La historia de Minerva, una mujer trans de origen peruano, ha sido compartida en el programa Fin de Semana con Cristina López Schlichting. Su testimonio revela un sobrecogedor viaje desde el rechazo en su comunidad católica hasta recibir una acogida personal por parte del Papa Francisco en el Vaticano, una experiencia que ha redefinido por completo su relación con la fe.
Rechazada en casa y en la parroquia
Minerva creció en Lima (Perú) en el seno de una familia católica. Durante 20 años, participó activamente en su parroquia, pero todo cambió cuando empezó a tener dudas sobre su identidad sexual. En ese momento, sufrió el rechazo tanto de su familia como de la comunidad eclesiástica. «Lo único que yo pude optar fue irme y juntarme con la gente de la calle», ha explicado sobre la dolorosa decisión que tomó con casi 20 años.
La vida en la calle la empujó a tomar una difícil decisión para poder subsistir. Le propusieron transformarse para poder trabajar y ganar más dinero. «Para poder trabajar en la calle, hay que producirse. Y tuve que optar por transformar mi cuerpo», ha confesado. Este camino la llevó primero a Argentina, donde se inyectó silicona, y más tarde a Italia, donde se sometió a una operación de prótesis mamarias.
Para poder trabajar en la calle, hay que producirse. Y tuve que optar por transformar mi cuerpo»
Un ‘hospital de campaña’ en la pandemia
A sus 50 años y viviendo en Italia, la pandemia de coronavirus dejó a Minerva y a sus compañeras sin ningún medio para subsistir. En medio de la desesperación, una amiga contactó con Don Andrea, un párroco de Torvaianica, un suburbio cercano a Roma.
Don Andrea les abrió las puertas de su parroquia, proporcionando víveres y apoyo a un grupo de unas 50 mujeres trans, la mayoría trabajadoras sexuales. La ayuda fue más allá cuando el sacerdote contactó con el Vaticano. «El papa mandó vacunas para nosotras, para que nos vachináramos, prima de que haiga las vacunas para todos los italianos», ha relatado Minerva, destacando que fueron inmunizadas por intervención directa del pontífice.
Un encuentro que lo cambió todo
Un día, Don Andrea comunicó a Minerva que se preparara porque iba a conocer en persona al Papa Francisco para agradecerle su ayuda. La noticia la dejó en shock. «A mí me cayó como un baldazo de agua y me dejó muda. Sentía como que si la tierra me tragaba», ha recordado sobre la abrumadora emoción que sintió una «persona pecadora» antes de ver a «su santidad».
El encuentro superó todas sus expectativas. Minerva y sus compañeras no fueron sentadas con el público general, sino «casi a fianco de él, donde estaban todas las celebridades». Un responsable de la organización les explicó: «El Papa ha querido que ustedes aquí, porque ustedes son parte de iglesia». En el saludo personal, el Papa le dijo: «Reza por mí, que yo voy a rezar siempre por ti, y ten muy en cuenta que siempre eres hijo de dios».
Reza por mí, que yo voy a rezar siempre por ti, y ten muy en cuenta que siempre eres hijo de dios»
La muerte del Papa Francisco supuso un duro golpe para Minerva, que acudió al Vaticano para darle su último adiós. «Me sentí mal, no podía hablar. […] Una persona que nos ha ayudado tanto sin como si fuese nuestro padre», ha expresado con profundo dolor.
Esta profunda conexión culminó en su reconciliación definitiva con la Iglesia. Después de 13 años sin comulgar porque «no me sentía limpia para poder hacerlo», Minerva asistió a una misa de Don Andrea y recibió la Eucaristía. Al preguntar al sacerdote si había pecado, este le respondió: «Si tú te has sentido bien, te has sentido limpia, no has pecado».















