El póker del Barça de La Masia que Kang no pudo comprar

“El nostre camí. Present i futur” (“Nuestro camino. Presente y futuro”). El lema elegido por el FC Barcelona para celebrar la cuarta Champions League conquistada este sábado en Oslo no puede reflejar mejor lo que es este equipo y cómo se alcanzó otro hito histórico, culminando el segundo póker de la historia culé después de haber ganado este curso ya Liga, Copa y Supercopa.

Los orígenes del Barça femenino se remontan a los años setenta, pero no fue hasta 2015 que el club apostó por la profesionalización del fútbol femenino. En diez temporadas como profesionales han jugado siete finales de Champions y han ganado cuatro, dejando la portería a cero en tres de ellas y alcanzando al Frankfurt como segundo equipo con más títulos continentales, reduciendo la distancia respecto al omnipotente OL Lyonnes, que lleva ocho y que, después de ser arrollado ayer por el Barça, cada vez es menos poderoso.

Se presentaba el duelo como una lucha de poderes. El de la apuesta por una identidad propia, por la Masia, por un ADN y una química con la afición que ha llevado en volandas al Barça a campeonar allí por donde va, frente al poder del dinero del imperio de Michele Kang. La magnate estadounidense de origen coreano ha intentado expoliar al Barça fichando sus piezas clave a golpe de talonario. Se llevó al arquitecto, Markel Zubizarreta; más tarde, al entrenador, Jonatan Giráldez; y el verano pasado pescó en el vestuario con Engen, y ni así.

El triunfo del Barça en Oslo fue la victoria del fútbol, de los ideales, del modelo, de la filosofía y de la apuesta por unos valores que hacen al equipo femenino del Barça un club único que enamora allí por donde va, con una mezcla única de veteranía, experiencia y juventud, con el denominador común del talento, la ilusión y el hambre de títulos.

El Barça llegó a Oslo con el mal recuerdo de la final de Lisboa, donde sucumbió ante un equipo inferior. Durante la temporada se ha trabajado mucho con ese partido en tierras lusas en la cabeza. Por aquel entonces, el cuadro culé se mostró incapaz de reaccionar ante el Arsenal, y no podía volver a ocurrir.

Llegar a Oslo había sido más complicado de lo normal por culpa de las lesiones que durante toda la temporada han afectado a piezas clave. No disponer durante cinco meses de la mejor jugadora del mundo suele ser un peaje eliminatorio para muchos, pero el Barça es una pléyade de estrellas que se complementa con cracks emergentes que no han alcanzado la veintena y que sobre el césped actúan como veteranas.

Es cierto que la suerte que le faltó al equipo con las lesiones la tuvo en el sorteo de las fases eliminatorias de la competición, dejando a OL Lyonnes, Arsenal, Chelsea y Wolfsburgo en el lado opuesto, y cruzándose en cuartos con un Madrid a años luz de las azulgrana y en semifinales con un Bayern al que en la fase de grupos le habían ganado 7-1. Las alemanas batallaron y las culés descubrieron que, para derrotar al cuadro de Jonatan Giráldez y cobrarse todas las facturas pendientes —algunas más de la cuenta—, tenían que ser infalibles en los detalles.

Y así ocurrió. Cata Coll mantuvo vivo al equipo con paradas de crack cuando las francesas acuchaban y Pajor y Salma ejecutaron con sendos dobletes en la segunda para firmar un 4-0 que entra con letras de oro en la historia del fútbol.

El Barça ha vuelto y, viendo el nivel de jóvenes que suben, aunque en las próximas semanas vaya a haber salidas dolorosas y de peso, si se refuerza bien y se mantiene el camino, vayan reservando hotel en Varsovia, plaza de la próxima final.



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