Después de la verja de Gibraltar

Queda muy bonito decir, como hace Pedro Sánchez, que tras la retirada de la verja de Gibraltar “cae el último muro de Europa continental”. Nadie desea que existan barreras, ni tampoco esos muros, incluso políticos, como los que parece haber propiciado desde su llegada al poder el presidente, dividiendo a la sociedad española. En el Peñón los ciudadanos se muestran eufóricos, pues el libre tránsito de personas y mercancías era una demanda conocida. Pero las cosas conviene hacerlas con ‘sentidiño’, de forma que una decisión interpretable como positiva, no acarree consecuencias indeseadas. De los 15.500 trabajadores que diariamente cruzan la frontera, el 70% son españoles. Tenían que esperar colas interminables, lo cual perjudicaba ya no sólo su desempeño laboral, sino también esa tan necesaria conciliación familiar. El problema aquí es que todavía no sabemos cómo se beneficiarán de los servicios sociales, educativos y médicos dentro de la Roca. Asimismo, no sé yo si ahora sus títulos y sus estudios serán homologados allí sin esa tediosa y enrevesada burocracia que generaba siempre tanta fatiga y frustración.

Fuente