riesgos sanitarios ni laborales.
Entre las medidas que se están adoptando figuran la mejora del aislamiento de las cubiertas, la renovación de las envolventes térmicas, la instalación de aireadores y extractores, y la climatización localizada de determinados puestos de trabajo.
También se están incorporando vestíbulos y cortinas de aire en las zonas de carga y descarga para reducir las pérdidas de frío cuando entran o salen mercancías.
Estas actuaciones pueden repercutir directamente en la conservación de los alimentos. Iván Colomina, especialista en frío industrial y colaborador de la compañía, sostiene que la reducción de la temperatura en las áreas de producción ha permitido prolongar la durabilidad de frutas especialmente sensibles al calor, como el melocotón.
Reformas sin detener la producción
Uno de los principales obstáculos para modernizar estas instalaciones es la dificultad de ejecutar las obras sin paralizar la actividad. Para reducir las interferencias, las empresas del sector recurren cada vez más a modelos tridimensionales que permiten planificar las reformas y detectar posibles incompatibilidades antes de comenzar los trabajos.
Estos sistemas pueden evolucionar hacia los denominados gemelos digitales, reproducciones virtuales de las fábricas conectadas a datos reales de temperatura, consumo energético o funcionamiento de los equipos. Su utilización permite anticipar cómo responderá una instalación ante episodios de calor extremo y localizar los puntos que necesitan mejoras.
Grupo Ceremón asegura que la demanda de proyectos de aislamiento, refrigeración y climatización industrial ha crecido durante el último año. La empresa prevé que esta tendencia continúe a medida que las olas de calor sean más frecuentes e intensas.














