Merino repite como héroe por segunda eliminatoria mundialista consecutiva. El centrocampista del Arsenal aprovechó un rechace de Lemmans, que sustituyó al lesionado Courtois, para empalar el balón a las redes apenas unos minutos después de entrar en el verde, cuando el partido parecía condenado a la prórroga. Su tanto volvió a desatar el júbilo grancanario que se concentró en la Plaza de Don Benito de Schamann para vivir en una pantalla gigante la nueva hazaña de un jugador vinculado desde pequeño a la Isla, a través de su padre, Miguel Merino, exjugador de la UD.
Gran Canaria se vestía de gala una vez más para vivir, con la misma tensión que hace 16 años ante Paraguay, los cuartos de final de una Copa del Mundo. En esta ocasión enfrente estaba la Bélgica de estrellas como Courtois, Doku o Lukaku. Los cientos de aficionados y aficionadas que acudieron al popular enclave de la capital grancanaria, con la presencia también de la alcaldesa Carolina Darias, disfrutó a lo grande de otra noche para la historia de la Roja, hermanados en torno a una pantalla gigante para vivir un partido inolvidable que parecía un calco de lo vivido hace cuatro días en el cruce de octavos ante Portugal.
Ambiente animado
Antes del inicio, en la marea roja se entremezclaba la ilusión con el nerviosimo por lo mucho que había en juego, un billete para las semifinales. Sergio, uno de los hinchas españoles presentes en la Plaza comentaba lo siguiente: «El ambiente está bastante animado. Se respira ilusión para afrontar estos cuartos; esto es algo que no se vive todos los días».
Por su parte, Oumar ofrecía un punto de vista más táctico en la antesala del duelo: «Tenemos que estar confiados en que vamos a dominar y tener la posesión del balón. Las ocasiones van a ir llegando solas. El equipo tiene que tener paciencia y orden, además de mantener un ojo puesto en jugadores desequilibrantes como Doku y Trossard». También se atrevió con un pronóstico: «Vamos a ganar 2-0 con goles de Ferran y Merino».
Fabián desata el júbilo y De Keteleare trae el silencio
Ante el buen juego de la selección española en los primeros compases del partido, la afición grancanaria animaba y aplaudía hasta que la emoción se desató por completo con el gol de Fabián.
Sin embargo, el silencio sepulcral invadió el barrio de Schamann después de que De Ketelaere empatara el encuentro al filo del descanso, acabando con la imbatibilidad bajo palos de Unai Simón. Los brazos al cielo y los gestos de incredulidad reflejaban la decepción ante el jarro de agua fría.
Lo mejor estaba por venir
En la segunda mitad, a medida que anochecía, los fieles a la Roja sufrían con las internadas por banda de Doku y los destellos de magia de Kevin De Bruyne. Los vítores se reactivaron con la entrada al campo de su canario de confianza, Pedri, recibido con aplausos y el sonido de las bocinas. La lesión de Thibaut Courtois sorprendió a la afición, que mostró su respeto al guardameta belga con una ovación. La expresión de los presentes al ver entrar al héroe del último partido, Mikel Merino, reflejaba la esperanza de que lo mejor estaba por llegar.
Cánticos, saltos, aplausos, gritos, lágrimas y miradas al cielo resumen a la perfección la reacción de todo Schamann al gol del jugador navarro, con raíces en la UD Las Palmas, que volvió a acudir al rescate de todo un país. El broche de oro a una noche que quedará para el recuerdo lo puso un Miguel extasiado tras el pase de España a semifinales: «No le tengo miedo a Francia, que se prepare Mbappé; vamos a volver a ganarles y estaremos en la final».
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