Juanjo Domínguez Carazo (Pola de Siero, 1949), conocido popularmente como “Guaracha”, será el pregonero de las próximas fiestas de El Carmín. El próximo jueves 16 de julio se asomará al balcón del Ayuntamiento para abrir las celebraciones. Lo hará, “con orgullo”, pero a la vez con responsabilidad. El también cronista oficial de Siero, desde el año 1998, es un apasionado belenista y amante del piragüismo, hasta el punto de que fundó el Club Kayak Siero. Solo un paréntesis de unos seis años viviendo en la República Dominicana le apartó de la Pola, donde disfruta de su vida y fiestas, especialmente de la estrella veraniega del Carmín, que le tocará ahora abrir.
-Antes que nada, no faltó a su cita obligatoria con la plantación del roble y les “sampedraes”.
-Nunca me la pierdo. Y eso que estuve todo el día por Logroño, por un acto del belenismo. Pero llegué y estaba un poco preocupado, porque llovía y había poca gente. Al final se animaron los polesos, se plantó el roble y cantamos. Y eso que yo soy de los segundos, no tengo voz para arrancarme. Lo disfruto mucho.
-Y acaba San Pedro y ya se enfila cerca El Carmín, ¿qué supone ser el pregonero?
-Nunca pensé que lo iba a ser. Aunque ya estuve en su día junto a José Luis García Meana “Pepe el del Árbol”, que cuando le tocó fuimos unos cuantos copregoneros. Éramos un grupo de amigos de toda la vida. Pero cuando me llamó para esta vez el alcalde de Siero me extrañó, porque como siempre tienen algún chollo, pensé que iba por otro lado. Es un orgullo, pero el orgullo de quedar bien. Por eso es también una responsabilidad. Recibí muchas felicitaciones todos estos días.
-¿Por dónde enfocará su intervención?
-Pues no lo sé. Llevo desde que me lo propusieron dándole vueltas a la cabeza a lo que voy a escribir y no lo tengo claro. Igual voy a hacer una comparación de lo que era la época nuestra de chavaletes con la época actual en la fiesta, tirar un poco por el lado personal. Mi pandilla es de gente que nació entre los años 1948 y 1951. De aquellos tiempos en los que no teníamos.
-¿Qué supone para usted esta celebración?
-Es la fiesta mejor de Asturias, la romería mejor de toda la región y donde uno queda de la mejor manera posible si quiere cumplir con alguien. Si invitas a alguien a algo pues tráelo al Carmín. Hay otras fiestas guapas como los Güevos Pintos, pero El Carmín tiene algo superior a todas ellas.
-¿Y qué es?
-Es que no se puede explicar, que es la mejor romería, no admite debate. No hay dudas, ni hay que explicarlo. Como decir que el vino tinto es tinto y no hay admite discusión. Esto igual. Y es una fiesta con más de 300 años de historia que se mantiene.
-¿Qué echa de menos de la fiesta de antes?
-Participé y viví todos los cambios que hubo. Cuando no existían las charangas. Estuve cuando subimos “Los Pepitas” la primera vez con ayuda de muchísimos músicos de la Pola. Luego ya se sumaron “Los Cascaos”. Y lo que quizás eche de menos es la familiaridad que había en el prau de la fiesta. Era todo mucho más reducido.
–¿Alguna anécdota que se pueda contar?
-Hubo una vez que cogí un melocotón de los buenos bebiendo y había un camión en el prao, que recogía todos los trastos y me metieron ahí para que me bajase. O cuando fui a mear a una sebe y me caí, pegué con la caja de la música del tambor y fastidié una costilla.
-Y tendrá supongo también algún buen recuerdo.
-Pues claro. Amigos que traje de fuera, que no conocían El Carmín, de León o de Salamanca, y se convirtieron en uno más. Y que se juntaron con nosotros, con el pañuelo de “Los Ñerbatos”, el grupo que nos reunimos habitualmente todavía para cantar.
-¿Lo que menos le gusta de cómo ha evolucionado la fiesta?
-Diría que nada. No veo ningún cambio importante, se mantiene la esencia. Pero sí me ha dolido mucho el lío con la Sociedad de Festejos, y que haya quedado en manos del Ayuntamiento, que no tiene obligación de organizarlo. Espero que se solucione y Festejos la vuelva a organizar la fiesta. Hay que resolverlo de alguna manera, ha sido muy feo lo que se ha vivido, discutiendo todo el mundo, familias enfrentadas. Eso no refleja lo que es la Pola. Me apena mucho.
-¿Qué es indispensable en La Sobatiella?
-En el prau de la fiesta no puede faltar sidra, tortillas y empanadas. Con eso básico todo arreglado. Pero no solo de pan vive el hombre. Algún huevo cocido y alguna cosa más hay que llevar también.ç
-¿Y qué completa un día de diez en el prau?
-Buen humor y cantar. Como dice el otro, de la panza sale la alabanza. Un vez fartuquín cantes y berres como una oveya.
-¿Alguna fiesta se aproxima a El Carmín?
-No, y mira que anduve muchas, Piragüas, La Regalina, San Timoteo… Quizás la que más la del Sella, pero es algo muy distinto, y ahora ya llevo tres o cuatro años sin ir. De allí me jubilé pero de la única fiesta que no lo hecho ni lo haré es El Carmín.
-Le veremos entonces muchos años todavía por La Sobatiella.
-Ya tengo avisado que lleven mis cenizas cuando muera y las tiren en el prau de la fiesta de El Carmín, eso lo tengo claro, que quiero estar ahí eternamente.
-Como cronista oficial de Siero, ¿le queda alguna historia que le gustaría contar?
-Ni lo pienso, porque soy de lo que creo que voy a vivir hasta los 100 años. Así que muchísimo todavía.
-¿Cómo son los polesos?
-Somos pueblerinos, de mucha amistad y de tener la puerta abierta. Amigos, pero cariñosos. Aunque ahora parece que vino alguno de fuera que inventó la Pola.
-¿Cómo ve la Pola?
-Es la más guapa, la Pola de Siero es la nuestra y la mejor. Las otras las tenemos como un apéndice, y eso que los de Lena o Laviana serán para ellos única. Pero estoy un poco preocupado porque creo que se quedó a un paso de desarrollo total, con la tristeza que me da ver cómo las grandes superficies van a acabar con la vida de los pueblos.
-¿Su rincón preferido?
-La plaza de Les Campes sin duda. Vengo mucho a sus bares y a pasear, es donde mejor em encuentro.
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