“Era mi única salida. Creía que venían a matarme. Me entró el pánico y salté por la ventana”. Así ha relatado Pablo D. L., lo sucedido en su casa de València cuando la Guardia Civil llamó a su puerta con una orden de entrada y registro. Para huir se encaramó a la ventana y saltó al patio de luces desde un quinto piso, causándose importantes fracturas óseas que le obligaron a estar hospitalizado.
La Sección Quinta de la Audiencia de València ha juzgado este lunes a un hombre acusado de un delito contra la salud pública tras comprar droga alfa-PiHP por internet y recibirla en su casa a través de una empresa de mensajería. La Fiscalía solicitaba, en principio, cuatro años de cárcel por un delito contra la salud pública. La defensa pide la libre absolución y, en el caso de condena, que se contemple la atenuante de drogadicción.
Dos envíos a su casa
Los hechos se produjeron en dos días. El primero, el 27 de febrero, cuando una empresa de mensajería de Picanya detectó el envío de droga desde Holanda a una dirección en València y se alertó a la Guardia Civil de Paiporta. Tras analizar el contenido y comprobar a quién iba dirigido, se hizo una entrega controlada. El segundo, a los pocos días, el 6 de marzo, con un nuevo envío de las mismas características y destinatario que motivó la petición al juzgado de una orden de entrada y registro de la vivienda.
El responsable de la investigación explicaba en el juicio que acudieron a su casa y llamaron a la puerta, pues tenían todos sus datos y pretendían arrestarlo de forma discreta. Los agentes de la Guardia Civil se encontraron con la negativa a abrir la puerta y, al pedir refuerzos a los cinco minutos, consiguieron entrar a la fuerza.
«Jaleo en el patio de luces»
El agente narraba ante el tribunal que nada más entrar vieron la ventana abierta y, al asomarse, comprobaron que abajo, en el patio de luces, “había jaleo con varias personas alrededor, una patrulla de la Policía Nacional y una ambulancia. Y vimos que era Pablo”.
En el registro de la vivienda, la Guardia Civil encontró dentro de un cubo de fregar con agua y lejía “una pasta blanca con tropezones” en referencia a la droga alfa-PiHP que fue tirada a su interior.
Además, revisando la casa, hallaron restos de más sobres llegados de la empresa de mensajería, así como un pequeño invernadero con seis plantas de marihuana.
La DANA se llevó los dispositivos electrónicos
Del ordenador portátil localizado en la vivienda y el teléfono móvil del acusado, que fue intervenido por la Guardia Civil, no se pudo extraer ningún dato porque estaba en el Cuartel de Paiporta “y se lo llevó la dana” explicaba el responsable policial. Es más, señalaba que al no poder acreditar la identidad del remitente, no se pudo solicitar la colaboración de las autoridades holandesas para dar con el vendedor de la droga.
Como testigo comparecía el padre del acusado y explicaba que tanto él como su mujer colaboraban económicamente en la manutención de su hijo, asignándole 150 euros semanales, además de la prestación por desempleo que percibía. “Estuvo trabajando de diseñador gráfico, de camarero, pero se quedó en el paro” relataba su progenitor para explicar su situación.
Problemas de movilidad
El padre reconocía que ahora su hijo reside con ellos en una ciudad de Andalucía “porque tiene problemas de movilidad por el accidente que tuvo”. De hecho, el acusado ha acudido al juicio con muletas y dificultad para caminar.
Por último, el padre explicaba ante los magistrados que su hijo tenía depresión, obsesiones y sufría paranoias, aunque no consumía drogas “que yo supiera, pues nunca lo vi” relataba, aunque señalando que «sospechaba que sí».
La droga incautada, según el informe de la perito, “es una droga sintética muy potente, parecida a la metanfetamina, de familia similar a la alfa-PVP conocida como flakka, ya fiscalizada hace años”.
«Me entró pánico y salté»
Pablo D. L., en su comparecencia ante el tribunal, explicaba que se inició en el consumo de la droga alfa en casa de un amigo y le iba bien para su depresión, reconociendo que adquirió cuatro paquetes, aunque se le incautaron dos.
Y sobre el porqué no abrió la puerta a la Guardia Civil explicaba que “había consumido y estaba sentado mirando la televisión. Oí golpes fuertes en la puerta diciendo que abriera. Me dio que venían a matarme. Y cuando escuché que iban a romper la puerta, me entró pánico y vi la ventana como la única salida y me tiré”.
Reconocía el acusado que la droga comprada era para autoconsumo y que no había balanza de precisión, recortes o apuntes de nombres y deudas en su casa. El juicio quedaba, este lunes, visto para sentencia.















