El banderillero zamorano hizo el pasado sábado el que fue su último paseíllo en la plaza de toros de Zamora. El guarrateño dejará los ruedos al término de la presente temporada, tras 30 años como banderillero y otros cuatro como novillero previamente.
Acaba de torear hace unos días a las órdenes de Manuel Diosleguarde su última tarde en Zamora, ¿cómo la ha vivido? ¿Qué sensaciones tuvo en el ruedo?
Sensaciones encontradas. La alegría de torear en Zamora, de poder despedirme, pero, a la vez, un poco la tristeza y la nostalgia de haber pisado tanto la plaza, tanto para torear como para entrenar y tantos años, incluso de novillero al principio. Esta es la plaza que más ilusión hacía, al ser la de aquí y la primera plaza grande en la que pude torear. Todas esas sensaciones se acumulan.
Tanto Diosleguarde como su compañero de cartel Borja Jiménez y, al día siguiente, Ismael Martín le brindaron faenas, ¿fue emocionante?
Sí, es algo que no te esperas y se agradecen mucho, sobre todo, las palabras bonitas que te dicen, alabando la trayectoria, la carrera y un poco la dignidad profesional de bandrillero y el haber compartido tantos momentos buenos, malos, regulares y de todo. Muy agradecido, y también por el calor de la gente de la tierra, eso anima y halaga mucho. Me está sorprendiendo para bien la reacción de la gente, de mucho agradecimiento.
Javier Gómez Pascual, poniendo un par de banderillas en su última tarde en la plaza de toros de Zamora. / VERGEL
¿Tiene alguna anécdota o tarde especial en esta plaza?
Fue bonita la primera corrida que toreé en Zamora como banderillero, que fue con Andrés Vázquez, la última de su vida, en 2000, con Rivera Ordóñez y El Juli. Fue una ilusión tremenda torear con una figura histórica y el torero más importante de Zamora, claro. Y luego, dos o tres tardes de Alberto Durán, su alternativa, buscando el relevo de toreros zamoranos, que ilusionó mucho y esperemos que todavía esté a tiempo de recuperar.
¿Se ha despedido ya de su tierra o le podremos ver en algún otro festejo en la provincia esta temporada?
Que yo sepa, ahora mismo, no. En principio, ha sido la despedida; a lo mejor, puede haber algún festival en algún sitio, pero ya es difícil. Siempre gusta, pero que el último haya sido en la capital y un día bonito, con el triunfo de Diosleguarde, quedaría bastante bien.
¿Cuántas corridas de toros tiene previstas todavía esta temporada?
Llevo alrededor de 25 y creo que otras tantas si los animales respetan y el cuerpo también, en la línea de Fortes, de Julio Norte y creo que alguna más torearé con Diosleguarde o Alejandro Marcos. Ahora me coinciden las semifinales y la hipotética final de ellos en la Copa Chenel con lo de Julio Norte. Me está costando un poco gestionar las coincidencias.
Y después, ¿qué?
Ahí viene un poco la incógnita. Sí me gustaría descansar un poco, sobre todo, la mente, las coincidencias, el estar físicamente bien, el cuidarte,… relajar todo eso un poco.
¿Se centrará en su faceta de apoderado de Raquel Martín?
Lo de Raquel es una cosa de cariño hacia ella, de ver que nadie le hacía caso y de verle buenas condiciones para poder explotarlas. Ahora, yo mismo me genero una responsabilidad mayor de tratar de ayudarla realmente, de hacerle las cosas mejor, porque hay que mirar muchísimos matices, en el toreo en general y, en este caso, para las mujeres en especial, y cuidar muchos detalles y muchas cosas que, por lógica, tienen que ser diferentes.
Lo bonito es que ella ha evolucionado mucho, ya lo está sintiendo como torero, se va sintiendo mejor y está disfrutando más la profesión, porque tú puedes hacer ciertas indicaciones, pero alguien toreando, como no se sienta de verdad, no lo transmite, y ahora sí le veo momentos de sentirse bien y que lo está transmitiendo. Hay un caminito abierto, vamos a ver si, poco a poco, le dejan las circunstancias y que ella se vaya abriendo hueco.
¿Y seguirá vinculado al mundo del toro de alguna otra manera?
