El número de personas expuestas a estrés térmico peligroso en todo el mundo ha aumentado drásticamente durante el último medio siglo, impulsado por el cambio climático, según un nuevo estudio. Se trata de un récord silencioso que ya afecta a mil millones de personas en todo el planeta.
La exposición al estrés térmico ha aumentado de forma sostenida en todo el mundo durante las últimas cinco décadas: del 16 % al 22 % de la población, según una investigación publicada en la revista Nature Climate Change y liderada por el Centro Europeo de Previsiones Meteorológicas a Plazo Medio (ECMWF, por sus siglas en inglés).
Según detalla Phys.org en base a datos de AFP, el incremento equivale a alrededor de mil millones de personas más sometidas cada año a calor extremo, en un contexto de olas de calor más intensas, noches más cálidas y menor capacidad del cuerpo para recuperarse. En este contexto, el calor ya no es solo una molestia estacional, sino un factor de riesgo global que se está expandiendo con rapidez.
El problema de las noches y el descanso
El estudio reconstruye la evolución del estrés térmico entre la década de 1970 y el periodo 2015-2024 y concluye que la presión sobre la salud humana ha crecido en todos los continentes. La investigación utiliza el Índice Universal de Clima Térmico (UTCI), que traduce la sensación térmica en función de la temperatura, la humedad, el viento y la radiación.
Con ese indicador, el trabajo muestra que la población expuesta al menos a un día anual de estrés térmico extremo pasó del 16 % al 22 % en medio siglo. De esta manera, existe una parte mucho mayor del planeta que ya entra cada año en un umbral de calor potencialmente peligroso.
El cambio no se limita a los picos diurnos: las noches tropicales también se han intensificado, con un aumento más rápido de las temperaturas mínimas nocturnas que de las máximas diurnas. En términos globales, las noches más cálidas han empeorado la capacidad del cuerpo para enfriarse y descansar, justo cuando la recuperación fisiológica resulta más necesaria para reducir el riesgo sanitario.
El fenómeno crece en intensidad pero también en extensión: afecta a regiones antes impensadas. / Crédito: Eelco Böhtlingk en Unsplash.
Expansión geográfica
Otra señal preocupante es la extensión geográfica del fenómeno: regiones que históricamente estaban menos expuestas al calor severo, como partes de Norteamérica, el Reino Unido o Escandinavia, ya registran episodios de “sensación térmica” mucho más alta que en décadas anteriores. En el sur de Europa, África y América del Sur, además, se observan hasta 50 días más al año con al menos estrés térmico fuerte en algunas zonas subtropicales.
Referencia
Global heat stress intensification and its expanding footprint on the human population. Rebecca Emerton et al. Nature Climate Change (2026). DOI:https://doi.org/10.1038/s41558-026-02670-5
El trabajo también detecta un crecimiento de las exposiciones prolongadas. Mientras que en los años setenta el 55 % de la población mundial sufría al menos 90 días anuales de estrés térmico fuerte, ahora esa cifra alcanza el 70 %. El resultado es una mayor acumulación de días y noches consecutivas de calor, un patrón que agrava los impactos sobre la salud, especialmente en personas mayores, niños y población con enfermedades previas.
Los investigadores concluyen que el estrés térmico ya no debe entenderse como episodios aislados, sino como una tendencia estructural asociada al calentamiento global. Y, según los autores, la amenaza no solo crece durante el día: también lo hace cuando cae la noche, cuando el cuerpo pierde su última oportunidad de recuperar el equilibrio.














