El del domingo no será un partido más en el Metropolitano. Será el día de Antoine Griezmann. El de su despedida de la afición del Atlético de Madrid. El último baile del francés en la que ha sido su casa durante muchos años, y en la que ha forjado una leyenda que le sitúa como el máximo goleador de la historia del club rojiblanco.
La noche que muchos no querían que llegara. Pero el tiempo pasa. Y a sus 35 años, El Principito ha decido poner punto y seguido a su etapa en el conjunto colchonero para continuar su carrera en Estados Unidos, en la MLS, tal y como deseaba.
Será el protagonista de una jornada que arrancará con el duelo del Atlético ante el Girona a las 19 horas y que terminará con el homenaje que la entidad y la afición brindará a uno de los jugadores más importantes de la historia reciente de los rojiblancos. Desde el club no se quiere desvelar nada de un acto en el que el galo estará acompañado por su familia y amigos. Muchas sorpresas y sobre todo, mucha emoción que estará a flor de piel en un futbolista que ha dejado claro en más de una ocasión su sentimiento por el Atlético de Madrid, compartido por su mujer, Erika, y sus hijos.
Sí que recibirá una camiseta histórica desde la grada, algo que en su día ya tuvieron Diego Godín, Ángel Correa o Juanfran Torres, que también recibieron el cariño de los seguidores en su último partido con la rojiblanca en el coliseo de la Avenida de Luis Aragonés.
Curiosamente, el del Girona será su partido 500 como colchonero, en los que ha logrado 212 tantos entre el Vicente Calderón y el Metropolitano, repartiendo también 94 asistencias. Si nada ocurre, Griezmann será titular y liderará el ataque del conjunto madrileño, que aún tiene el objetivo de acabar tercero en LaLiga, para lo que ya depende de sí mismo tras la derrota del Villarreal frente al Sevilla en La Cerámica.
«Que no se acabe nunca ese domingo», escribió Álex Baena en redes sociales contestando a una publicación del Atlético en la que anunciaba el último baile de Griezmann en el Metropolitano. El galo ha sido clave en la integración del almeriense en el vestuario. Un gran apoyo en sus peores momentos, que este curso han sido muchos, y un espejo en el que mirarse.
No será la despedida soñada del Principito, que quería decir adiós con un título. Lo rozó en Sevilla, en la final de la Copa del Rey Mapfre. Los penaltis lo impidieron. Otra vez. Y se acercó a la última instancia de la Champions League. No pudo ser. No se irá celebrando en Neptuno, pero sí con lo más importante, con el reconocimiento de una afición, unos compañeros, un cuerpo técnico y un club en los que ha dejado huella.















