Vicenzo E.P. se sabía acorralado por la justicia. El juzgado de instrucción número 51 de Madrid le había comunicado que estaba siendo investigado por agredir sexualmente durante al menos nueve meses a una niña de 13 años a la que introdujo en la santería y convenció de que él, un hombre adulto y 18 años mayor que ella, era su babalawo, una especie de sacerdote y la máxima autoridad espiritual en la religión yoruba.
Nervioso, el hombre, de 32 años y venezolano, pidió ayuda a Google, en marzo de 2023, y preguntó al buscador sobre los delitos que había cometido y su horizonte penal en nuestro país. En apenas quince días, realizó consultas frenéticas y «reveladoras», según la policía, como: «¿Cuál es la diferencia entre abuso sexual y violación?», «diferencia de edad y madurez en el abuso sexual a menores de 16 años», «coacción y agresión sexual a menores de 16 años» y «obsesión por alguien que no es tu pareja». Así consta en la sentencia de la Audiencia de Madrid, que reveló ayer el canal de investigación y sucesos de Prensa Ibérica, y que condena al santero a diez años de cárcel por agredir sexualmente a la menor de manera continuada.
«¿Mi teléfono está intervenido»
La Policía encontró en su teléfono otras búsquedas inquietantes que hicieron pensar a los agentes que el hombre, que llegó a buscar información en internet sobre la jueza que lo estaba investigando, estaba pensando en destruir pruebas: «¿Cómo saber si tu teléfono está intervenido?», «¿se puede usar whatsapp como prueba en una denuncia o juicio?, «cómo traspasar información de un Samsung a otro» y «¿pueden condenar únicamente con la versión de la denunciante?».
Fotos del pene erecto
Según la resolución judicial, entre octubre de 2021 y julio de 2022, Enzo, el nombre con el que la víctima conocía al santero, «manipuló» a la adolescente con «el pretexto de la religión» para violarla «a diario» en el piso que el hombre compartía en Madrid con su mujer, sus padres y su hermana, de 13 años, que era compañera de clase de la víctima. Además, envió a la niña «fotos de su pene erecto» e hizo que ella también le mandara «fotos desnuda».
Siguiendo las exigencias de su babalawo, la menor «rompió su relación con sus amigos y compañeros de colegio, no podía tener contacto con otros varones para evitar que la violaran», le ordenó tener «cero redes sociales» e incluso hizo que la niña cambiara su aspecto físico y su manera de vestir.
Para seguir los deseos del santero, la joven empezó a utilizar «prendas largas y holgadas» para que «no se apreciase el cuerpo» e incluso «se tiñó el pelo de rubio» para parecerse a la santa Oshun, la Orisha del amor, la fertilidad y la belleza en la religión yoruba.
«Coge un cuchillo, córtate el cuello»
La familia de la niña no descubrió lo que el hombre estaba haciendo con ella hasta un año después de que empezara a «guiarla espiritualmente». La madre de la víctima sí había notado un cambio en el comportamiento de su hija, que empezó a «hacer comentarios religiosos y sobre santos relacionados con la religión yoruba, a pesar de que en su familia no se realizaban prácticas religiosas». Pero no podía imaginar que el hermano de su amiga del colegio la había convencido de que era su esposo en esa religión (le regaló incluso un anillo de compromiso) y la estaba «controlando, engañando, aislando y amenazando» para tener relaciones sexuales con ella.
Todo se precipitó cuando la adolescente, que incluso dejó de comer porque el santero la convenció de que su abuela le estaba «embrujando la comida», intentó suicidarse después de que el hombre le mandara, a través de un mensaje de móvil, «ir a la cocina de su casa, coger un cuchillo y cortarse el cuello«, según la sentencia de la Audiencia de Madrid.
El 2 de agosto de 2022, la tía de la niña la encontró «con el cuchillo en el cuello» y logró impedir que se quitara la vida, según declaró la madre de la menor durante el juicio celebrado el pasado mes de febrero. La Policía tuvo que acudir aquel día a su casa por el estado de nervios y «pérdida de control» de la víctima, que acabó siendo ingresada en el servicio psiquiátrico del Hospital Gómez Ulla de Madrid.
«Lista Ropa Esposos Pipolas»
Una vez fue ingresada, el personal sanitario del hospital entregó todas las pertenencias de la adolescente a su madre. Entre ellas, su telefono móvil, en cuya funda la mujer encontró dos papeles, según recordó ella misma ante el tribunal: «en uno de ellos ponía: ‘No abrir bajo ningún concepto’ y tenía en su interior tres fotos tipo carné de Enzo«. En la otra nota, manuscrita, se leía: «Lista Ropa Esposos Pipolas», junto a un listado de «diversas prendas de vestir y perfumes a nombre de Enzo y la menor».
La menor llegó a «idolatrar y considerar sagrado al babalawo y a su familia», según una policía experta en sectas destructivas. El santero decía a la niña «qué tenía que comer, cómo vestir, le hacía asistir a rituales de dos o tres horas todas las tardes, le interrumpía el sueño constantemente…»
Según declaró en el juicio la agente de policía experta en sectas destructivas que investigó el caso, la niña llegó a «idolatrar y considerar sagrado al babalawo y a su familia». El hombre, «aprovechándose de la menor», a la que conoció cuando ella tenía solo 12 años, «usó técnicas de persuasión coercitiva que permiten el control de las personas».
Una muñeca con un espíritu
El santero era quien decía a la menor «qué tenía que comer, cómo vestir, le hacía asistir a rituales de dos o tres horas todas las tardes, le interrumpía el sueño constantemente…». Usando «los espíritus y los miedos» de la joven, le regaló una muñeca, símbolo de protección entre quienes practican la santería. Aseguró a la adolescente que ésta tenía en su interior «el espítiru de una gitana que la iba a cuidar de posibles ataques». Pero en realidad, la muñeca fue otro «elemento de control y manipulación» de la menor, según explicó la agente ante el tribunal.
La Audiencia de Madrid condenó al babalawo Enzo a diez años de prisión, además de imponerle otros cinco años de libertad vigilada y la obligación de que realice un curso de educación sexual. El santero niega todos los hechos, «incluso los evidentes», señala la Audiencia de Madrid en su sentencia, que el hombre ha recurrido.
Su actitud contrasta, dice el tribunal, con las declaraciones de la menor, que han sido «fiables, convincentes, coherentes, firmes y persistentes». También con otras pruebas del caso, como las búsquedas que el babalawo violador hizo en Google cuando ya estaba imputado y que incuso hicieron temer a la Policía y al juez que se fugara antes de ser juzgado. El 13 de marzo de 2023, escribió en su teléfono móvil: «Qué pasa si cometes un delito en otro país», «si cometo un crimen y escapo del país, ¿ya no me puede pasar nada?», «¿qué hacer si cometes un delito en un país extranjero» y «si soy extranjero y cometo un delito, ¿me pueden expulsar de España?».
Fuente: El Periódico











