Esta mañana, al llegar los operadores a sus puestos de trabajo en Wall Street, ocurrió algo inusual. Por primera vez en años, no tenían claro cuál sería el próximo paso de la Reserva Federal (Fed). El banco central ha optado por congelar los tipos de interés en el 3,50-3,75% este miércoles, una decisión que, en esta ocasión, no fue tan prevista.
En esta reunión hubo tres votos en contra por parte de los gobernadores. La presidenta de la Fed de Dallas, Lorie Logan, fue una de las que votó en contra, junto con Beth Hammack, de Cleveland, y el presidente de la Fed de Minneapolis, Neel Kashkari. Los tres votaron a favor de subir los tipos en un cuarto de punto porcentual.
Los inversores se han acostumbrado, desde hace una década, a una postura de comunicación abierta por parte del banco central. Sin embargo, desde que Warsh tomó las riendas del banco central en mayo, el economista de 56 años ha señalado su deseo de terminar con esa estrategia impuesta por su antecesor Ben Bernanke en 2010.
Una Fed menos transparente
Esto ha dejado a los inversores con una visión más difusa sobre los próximos movimientos de política monetaria, mientras se enfrentan a una economía estadounidense más vulnerable al aumento de los precios del petróleo provocado por la “Operación Furia Épica” en Irán y a las repercusiones económicas de los aranceles generalizados de Trump.
Aunque la mayoría del mercado creía que en julio procedía una pausa, alrededor del 30% de los inversores descontaban una subida de tipos hasta el rango del 3,75-4,00%. El economista dará su segunda rueda de prensa sobre las 20.30 horas, hora peninsular española.
¿Por qué generó tantas dudas esta decisión en los parqués? Aunque la inflación evolucionó con menor fuerza en junio, la gran incógnita para los bancos centrales es la senda alcista de los precios de la energía. El repunte del petróleo es uno de los factores más inflacionistas para la economía y aunque ahora oscilan sobre los 85 dólares por barril, los sobresaltos geopolíticos dejan un panorama incierto. Las fuertes subidas del petróleo contribuyen a alimentar la inflación subyacente, que en junio fue del 3,4%, muy por encima del objetivo del 2%. Además, a esto se suma la postura de silencio de su nuevo presidente, Kevin Warsh.
Un banquero central de pocas palabras
Warsh ha manifestado desde el minuto uno de empezar su mandato al frente del Comité Federal del Mercado Abierto (FOMC) que quiere ser un banquero central de pocas palabras. “El Comité debe demostrar, con hechos y no con palabras, su determinación de garantizar la estabilidad de los precios”, precisó Warsh en su primera rueda de prensa con los periodistas en Washington el mes pasado. “Las ruedas de prensa son útiles. Pero cuando se celebra una, hay que asegurarse de tener algo importante que decir”, recalcó. Esta comunicación, sea a través de ruedas de prensa, informes, gráficos o declaraciones de gobernadores a prensa, se llama la orientación prospectiva, y es lo que Warsh quiere eliminar.
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