Sí, seguramente, porque son tantos años… No he tenido otras facetas que me hayan llenado, sólo lo ha hecho el tema de los toros; seguramente que, de una manera u otra, por ahí siga el camino.
Yo creo que los más veteranos tenemos cosas que aportar a los nuevos en experiencia y a mí me gusta mucho el entrenamiento, la preparación de algún torero joven o no tan joven y acompañar y tratar de aportar,… todo eso me gustaría. Más que el tema del apoderamiento y el figurar como un poco por arriba, sino esa segunda línea porque creo que ahí podría aportar un poco más.

Gómez Pascual (derecha), con sus compañeros de cuadrilla el pasado sábado en la plaza de toros de Zamora. / Cedida.
Lleva la friolera de más de 120 paseíllos en Las Ventas…
Sí, 130. Yo tengo todas las estadísticas, tengo todo apuntado, lo recuperaré ahora. En 1998 creo que fui por primera vez y, poquito a poco,… es difícil ir, pero se acaban sumando y eso sí da mucha satisfacción.
Y estos últimos años es cuando está toreando un mayor número de tardes, ¿no?
Sí, estoy contento con mi carrera porque ha sido en progresión y, sobre todo, en sitios importantes en los últimos años. Afortunadamente, he podido ir a todas las ferias importantes y es verdad que los 15 últimos años han sido de ir mucho a Madrid, Sevilla, Valencia, Pamplona, Bilbao, Salamanca, Logroño, Zaragoza,… han sido muchos años yendo a sitios importantes y eso me ha llenado mucho.
Cuando iba avanzando en la profesión, pensaba «a ver el final», viendo llegar a los compañeros, que cuesta mucho ya con estas edades, pero, este año, he ido dos tardes a Valencia, dos a Sevilla, cuatro a Madrid; ahora, si Dios quiere, dos a Pamplona,… eso, para ser el último año, te reconforta mucho, que pueda ser un final un poco por arriba.
Además, a lo largo de su carrera, ha estado a las órdenes de toreros de primera fila, como Julio Aparicio, Cayetano, Fortes, Pablo Aguado, Borja Jiménez,…
Sí, y la responsabilidad es mayor porque van a sitios, a ferias y a carteles importantes y ahí sí que hay una competencia dura, de verdad. No quiero decir que con los demás toreros vayamos más relajados, pero es diferente ir a ciertas novilladas de pueblos que pisar esos otros terrenos, aunque luego las circunstancias hacen que, a lo mejor, el festejo no sea tan duro ni tan complicado, puede serlo mucho más en una plaza portátil, pero creo que para los toros lo que más pesa es la responsabilidad y el querer estar bien todos los días y seguir, que tu camino en la profesión sea recto y que te respeten, sobre todo, los compañeros.
Eso es lo que más he buscado: que te respeten los compañeros y que te llamen por tu buen hacer o por lo que puedas aportar, no por esa espectacularidad y esas cosas que otros venden de fuera, sino por el buen hacer dentro del sentimiento de la cuadrilla, del matador, del entorno, de la familia,… eso siempre me ha gustado mucho.
¿De cada matador se aprende algo?
Sí, de ellos creo que aprendemos todos. Los matadores, en esta profesión, son los que más caminan, los que más te pueden aportar, no digo en facetas de técnica, de colocación,… sino un poco en la propia profesión. Por eso a mí siempre me ha gustado mucho estar cerca de los matadores, porque son los que más aportan y son, al fin y al cabo, los que nos guían y nos hacen crecer a nosotros. Yo estoy muy agradecido a todos los matadores y de casi todos se aprende, incluso de ese novillero con el que vas al pueblo. Ha habido toreros que me han aportado mucho. Vas sumando y todos esos contrastes te hacen crecer.
¿A quién miraba como espejo cuando empezó como banderillero y a quién mira ahora?
A los que estaban funcionando y los de las figuras de entonces, claro. Había toreros en los que, en nuestra labor de terceros, Jean Marie Bourret y Emilio Fernández, que iban con Ponce y Ubrique, respectivamente, te fijabas mucho porque toreaban mucho y daban muy buenos consejos.
