Explotó Zaragoza, como lo hicieron el resto de ciudades españolas, cuando se confirmó lo que era merecido, la segunda estrella de la selección española. Fue tan superior el combinado de Luis de la Fuente que incluso había más rabia que alegría en la celebración del triunfo de España. Por eso, quizá los claxon se escuchaban más fuertes que nunca por las calles de la capital aragonesa. «Ya era hora», parecían decir.
Pero esos pitidos llegaban hasta la plaza Aragón, porque, en previsión de lo que estaba por venir, el paseo de la Independencia estaba cortado. Sus dos laterales eran dos ríos de gente queriendo acercarse a la plaza de España. Por otro lado, algunos de los que habían vivido la final en la plaza del Pilar también quisieron vivir la celebración allí. Ya que el Real Zaragoza no da ninguna alegría, todo lo contrario, por lo menos la selección le da motivos a esta ciudad para sonreír.
Porque se celebró mucho la Eurocopa de 2022, pero es que como un Mundial no hay nada. La presencia policial en el punto neurálgico de la celebración en Zaragoza evitó que se vivieran imágenes más agresivas. Porque ganas había de cualquier cosa. Que no hubiera agua en la fuente de la plaza de España también frenó las ideas más locas, pero con el entusiasmo español no podía nadie.
Sin embargo, no se fue de madre el asunto y no hubo ningúnproblema reseñable (ni ninguna brecha al tirarse a una fuente vacía). Eso sí, lo que no hubo en ningún momento fue silencio. A los vecinos del centro de la capital aragonesa les costaría bastante dormir, aunque la emoción de vivir un momento histórico seguro que fue superior a cualquier otra cosa.
Mientras tanto, los cánticos en favor de la selección se repetían de una esquina a otra de la plaza de España. Eso sí, tan pronto se cantaba por España como había un paréntesis para acordarse del Real Zaragoza. De la segunda estrella al infierno de Primera RFEF. A uno le hacen preguntarse qué será de de esta ciudad cuando su equipo del alma le s dé alguna alegría.
Pero para eso hay que merecérselo. Como lo hizo una selección española que dio rienda suelta a la felicidad de una Zaragoza que, como se preveía, se volcó con una selección que hizo justicia a lo que se vio en el césped. Así se lo reconoció una capital aragonesa que todavía conserva su gusto por el buen fútbol.
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