«Estamos dispuestos a asumir responsabilidades de gobierno», proclamó Alice Weidel, la copresidenta de la ultraderechista Alternativa para Alemania (AfD), el partido al que los sondeos colocan en la primera posición en intención de voto. Su frase no era una oferta, sino un desafío a derribar el cordón sanitario del resto del espectro parlamentario tras los comicios regionales del próximo septiembre en el este. Su plataforma es el congreso federal de la AfD de este fin de semana, que se abrió protegido por un poderoso operativo policial y con unos 30.000 manifestantes, plantando cara a los antidisturbios. La propia policía custodió a grupos delegados del partido, que partieron en autocares a primerísima hora de la mañana para avanzarse a los manifestantes.
Hubo conatos de bloqueo, cargas policiales y sentadas pacíficas en todo Erfurt, la capital del ‘land’ de Turingia donde discurre el congreso. Esta situación no pareció incomodar a los 600 delegados del partido ni mucho menos a su cúpula. El copresidente del partido, Tino Chrupalla, abrió el congreso con el consabido agradecimiento a las fuerzas policiales, que posibilitaron el arranque puntual de la sesión, y los escarnios a los manifestantes. «Nosotros somos los demócratas. Los que afuera gritan quieren coartarnos la libertad», aseguró Chrupalla. «Cerraremos a cal y canto las fronteras a la inmigración no deseada (…) La CDU (el partido del canciller Friedrich Merz) destruye Alemania», apuntó por su parte Weidel.
La colíder de Alternativa para Alemania (AfD), Alice Weidel, durante el congreso del partido. / JOHN MACDOUGALL / AFP
El objetivo del congreso es lanzar al partido a la victoria en las regionales del próximo septiembre en dos estados del este, Sajonia-Anhalt y Mecklenburgo-Antepomerania. Los sondeos sitúan ahí la ultraderecha sobre el 40% de los votos, lo que, a juicio de Weidel, convertirá en impracticable el cortafuegos que mantiene el resto del espectro parlamentario alemán, desde el bloque conservador de Merz a la opositora Izquierda.
Ambos copresidentes aspiraban a su reelección, que se daba por segura. Chrupalla lo logró por un 70% de los votos, notablemente por debajo del 82% obtenido dos años atrás. Weidel se alzó con un 81%, un punto más que entonces.
El creciente radicalismo ultra
La auténtica «estrella» del radicalismo ultra, sin embargo, el líder de la AfD en Turingia, Björn Höcke, no forma parte de la cúpula porque su extremismo asusta a la propia presidencia. Pero se le considera indispensable como reclutador del voto joven. La elección de Turingia para el congreso remite a la figura de Höcke y tiene connotaciones históricas. En este estado está la ciudad de Weimar, que dio nombre a la república de entreguerras que fulminó con su llegada al poder Adolf Hitler, en 1933. Y ahí logró la AfD hace dos años, por primera vez, la posición de fuerza más votada, con un 32%. Lo hizo propulsada por Höcke, un dirigente al que no le importa sostener que Alemania sería un hermoso país con un 20% menos de población, el porcentaje de ciudadanos con raíces no alemanas del país.
La AfD está bajo observación de los servicios secretos de Interior en cinco de los 16 estados federados alemanes por sus posiciones claramente extremistas o bajo sospecha en el resto del país. Se estima que su militancia, unos 70.000 miembros, es el aglutinante de los 58.700 individuos identificados como extremistas de derechas, entre los cuales unos 15.000 son potencialmente violentos.
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