Como era previsible, ahora ya sabemos que el referéndum no hizo tambalear las cuentas europeas, ni afectó al PIB de la Unión. Y tampoco fue un acto contrario a la lucha contra el terrorismo, es decir, no fue una acción que atentara contra los fundamentos de la democracia a causa de una violencia contra ciudadanos o instituciones. El TJUE avala la medida de gracia (la «ley española de amnistía para la normalización de Catalunya») y, en buena parte, también se coloca junto a quienes, después de todas las vicisitudes vividas, abogan por darle la vuelta al impulso de aquel proceso (casi diez años) hacia unas vías de relación política que ayuden a pasar página. Esta es la formulación que el Gobierno español utiliza con más énfasis: pasar página. O, en la versión catalana de Salvador Illa: «reencuentro, diálogo y convivencia».
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