La multitarea tiene algo de teatro. No basta con hacer algo; hay que dar la impresión de que se hace. Y quizá ahí esté la raíz de una de las leyendas más persistentes de la vida doméstica y laboral: que las mujeres realizan mejor varias cosas a la vez, mientras que los hombres se quedan mirando un punto indeterminado de la pared cuando suena el teléfono, hierve la pasta y alguien pregunta dónde está la factura.
Un nuevo estudio publicado en Psychological Research no concede una medalla general a ningún sexo: solo concluye que en una situación de sobrecarga de tareas, los hombres hablan menos. En el experimento, ochenta jóvenes de ambos sexos tuvieron que preparar una receta ficticia, localizar teléfonos en una guía, alternar números y letras, vigilar palabras que aparecían en una pantalla y responder en voz alta preguntas personales. Todo de pie, caminando entre tres mesas y con un cronómetro que iba reduciendo el tiempo disponible.
Única diferencia
En cuatro de esas tareas no aparecieron diferencias relevantes entre hombres y mujeres. Ni buscando, ni clasificando, ni vigilando la pantalla, ni siguiendo la receta. Pero cuando una grabación lanzaba una pregunta (“¿preferirías perder todos tus bienes o todas tus fotos?”), las mujeres respondieron, de media, a casi 25 de las 28 preguntas; los hombres, a unas 20. Pero sus contestaciones eran tan rápidas y elaboradas como las de ellas. Respondían menos. Ésa es toda la diferencia. Y basta.
Desde el conocimiento científico, no existe “la multitarea” como una destreza única, empaquetada y repartida por sexos. / Vilkasss/Pixabay
El coste del silencio
Después los investigadores mostraron vídeos de los participantes a 160 observadores y les pidieron que evaluaran su comportamiento. Nadie les habló de hombres, mujeres ni multitarea: simplemente vieron a personas intentando sobrevivir a un pequeño apocalipsis logístico.
Las mujeres fueron percibidas como más eficaces, despiertas, implicadas y más dueñas de la situación. Con la presión del reloj, los hombres parecían más tensos y perdían más puntos en la impresión de control.
Conversación, clave
La pista decisiva para los observadores estaba en la conversación. Quien respondía con mayor continuidad era juzgado como alguien más competente, más tranquilo y con mejor rendimiento global. Es decir, una persona puede estar organizando internamente el caos con notable eficacia, pero si deja una pregunta en el aire, el mundo la declara vencida.
Esto encaja con un resultado que parecía haber cerrado el debate hace años. En 2019, un trabajo de PLOS ONE sometió a hombres y mujeres a pruebas clásicas de alternar y simultanear tareas. Todos pagaban un coste cognitivo por cambiar de actividad, pero no apareció una ventaja femenina significativa en ninguna de las diez medidas examinadas. La idea de una superioridad general femenina en multitarea no sobrevivió al laboratorio.
Referencia
Men talk less than women during multitasking. André J. Szameitat & Diana P. Szameitat. Psychological Research, Volume 90, article number 93 (2026). DOI:https://doi.org/10.1007/s00426-026-02279-5
No es una guerra de sexos
De todas normas, no conviene fabricar con esto otra caricatura. Hay estudios que han encontrado ventajas masculinas pequeñas en determinadas pruebas de doble tarea y velocidad de procesamiento, como el publicado en 2020 en Quarterly Journal of Experimental Psychology. Y una revisión metaanalítica de 23 estudios y más de 9.000 participantes estimó en 2025 un efecto medio reducido a favor de los hombres, aunque cambia según el tipo de tarea.
Traducción: desde el conocimiento científico, no existe “la multitarea” como una destreza única, empaquetada y repartida por sexos. Hay memoria, atención, velocidad, movimiento, experiencia previa, presión temporal y, en este caso, conversación.
El último estudio tiene además límites evidentes. Trabajó con una muestra reducida y joven; las preguntas eran grabadas, no el diálogo genuino de una oficina, una familia o una emergencia. Los propios autores reconocen que falta comprobar qué ocurre cuando hablar no es una tarea lateral, sino algo esencial para que el grupo funcione.
Fuente: Levante – EMV













