Nadie quería perderse la misa del Papa en la Sagrada Família. Ni las principales autoridades del Estado -los Reyes Felipe VI y Letizia, y el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez– ni las de Cataluña -el president Salvador Illa; el presidente del Parlament, Josep Rull; y el delegado del Gobierno, Carlos Prieto-, ni tampoco el alcalde de Barcelona, Jaume Collboni, ni buena parte de los diputados de la Cámara catalana. No solo los más fieles querían hacerse un hueco en una celebración religiosa, sino también aquellos curiosos que, aunque no sean creyentes, querían «formar parte de la historia». «También hay algo de FOMO», explica uno de los cargos políticos que ha asistido a la ceremonia, aludiendo al concepto inglés ‘Fear Of Missing Out’ que podría traducirse como la ansiedad que surge al creer que otros están viviendo experiencias de las que uno mismo está ausente.
La celebración de la santa misa en la basílica de la Sagrada Família es el principal motivo que impulsó el viaje del Papa por el Estado. Illa le pidió, durante su visita al Vaticano en octubre de 2025, que acudiera este 10 de junio a Barcelona en el marco del centenario de la muerte de Antoni Gaudí para bendecir el punto más alto del templo, la Torre de Jesús, de 172,5 metros, que culmina el proyecto arquitectónico del templo, al tiempo que reconoce el esfuerzo y la perseverancia de generaciones que han contribuido a levantarlo.
Entre centenares de obispos, también se ha situado la presidenta del Congreso, Francina Armengol, y 14 ministros del Gobierno -las vicepresidentas segunda y tercera, Yolanda Díaz y Sara Aagesen; los ministros José Manuel Albares (Exteriores), Félix Bolaños (Presidencia), Margarita Robles (Defensa), Arcadi España (Hacienda), Fernando Grande-Marlaska (Interior), Óscar Puente (Transportes), Jordi Hereu (Industria), Ángel Víctor Torres (Política Territorial), Isabel Rodríguez (Vivienda), Ernest Urtasun (Cultura), Diana Morant (Ciencia) y Ana Redondo (Igualdad)- y todos los consellers del Govern, incluido el secretario, además de la presidenta de la Diputación de Barcelona, Lluïsa Moret. Tampoco han faltado a la misa los expresidents Jordi Pujol y José Montilla.
Los expresidents Jordi Pujol y José Montilla en la Sagrada Família durante la visita del Papa. / Ferran Nadeu
Las invitaciones para las autoridades políticas se han gestionado desde el Govern y el Parlament en línea directa con la Sagrada Família y el Arzobispado de Barcelona. Fuentes conocedoras de estas gestiones explican que cada grupo parlamentario ha tenido a su disposición un acceso para el presidente y otro para el portavoz, igual que los miembros de la Mesa de la Cámara, y todos podían acudir con un acompañante. Por eso, ERC ha registrado una nutrida representación con Raquel Sans, Juli Fernández, Josep Maria Jové, Ester Capella, Marta Vilalta y Joan Ignasi Elena; mientras que del PP y de Vox solo han querido hacer uso de su acceso Alejandro Fernández e Ignacio Garriga. Por parte del PSC han asistido Elena Díaz, Judit Alcalá y Rosa Ibarra; mientras que por Junts han acudido Jordi Turull, Mònica Sales, Josep Maria Cruset, Glòria Freixa y Jordi Martí. Ningún dirigente de los Comuns ni de la CUP ha asistido al evento, como tampoco lo ha hecho ningún representante de Aliança Catalana.
Los precedentes
Barcelona ha vivido la tercera gran jornada ‘papal’, después de la de Juan Pablo II en 1982 y la de Benedicto XVI en 2010, y en todas ellas se ha solemnizado su vínculo con la Sagrada Família, pero en esta ocasión la representación institucional ha sido, de lejos, la más nutrida. El 7 de noviembre de 1982, Karol Józef Wojtyła fue recibido por el entonces alcalde de la ciudad, Narcís Serra, y bendijo el ábside de la basílica, y justo 28 años después, Benedicto XVI la consagró oficialmente, al tiempo que la declaró basílica. La representación institucional fue mucho más nutrida en esta segunda visita de un Papa, ya que se reunió con Juan Carlos I y la entonces reina Sofía en el museo de la Sagrada Família, junto con el entonces arzobispo de Barcelona, Lluís Martínez Sistach.
El entonces presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, rechazó asistir a la misa para preservar la aconfesionalidad del Estado y delegó su representación en el entonces ministro de Presidencia, Ramón Jáuregui, una ausencia que fue duramente criticada por la oposición. «Queremos ser libres, la moral se la impone uno», alegó Zapatero al cabo de unos días, en un mitin de campaña de Montilla para las elecciones catalanas. El entonces president recibió al Papa con una corbata amarilla en alusión a la bandera del Vaticano, y a la misa asistieron el entonces presidente del Congreso, José Bono; el exdelegado del Gobierno en Catalunya, Joan Rangel; el entonces alcalde de la ciudad y ahora ministro de Industria, Jordi Hereu; y el entonces presidente del Parlament, Ernest Benach.
Este miércoles la representación política ha sido mucho más numerosa, pero también más entregada, ya que Illa ha confesado que «el mensaje del Papa es muy pertinente» y, a su juicio, «conecta con la inmensa mayoría de los catalanes», aunque crea que el Estado es y debe ser aconfesional.
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