La subida de Aliança Catalana

El último barómetro catalán ha venido a confirmar lo que ya se intuía en la calle: Aliança Catalana se convertirá en actor clave de las próximas elecciones a la Generalitat. Seguramente era inevitable. El ascenso de partidos populistas –en este caso de extrema derecha, como hace unos diez años fue de extrema izquierda– parece irremediable en una época marcada por una doble lacra: la desconfianza hacia el parlamentarismo liberal y la pérdida de lo que podríamos llamar «ciudadanía común», debido al auge las ideologías identitarias. Quiero decir que, junto a Vox, es lógico que exista AC; más aún cuando asistimos, si no a la descomposición, sí a la crisis de los partidos centrales del poder. El PSOE sobrevive a duras penas sumándose al giro antiliberal ahora en boga, es decir, renunciando a la socialdemocracia europea (en el sentido que manejó el felipismo durante las primeras décadas democráticas) para convertirse en un movimiento político reactivo al oleaje emocional de los votantes. Con un político menos hábil, menos astuto y menos atrevido que Pedro Sánchez, habría sido imposible mantener esa capacidad camaleónica de la que ha hecho gala el partido socialista durante los últimos diez años. Por su parte, el PP conserva en gran medida su poder territorial, adaptándose a las distintas idiosincrasias territoriales (más regional aquí, más nacional allá…), aunque sin conseguir escalar a nivel estatal. ¿Es Feijóo un mal candidato? No lo parece; pero, tal como sucedía con Mariano Rajoy –más divertido, por cierto, y con un humor más irreverente–, Feijóo nos recuerda más a un presidenciable del siglo XX que a uno del momento presente.

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