No es fácil ver a Arturo Pérez-Reverte, curtido en muchos de los conflictos armados que marcaron el último tercio del siglo XX y en mil aventuras, dibujar una expresión de asombro en su rostro; sin embargo, al revelar la estatua del capitán Alatriste, en la Plaza Cuartel del Rey, en el casco histórico de Cartagena, no era necesario ser un gran observador para descubrir que no podía disimular el brillo en su mirada, y es que no todos los autores tienen el privilegio de contemplar cómo su obra se materializa en una escultura, perdurando en la historia y formando parte del patrimonio de la ciudad que le vio crecer.
La multitud, reunida bajo unos calurosos 34 grados que poco tenían que ver con el ‘frío luterano’ descrito en las novelas del capitán, no quería dejar pasar la oportunidad de ver de cerca al padre de Alatriste. Muchos se sorprendieron al escuchar tambores y contemplar cómo los mismísimos tercios de Flandes comenzaban a rodear la figura del personaje revertiano, aún cubierta por el manto, para dar la bienvenida al escritor.
Un miembro de ‘los tercios de Flandes’ recibe al autor en la Plaza Cuartel del Rey, en Cartagena / Iván Urquízar
«Hace mucho tiempo que los cartageneros queríamos dejar constancia pública de la admiración y el orgullo que sentimos por Arturo Pérez-Reverte. Toda Cartagena ha seguido y ha celebrado su carrera desde aquel periodista en prácticas que salió a recorrer el mundo, desde la delegación de La verdad aquí en Cartagena. Y vaya que si recorrió mundo, ¿no?», comentaba la alcaldesa, Noelia Arroyo, que dedicaba una sonrisa cómplice al autor de El pintor de batallas.
«El monumento formará para siempre parte de la ciudad», aseguró Arroyo
A pesar de los problemas iniciales con el sonido, Arroyo confesaba que tuvieron que convencer al escritor cartagenero con «la pequeña treta» de proponerle un monumento a uno de sus hijos literarios, porque «¿qué padre puede negarse a un reconocimiento para uno de sus hijos?».
La alcaldesa cartagenera aseguró que se trata del primer monumento en España que rinde homenaje a los tercios españoles: «Por eso hemos querido trabajar sobre seguro y contar con los mejores». La obra ha sido moldeada por el escultor Salvador Amaya. Escritor y alcaldesa agradecieron su labor y esta última destacó que «es capaz de hacer respirar al bronce».
El lugar escogido no es casualidad, pues como señaló Arroyo, es «donde se abastecía a la flota que trasladaba a las tropas a Flandes». Asimismo, destacó que los sillares desde donde se erige la estatua han sido cedidos por la Armada, también presente en el acto.
Dicho esto, llegó el momento más esperado. Tras retirar la lona que cubría el monumento, se alzaba ante un asombrado Reverte y una multitud expectante el capitán Alatriste, a capa y espada, escrutando el horizonte en busca de navíos enemigos, debajo de su característico sombrero de ala ancha.
Además de la alcaldesa, se encontraban presentes, entre otros, la presidenta de la Asamblea Regional, Visitación Martínez; el jefe del Arsenal, Alejandro Cuerda Lorenzo; la consejera de Cultura, Carmen Conesa, así como senadores, diputados y miembros de la Corporación Municipal.
«Todo esto me parece excesivo, pero bueno, estoy aquí, así que habrá que afrontarlo con naturalidad», esgrimía Reverte, quien no perdió la oportunidad de agradecer a la alcaldesa, a la Armada Española, «tan vinculada a tantas cosas en mi memoria y en mis afectos» y al Instituto que lleva su nombre. También tuvo palabras de agradecimiento para Julio Domínguez y Miguel Martínez, «unos amigos que han estado batallando en la sombra también por esto y no puedo olvidarlos».

Pérez-Reverte firmando ejemplares a sus lectores / Iván Urquízar
Entre vuelta y vuelta para contemplar al capitán, Reverte explicó que esta aventura con el protagonista de su saga comenzó cuando visitaba «por enésima vez» el Museo del Prado: «Yo estaba un día contemplando La rendición de Breda y me di cuenta de algo de lo que nunca me había percatado hasta ese momento, y al salir escribí un artículo titulado La fiel infantería, que terminaba diciendo: ‘Nosotros, la infantería fiel del rey católico, hicimos el trabajo duro, pero en el cuadro apenas se nos ve. Nos tapan, y no es casualidad, los generales, el caballo y la bandera’. Así que decidí contar la historia de esas lanzas, de los hombres que estaban detrás, esos nombres anónimos que hicieron el trabajo duro durante muchos siglos». También recuerda observar en el libro de Historia de España de su hija Carlota, que entonces solo tenía 12 años, «lo poquito que se hablaba de esa España que tuvo a medio mundo agarrada por el pescuezo y estuvo en guerra con el otro medio mundo. Como le dice Sebastián Copons a Íñigo Balboa en la batalla de Rocroi, ‘cuenta lo que fuimos’».
«Es a esos hombres mal tratados a quien realmente se dirige este homenaje», dijo el escritor
El autor confesó que «disfrutó» al saber que «a unos les molestó que hablara de la parte oscura de España y a otros que hablara de la parte gloriosa, lo cual quiere decir que era el libro adecuado en ese momento».
Sin siquiera echar un vistazo al papel del discurso, citó unos versos «de esos que uno aprende cuando es pequeño y ya no se olvidan», del poeta andaluz Bernardo López García, que resumen el propósito con el que se ha esculpido la figura: «‘Desde la cumbre bravía que el sol indio tornasola, hasta el África, que inmola sus hijos en torpe guerra, ¡no hay un puñado de tierra sin una tumba española!’». El escritor de El club Dumasno se cansa de repetirlo: «Es a esos hombres, mal pagados, mal tratados y abandonados a menudo, a quien realmente se dirige este homenaje».
Tras estas palabras, unos estruendosos aplausos pusieron punto final al acto de inauguración, y un satisfecho Reverte se retiraba perseguido por olas de fotógrafos y de lectores cargados con libros, que no querían quedarse sin su firma.















