LEY NONATO | El PP en posición fetal

La prioridad fetal legislada por Isabel Díaz Ayuso parte de la premisa de que no hay asunto pequeño cuando se trata de liar la madeja, chapotear en el antifeminismo y enviar mensajes truchos sobre el fomento de la natalidad. Por ser generosa, imagino que su experiencia de haber perdido un embarazo de ocho semanas (el famoso Manolito sobre el que se explayó en una entrevista, diciendo «ya sé qué es ser madre para siempre») ha guiado a la presidenta de Madrid en la aprobación de su ley del concebido no nacido. En virtud de dicha norma, una mujer o una familia pueden acceder a ayudas autonómicas desde las primeras semanas de gestación, contabilizando al embrión como uno más del núcleo familiar. Pone el microscopio, que no el foco, en las prioridades de los madrileños, cuyos niños se cuecen en aulas escolares sin climatizar, sufren una sanidad pública depauperada y compiten por las becas con rentas de más de 100.000 euros al mes. El índice de pobreza infantil en la región de Ayuso asciende al 20 por ciento, se ve que las subvenciones no alcanzan a los sí nacidos. Tampoco vayan las madrileñas en avalancha con sus test de embarazos positivos a las ventanillas para llenarse los bolsillos: los beneficios más sustanciosos para la economía doméstica pasan por presentar un libro de familia con el infante registrado, no sirve el papelito de un ginecólogo. Numerosa o monoparental, si el bebé no ha nacido no hay rebaja en la factura de la luz, el billete de avión ni la contribución urbana, así lo marca el ordenamiento estatal. Ayuso vende humo y no debería. De hecho, y al hilo de la fecundidad, el esperma de los madrileños presenta una calidad mucho más baja que el de hombres de otras comunidades autónomas debido a la polución y la exposición a tóxicos, así que bien haría en limpiar la atmósfera para favorecer la fertilidad masculina. El espermatozoide lento y solitario, he ahí el próximo reto legislativo de la presidenta.

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