Pienso en Bélgica y lo primero que me viene a la cabeza es Tintín, el Atomium de Bruselas, Puigdemont. Pero lo que de verdad no se me olvida es Ceulemans o Pfaff o Scifo. Ni Eloy, este tampoco se nos olvida. Cuarenta años y aún escuece. Hace cuarenta años Luis de la Fuente debió empezar a hacer pesas para buscar su paz y equilibrio mental, que lo sé yo. Y Juan Carlos Rivero decidió que su misión en la vida sería comentar partidos de la selección, a ser posible equivocándose de vez en cuando. Y de aquellos polvos estos lodos, aquí estamos todos, tres generaciones después, para saldar cuentas.
Tras la primera incursión por la banda de Lamine, sale Javier Bardem en pantalla. Con gorra, barba y gafas da aún más miedo que de normal. Los belgas salen cautos y ultradefensivos, y con una camiseta indescriptible (“no se puede llegar a semifinales con una camiseta como esa”, le digo a mi hija, que está enamoradísima de Cubarsí). Olmo empieza pronto a demostrar que es el jugador que mejor se gira en este mundial y Doku nos hace sufrir cada vez que se ata la pelota a la bota. Poco a poco vamos cercándolos, hasta que en el minuto treinta Pedro Porro (que va como una moto con pilas “duracel” desde que empezó el mundial, da el pasé atrás desde la línea de fondo y Olmo primero y Fabián después colocan el gol. España hace los mejores minutos y puedo colar otros dos o tres goles, pero son los malditos belgas los que en la única jugada con cierto peligro nos devuelven el empate. El subidón que teníamos, a tomar viento. Después de los malditos uruguayos, los blanditos austríacos y los correosos portugueses, son los peligrosos belgas los que, sin merecerlo, nos meten el único gol en todo el mundial. Toca remar.
La segunda parte comienza igual: España intentando jugar a algo y los belgas con dos autobuses y tres tractores metidos en la portería (ahora se dice “defender en bloque bajo”). Demasiada insistencia una y otra vez con Lamine. En pantalla sale Bradd Pitt, que no llega la camisa al cuello. Y Noel Gallagher hace ojitos a Penélope porque Bardem debe estar haberse bajado con la afición de a pie, lejos de los palcos “vip”, para tocar tierra. La selección toca y toca, y no atinamos. Fallamos el pase, nos dejamos el balón atrás, nos equivocamos en la opción elegida. Pero les hacemos correr, les cansamos y les tensamos, y les pasa factura: Courtois se lesiona, De Bruynne pide el cambio, Doku está sin aliento. Minuto ochenta y Juan Carlos Rivero lo clava: “esto está como para irse a tomar algo”. Grande Juan Carlos. Y venga a darle un balón tras otro a Lamine, pero no hay manera. La prórroga se acerca peligrosamente y los fantasmas del mundial del ochenta y seis se huelen en los mensajes del whatsapp. Yo pido a gritos a de La Fuente que saque a Bardem al campo, para cubrir a Lukaku. Pero no me hace caso y saca a Merino. Palabras mayores. Cubarsí se harta de pasecitos y por fin alguien hace un chut raso. El portero sustituto, Lammens, no lo bloca y llega el delantero navarro con todo al rechace, poniendo el dos a uno en el marcador. A los belgas, que han sido bastantes decepcionantes y rácanos, les toca ahora a sufrir como solo nosotros sabemos. Eloy por fin ha sido vengado. Les toca a ellos llorar otros cuarenta años y a Lammens llevar esa cruz. Ya era hora, ya.









