No es lo habitual, pero aún quedan noches de verano perfectas en Córdoba. De esas en las que se junta lo mejor de cada escenario y parece que el calor sopla con un poco más de consideración. En la jornada de ayer del 45 Festival de la Guitarra, el Teatro de la Axerquía contribuyó, en este caso, a conjurar esa percepción estival aunando rock, mestizaje, tradición y jotas extremeñas en una gran Verbena en Vena que acabó con la misma intensidad con la que empezó, y dejando tras de sí ganas de más jarana.
Eran las diez de la noche y aún resplandecía un sol que no quería consumirse, a la espera de ver salir a los Aslándticos con la energía positiva de siempre. Dos décadas de música llevan ya a sus espaldas, y pese a los saltos y virajes en el camino, estos cordobeses fueron agotando los minutos y caldeando un ambiente de pista y graderío, que ya pedían cerveza y abanico para poder enfrentarse al segundo asalto de la noche.
Con la luna ya encima nuestra, unos jovencitos sin demasiadas hechuras, pero con una presencia desbordante, subieron al escenario del Teatro de la Axerquía para estrenarse, con ganas y sin vergüenza alguna, en la ciudad de Córdoba. Sanguijuelas del Guadiana invadían un espacio que lucía diferente, como si de esa modesta cochera de su pueblo, Casas de Don Pedro, se tratara. Ahora sí, estaban en casa.
Rock, raíz y vanguardia
El arranque fue una declaración de intenciones. 100 AMAPOLAS, el single que les catapultó a la cima, abría una noche estelar que durará eternamente para que buena parte del público, que llenaba hasta los topes la Axerquía de Córdoba, remontara la vibra a golpe de salto desde el minuto uno.
Me da igual, Yesca y Pa que me llamas enlazaron sin dar apenas respiro. Tampoco fue necesario. Cuatro temas consecutivos abrazaron con fuerza a un público al que tenían ganas de ver, y con los que la formación confirmaba que no había venido a dosificar fuerzas. Sobre el escenario, la naturalidad y la cercanía que caracterizan a Sanguijuelas del Guadiana encontraron respuesta de inmediato entre aplausos, jaleos y pancartas dedicadas, muchas de ellas con frases míticas de su repertorio.
Alejados de cualquier ostentación, engalanados de sus habituales prendas oscuras y poniendo por delante la sencillez y la simpleza que tanto les caracteriza, los Sanguijuelas dieron forma a un show que más que concierto fue verbena. Intacto y La brecha fueron dos de las responsables, con mayor protagonismo, de poner banda sonora a esa visceral reunión de viejos y nuevos amigos.
Sin embargo, llegados a este punto, algo en el clima se había transformado. Lo cierto es que hubo algo de evocador en la noche de ayer. En pensar que en ese Teatro de la Axerquía convertido —durante varias horas y un partido de España de Mundial— en una verbena a gran escala, estaba no hace tantos años un muy querido Robe Iniesta cantando con voz quebrada —durante varias horas y un partido de España de Eurocopa— muchos de sus mayores éxitos y ese Nada que perder, que aún sigue removiendo.
Los ya no tan chavales (porque en el escenario se hacen gigantes) de Sanguijuelas del Guadiana lo saben bien, y no dudaron en traerla de vuelta con una particular versión. Sin duda, este se trató de uno de los momentos más emotivos. Un guiño a un referente, y un respiro para poder culminar la velada en la cúspide.
Era el turno de cantar en alto las letras de Quiere parecer, Siempre más, El estandarte o Jaribe. Canciones que ya iban adelantando las últimas emociones de un concierto que, casi sin darnos cuenta, llegaba a su fin. Pero lo hacía, eso sí, con una suerte de cover de Me quedaré, de Estopa: con alguna que otra novedad en el setlist, y con un Mirando por los míos que se sintió en las carnes. En definitiva, fue una noche de esas de verano perfectas, de las que se disfrutan (y sufren) al calor del pueblo, sin hora de entrada ni de salida. Aunque, en este caso, el reloj estaba a punto de dar la una. Llevadnos a su Extremadura, por favor.
Tradición y Manuel Barrueco
Pasadas las ocho y media, la guitarra de un Manuel Barrueco colosal inundaba de acordes y notas, como es habitual, el Teatro Góngora. Considerado uno de los grandes maestros de la guitarra clásica a nivel internacional. El guitarrista cubano ofreció la tarde de ayer un recital de marcado acento iberoamericano, haciendo gala del lirismo, la elegancia y la sensibilidad que han hecho de él un referente mundial.