Y ya más contemporáneos, muchos: Guillermo Barbero, Luis Blázquez, Fernando Sánchez, Pascual Mellinas, Julio López,… se me escaparán muchos que han sido muy grandes profesionales y me ha gustado siempre estar con ellos. Cuando llegas a un patio y los ves y dices: aquí estamos con los que admiras de ese momento y, antes, con los que admirabas al principio, se disfruta mucho.
¿Cuánto le han castigado las cornadas?
Mentalmente, poco. Hasta yo mismo me he sorprendido porque, después de salir de percances, no me ha costado volver, lo que cuesta es un poco el sentimiento de los de alrededor.
He tenido bastantes percances, más de los deseados, y han sido casuales, que es con lo que me quedo, porque creo que eso la mente la erosiona menos. Siempre es culpa nuestra, pero, cuando son circunstancias que no son culpa de uno mismo, creo que se sale mejor. De las seis o siete que he tenido, no me ha costado salir y siempre he tenido mucho deseo de volver lo antes posible, que eso para nosotros es importante.
Después de toda esta trayectoria de más de 30 años como novillero y banderillero, si echa la vista atrás, ¿siente que se retira y le queda algo por hacer?
No. He tenido la mente tranquila y me ha permitido pensar las cosas con frialdad. Los toreros somos un poquito solitarios a veces, paseamos mucho y a mí me ha gustado mucho pensar las cosas. Vengo de una familia que no es taurina y, a lo mejor, si arrancas en un entorno taurino, tienes otro tipo de posibilidades, otro tipo de asesoramientos para los inicios,… pero estoy muy orgulloso de los inicios porque fueron muy sinceros, muy nobles, sin saber que cometería errores, por supuesto, de no saber, pero creo que las oportunidades a todos nos las dan y uno puede demostrar.
A mí no me pesó el cambiar; esa ilusión que tienes en los inicios de la profesión de querer ser figura y triunfar la tienes y te llevas un pequeño chasco, pero yo vi muy pronto las dificultades de ponerle la muleta a los animales, de la espada, de muchas cosas,… y dije «esto no es para todos». Y luego empiezas de banderillero desde cero otra vez, pero no me costó y, como mi carrera, afortunadamente, ha sido en progresión, no me quedo con ninguna espina.
Cuando empiezas en la profesión con un objetivo que no es muy alto, creo que todo lo que te va viniendo lo van agradeciendo el cuerpo y la mente. Y la verdad es que ir a más, el no ver que te han dejado de poner ya los ocho o diez últimos años, que ya te quedas para otro tipo de festejos,… me ha reconfortado mucho poder estar hasta el final.
Guarrate, su pueblo, tuvo mucha culpa de que se despertase esa vocación, ¿verdad? ¿Cómo recuerda ya sus primeros inicios con la tauromaquia en la provincia y luego ya en la Escuela Taurina de Salamanca?
Sí, Guarrate, con los encierros y las capeas y demás, aunque es por la calle o por la pradera, pero notas el toro cerca, eso se nota mucho, en los alrededores, Fuentesaúco,… todos esos pueblos que frecuentábamos.
Y luego, Salamanca ha sido clave también, empezar ahí desde pequeño con mi padre, que siempre tenía sus abonos, y entrar en La Glorieta con tanto ambiente, tanta gente, las figuras del toreo, ese olor a puro que había en los tendidos, la banda de música,… todo eso ayuda mucho a que eso que nos llega nos llegue antes y más profundo. Y luego, la Escuela es clave porque es donde los profesores te asesoran, ves a los compañeros y ves un poquito más la seriedad de todo, dentro de que es una escuela, porque esta es una profesión muy de sacrificarse.
Y Guarrate es el pueblo que ha llevado junto a su nombre por las plazas de toros de todo el país y de otros. Ha sido un orgullo para usted y para sus paisanos, ¿verdad?
Sí, para mí, seguro. Y para ellos, yo creo que también porque la gente en el pueblo es muy cariñosa siempre conmigo; en los pueblos pequeños tienes la cercanía, la gente siempre se ha preocupado. Y yo, siempre agradecido del pueblo y de la provincia, en general, y de la capital también. Haber podido llevar el nombre del pueblo y de la provincia, de la capital por esas plazas de Dios me ha reconfortado mucho.














