«Nadie puede guardar toda el agua del mar / En un vaso de cristal / (…) Esta no es manera de vivir», canta Amaral en ‘Salir corriendo’, de 2002. Ese año, el Tribunal Superior de Castilla y León dictó la primera sentencia por acoso sexual contra un político en España en un juicio histórico que puso ante el espejo el machismo estructural y sistémico del país a principios del siglo XXI. Se trata del caso Nevenka, que responde al nombre de Nevenka Fernández, entonces concejala de Hacienda del Ayuntamiento de Ponferrada, quien denunció a su alcalde, Ismael Álvarez (PP), tras sufrir meses de persecusiones, amenazas y vejaciones.
Casi un cuarto de siglo atrás, cuando la violencia machista se denominaba ‘violencia doméstica’, ya que se consideraba una cuestión privada en lugar de una vulneración de los derechos humanos de orden público, nombrar esta realidad y romper el silencio costaba una réplica de silenciamientos. Para negar la violencia se empieza por secuestrar el lenguaje, como sucedía en el contexto de un país que comenzó a registrar los casos de violencia de género en 2003. Por eso, un año antes, ser y nombrarse Nevenka concitó un abismo; cuando ser y nombrarse Nevenka inauguró una revolución.
Antes de romper el vaso del desbordamiento, la historia se retrotrae a 1999, cuando Nevenka Fernández, economista de 24 años recién licenciada en Madrid, regresó a su Ponferrada natal poco antes de las elecciones municipales, donde Carlos López Riesco, miembro del PP en el Ayuntamiento, le ofreció ser la número 3 de la lista local liderada por Ismael Álvarez. Tras su victoria electoral, le concedió a Fernández la cartera de Hacienda y, a los pocos meses, después de que este enviudara, ambos iniciaron una breve relación sentimental. El «verdadero infierno», en palabras de Nevenka, comenzó cuando la relación terminó para la edil, pero no para el alcalde, que respondió con una dinámica continuada de acoso, encuentros forzados y humillaciones ejercidas desde un abuso consciente de poder.
Un año después de su baja por depresión, Nevenka anunció que dimitía de su cargo e imponía una querella criminal contra Álvarez. «Nevenka era el pez de colores que había caído en una corporación de gente misógina y machista. (…) Pero de pronto, el pez saltó del tanque», describe Juan José Millás, autor de ‘Hay algo que no es como me dicen. El caso de Nevenka Fernández contra la realidad’ (Alfaguara, 2004), en el documental ‘Nevenka’ (2021, en Netflix).
En las aguas estancadas del sistema patriarcal que removió Nevenka destacan tres nociones fundamentales: acoso, redes y reparación. En primer lugar, el acoso que denunció y resultó en una feroz campaña de acoso social, mediático y judicial contra la propia denunciante, desde las manifestaciones de apoyo masivo a Álvarez al acoso procesal del fiscal, José Luis García Ancos, que quedó retratado durante el juicio: «Usted no es la empleada de Hipercor, que le tocan el trasero y tiene que aguantarse porque es el pan de sus hijos», le espetó, ante lo que el juez le advirtió: «Nevenka es la testigo, no la acusada».
Fuera del tanque, «Nevenka ganó el juicio, pero perdió el juicio social«, subrayó Millás. Después de su condena y dimisión ‘voluntaria’, el exregidor siguió defendiendo su inocencia y volvió a presentarse a las elecciones en 2011 con un partido independiente, erigiéndose en la tercera fuerza más votada, mientras que Nevenka tuvo que huir y comenzar una nueva vida fuera de España.
El segundo concepto subraya la importancia de tejer redes de apoyo a las víctimas y Nevenka, que se enfrentó a la peor de las soledades cuando al fin escapó de la telaraña del acoso, contó con el respaldo, entre otros escasos desde el feminismo, de la concejala socialista Charo Velasco, quien aparcó todas sus diferencias ideológicas para apoyar públicamente a su compañera de la oposición. Así lo recordaron ambas en junio cuando, 24 años después, Nevenka regresó a Ponferrada, a la que solo había vuelto en contadas ocasiones privadas, para asistir al primer acto público en su tierra natal desde su exilio, recibida entre abrazos y ovaciones, donde declaró que «es posible salir del infierno».
Apuntalando el tercer concepto, la reparación debe ser pública y colectiva, porque restituir la memoria es la única forma de velar por lo que siempre defendió Nevenka, su dignidad, y porque una no es solo del lugar en el que nace, sino del lugar en que se mira y reconoce, como los nombres propios que abrieron un camino hacia un mundo más justo: Nevenka, la dignidad de todas.
Fuente: La Provincia – Diario de Las Palmas












