No se le ha visto en ninguna ocasión. Más de seis meses después de su designación como líder supremo iraní, no se ha publicado ninguna imagen de su rostro o que dé una idea de su estado físico, tampoco se conoce su voz. No ha salido a la luz nada que se asemeje a una prueba de vida. Mojtabá Jameneí, líder supremo de la República Islámica e hijo del anterior, Alí Jameneí, quedó gravemente herido en el bombardeo que mató a su padre, el 28 de febrero, y marcó el inicio de la guerra emprendida por EEUU e Israel.
Casi nada se sabe de este dirigente, que estos meses supuestamente ha vivido recluido y bajo tierra, sin apenas contacto físico con sus allegados y súbditos, por temor a otro intento de asesinato. Pero en las últimas semanas han empezado a aflorar algunos detalles de lo que su mandato en frente a la República Islámica puede suponer. No son discursos ni declaraciones de intenciones directas. Más bien nombramientos y la reorganización de un Gobierno, el iraní, que quedó enormemente mermado tras la guerra. Israel consiguió asesinar a gran parte de la cúpula militar y política del país persa. Y los nombramientos de Jameneí hijo —por los nombres que han ascendido a posiciones de más rango— marcan un camino claro: la confrontación contra Estados Unidos y la preparación para otra más que posible ronda de la guerra contra Washington y Tel Aviv.
El presidente estadounidense, Donald Trump, ha asegurado en múltiples ocasiones durante los últimos meses que su conflicto ha servido para conseguir un cambio de régimen en Teherán. En parte tiene razón: este nuevo régimen iraní parece, a priori, mucho más radical, ultraconservador, beligerante y, a diferencia del Irán de Jameneí padre, ha perdido el miedo a la guerra contra sus máximos enemigos.
Mohsen Rezaeí, el nuevo jefe del Consejo de Seguridad Nacional, en una imagen de archivo. / ATTA KENARE / AFP
Jameneí hijo ha elegido, de hecho, a miembros de la vieja guardia más principista y contraria a negociar con Washington para las posiciones clave de su Gobierno. Entre estos nombres están Mohsen Rezaeí, exlíder de la Guardia Revolucionaria durante la guerra contra Irak de los 80 y que ha sido designado ahora como nuevo jefe del Consejo de Seguridad Nacional; Hosein Taeb, exjefe de inteligencia, nombrado director del cuerpo paramilitar Basiji, clave en Irán para la brutal represión de cualquier atisbo de protesta o manifestación; o Ahmad Vahidí, un comandante ultraradical que ha sido ascendido a comandante en jefe de la Guardia Revolucionaria, entre un largo etcétera de perfiles parecidos.
Llamamiento a la ofensiva
El mensaje parece claro: ante los enormes fallos de seguridad expuestos durante la guerra, en la que Israel demostró haber penetrado por completo las estructuras de seguridad iraníes, Jameneí hijo apuesta por perfiles antiguos y conservadores. Hombres de pedigrí que participaron en la revolución islámica de 1979.
«Estamos en una confrontación decisiva contra la arrogancia global, y de vosotros espero que aumentéis las capacidades de Irán para conseguir nuestra disuasión máxima. Tenemos que estar listos para ejecutar operaciones ofensivas contra nuestros enemigos», dijo en un comunicado por escrito Mojtabá Jameneí cuando anunció todos los cambios de forma pública.

La portada del diario iraní ‘Hamshahri ‘ de este lunes con la imagen de un militar estadounidense y el mensaje: «30.000 dólares para quien mate o capture un soldado de EEUU». / ABEDIN TAHERKENAREH / EFE
«Teherán está claramente reconstruyendo sus estructuras de seguridad en torno a las lecciones de la guerra, y se está preparando para una confrontación de larga duración con Israel y EEUU. Pero esto no significa que Irán esté abandonando las negociaciones», escribe Sina Toossi, experto del think tank estadounidense Centro para la Política Internacional. Según este politólogo, figuras como la de Rezaeí muestran la intención de la República Islámica de extraer lo máximo posible en la mesa de negociaciones, dando poco o ningún espacio al compromiso. «Todos los últimos nombramientos muestran que Teherán está intentando ligar la diplomacia con una concepción mucho más dura de su defensa, centrada en aumentar su habilidad de dañar a sus adversarios de tal forma que las charlas produzcan un acuerdo definitivo y no una pausa antes de volver a la guerra», continúa Toossi.
El cambio de régimen que prometieron Trump y el primer ministro israelí, Binyamín Netanyahu, ya ha llegado: Irán ha pasado de ser un país que, con Alí Jameneí, buscaba ser comedido en sus acciones bélicas, buscando la confrontación pero nunca apostando por la guerra abierta, a ser otro que, con Mojtabá Jameneí, apuesta directamente por la disrupción global y los ataques a gran escala contra Washington y sus aliados regionales.
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