La llegada del verano es sinónimo de chapuzones, sal en la piel y días interminables junto al mar. Sin embargo, en ocasiones, la presencia de medusas puede empañar esta estampa idílica. Ahora personal investigador del campus de Gandia de la Universitat Politècnica de València y la Universidad de Alicante ha desarrollado una posible solución a este problema.
El equipo coordinado por Jaime Lloret (UPV), junto a Sandra Sendra, Lorena Parra y Alberto Ivars, ha trabajado durante más de cinco años en el desarrollo de una boya flotante antimedusas que protege a los bañistas de sus picaduras sin causar molestias a estos animales. Esta tecnología actúa como barrera disuasoria, por lo que frena la llegada de medusas a la costa y reduce, así, el riesgo de picaduras en las zonas de baño.
La boya, completamente inofensiva y sostenible, incorpora distintos componentes electrónicos, fuentes de energía y bobinas que generan campos electromagnéticos capaces de alterar el movimiento de las medusas y dificultar su aproximación a la zona de baño. De este modo, su desplazamiento queda temporalmente limitado, aunque las medusas recuperan su movilidad habitual al salir del radio de acción del dispositivo, ya sea por efecto de las corrientes o la gravedad.
“El movimiento de las medusas se basa en pulsaciones mediante las cuales contraen su umbrela para generar un flujo de agua que les permite desplazarse. Mediante la creación de campos electromagnéticos es posible reducir ese número de pulsaciones e incluso paralizarlas temporalmente, lo que disminuye su capacidad de movimiento y control de su posición”, explica Lloret.
Efecto disuasorio
Las boyas generan, por tanto, un efecto disuasorio inmediato sin causar daño a las medusas ni generar residuos que afecten al medio marino. “El sistema es completamente inofensivo y, una vez fuera del radio de acción del dispositivo, las medusas pueden desplazarse con normalidad”, añade César Bordehore, coordinador del grupo de investigación de la Universidad de Alicante.
Además, a diferencia de las barreras físicas tradicionales, que pueden afectar a otras especies, este sistema actúa de forma específica sobre las medusas, por lo que no generan ningún impacto negativo en el resto de la fauna marina. Las boyas también destaca por su menor coste y menor necesidad de mantenimiento. “Los principales elementos del dispositivo se concentran en la boya flotante, lo que facilita el acceso, la reparación y la sustitución de componentes”, señalan los investigadores.
La boya incorpora, además, sensores desarrollados por el equipo del campus que permiten medir parámetros del agua como la temperatura, la turbidez, la clorofila y los niveles de oxígeno. Esta investigación forma parte de la Cátedra del Mar y la Sostenibilidad del Sector Náutico, cuyo objetivo es impulsar la investigación, la innovación y la divulgación científica en el ámbito marino y promover la transición hacia modelos de gestión más sostenibles.
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