Jaime Chávarri no era un completo desconocido antes de realizar ‘El desencanto’, pero sus actividades cinematográficas se habían desarrollado en el ‘indie’ español de finales de los 60. Por ejemplo, participó en el guion del filme de Iván Zulueta ‘Un, dos, tres… al escondite inglés’ (1969), introduciendo apuntes de comedia negra, y acabó siendo ayudante de dirección y decorador. También rodó varios cortos en 8 mm y Súper 8 mm, dos de ellos, ‘Run, Blancanieves, Run’ (1967) y ‘Ginebra de los infiernos’ (1970), de planteamientos muy modernos. Tras su debut en formato largo, ‘Los viajes escolares’ (1974), con Maribel Martín y Lucía Bosé, Chávarri fue escogido por Querejeta para realizar la que sería una de las películas definitivas de la época tanto en términos cinematográficos como en el contexto de la Transición española: ‘El desencanto’.
El planteamiento fue muy directo. Filmar durante varias semanas –a lo largo de un año y medio–, en blanco y negro y con dos cámaras, a los miembros de la familia de Leopoldo Panero, un intelectual republicano en la primera mitad de los años 30 que acabó entrando en Falange Española y sería considerado uno de los poetas oficiales del régimen franquista. Falleció en 1962. El filme reúne a su viuda, Felicidad Blanc, y sus tres hijos, Leopoldo María, Juan Luis y Michi. Los cuatro se dedicarían a la escritura, aunque el pequeño y diletante Michi más ocasionalmente. El director Ricardo Franco los reuniría en 1994 en una segunda parte apócrifa, ‘Después de tantos años’. Para entonces ya no estaba la madre, muerta en 1990. Hoy la familia se ha extinguido. Ya en ‘El desencanto’ puede verse en los rostros de algunos de ellos el rastro de la decadencia física y las adicciones. El primero en fallecer fue Michi, en 2004, a los 52 años. Después Juan Luis en 2013 y Leopoldo María en 2014.
Chávarri ya tenía algún contacto previo con el clan Panero. Michi fue uno de los protagonistas de ‘Señales en la ventana’ (1974), un corto suyo de nueve minutos. Era el único de la familia al que conocía y tenían amistades comunes, como Antonio Gasset, pero no le apreciaba demasiado. De todos modos, la existencia de aquel corto pudo facilitar en algún sentido el proyecto de ‘El desencanto’ y la confianza de los Panero que Chávarri se fue ganando con paciencia. El principal instigador sería Querejeta. «Creo que a Elías la idea le llega a través de Michi. Yo no sabía nada de los Panero. No sabía ni quién era Leopoldo Panero, solo me sonaba el nombre vagamente», explicaba recientemente Chávarri en una entrevista incluida en el libro ‘El desencanto. 50 años’, aparecido durante el pasado festival de Málaga con motivo de la restauración de la película.
Ruina económica
Querejeta le contó a Chávarri la precaria situación en la que se encontraban Felicidad y sus hijos, obligados a vender muchas pertenencias, y todos sus libros, a consecuencia de una ruina fraguada ya una década antes, con la muerte del padre. El director aceptó el envite de realizar el documental porque entonces estaba dispuesto a hacer lo que fuera: «Si me hubiera dicho ‘haz un documental sobre una barrendera’, pues también lo hubiera hecho». «La película va a ser lo que vosotros me contéis», le el director dijo a Felicidad Blanc en su primer encuentro. Querejeta, que iba al teatro con ella, ya había iniciado el proceso de seducción para que aceptara involucrarse en la película. Luego llegaron los hijos, siempre más hoscos en el metraje resultante. Leopoldo María, el mayor, al principio no iba a participar. Con Juan Luis no se entendieron desde el primer día.
Sin embargo, pese a las evidentes tensiones entre los Panero y Chávarri, entre el clan y la cámara, entre ellos y contra el mundo, las cosas surgen y fluyen con pasmosa naturalidad en la película. ‘El desencanto’ no es solo el retrato de este clan familiar. A través de los Panero, la película actúa como una crónica de la España vulnerada por la Guerra Civil y el régimen franquista, y como estos relevantes hechos históricos determinaron la conducta y relaciones entre los miembros de la familia. Inicialmente iba a ser un corto centrado en un homenaje en Astorga a la figura del padre, pero Chávarri vio tanto potencial que convenció a Querejeta de convertirlo en largometraje.
‘El desencanto’ debía estrenarse en el festival de San Sebastián de 1976, pero Querejeta, de acuerdo con el resto del equipo, decidió retirar la cinta en protesta contra la actitud de indefinición que los responsables del certamen había tenido frente a la dura represión policial en el País Vasco. El filme se convirtió en un auténtico fenómeno cultural y político antes de estrenarse el 17 de septiembre de aquel año en Madrid y Barcelona.
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