Con Gipuzkoa empezó y acaba todo. El primer triunfo del proyecto de esta campaña comenzó en la tercera jornada visitando a los vascos y con una prórroga de por medio (95-96). El círculo se cerró en Compostela en una última jornada en la que el Monbus Obradoiro tenía el ascenso en su mano y cerró con fuerza su puño para atarlo. Lo hizo respaldado por su incansable afición. Y es que el obradoirismo hizo de la Caldeira un infierno para el rival, llevando a su equipo hasta el triunfo. Porque todos xuntos es el lema que mejor se ha reflejado en esta campaña.
Sar empezó a ganar mucho antes del salto inicial. Desde las 16.30 horas, la fan zone instalada en la entrada del Multiusos convirtió la previa en una romería obradoirista, con puestos para tomar algo, para comer y una pantalla gigante en el lateral del recinto preparada para que nadie se quedase fuera de una noche que Santiago llevaba tiempo esperando. Eso sí, hasta pasadas las seis de la tarde no empezó a haber el ruido propio de una buena previa. Los que tenían entrada apuraban las horas con el cosquilleo de las grandes citas; los que no, buscaban igualmente su sitio alrededor del pabellón, conscientes de que el ascenso también se podía vivir desde la puerta, desde la calle, desde cualquier rincón en el que latiera el Obra.
El recibimiento al equipo fue el primer gran estallido de la tarde. Una multitud de aficionados aguardó la llegada de los jugadores para recordarles, antes incluso de vestirse de corto, que no estaban solos. Bengalas emocionales, gargantas preparadas, móviles en alto y ese ruido tan particular de las noches en las que Sar hace algo más que animar, porque empuja. El mensaje era sencillo y poderoso: había que ganar, pero había que hacerlo todos juntos. Desde ahí, el partido empezó a parecer algo más que un partido.
Los jugadores comenzaron a llegar alrededor de las 19.10 horas, recibidos por el humo de rojo y azul obradoirista, los cánticos fueron la sinfonía que los acompañó en la entrada y las sonrisas de los aficionados, con banderas, bufandas y fotos de las caras de los jugadores cerraban el cuadro que componía la previa de una noche para la historia.
En el Multiusos
Dentro, el Multiusos se convirtió en la Caldeira desde mucho antes del inicio. Sar no dejó de animar desde que los primeros aficionados cruzaron las puertas del pabellón, marcando el ritmo de una grada que no necesitó esperar al balón al aire para sentirse protagonista. Las peñas, además, guardaban una sorpresa para los jugadores: un tifo preparado para vestir Sar de ocasión histórica, para que el equipo levantase la vista y entendiese de un solo golpe todo lo que había en juego. No era solo una jornada final. Era una ciudad entera tratando de empujar a su equipo de vuelta al lugar del que cayó.
También estaba preparado un operativo policial para asegurar el día y para evitar una posible invasión a la pista. Desde el club lo tenían todo previsto para tratar de celebrar dentro de Sar sin salirse de control y llevar la fiesta al exterior. Porque era un día llamado a la celebración en comunión. Entre los que entraron y los que no.
La ocasión era imperdible, hasta el punto de que la mismísima presidenta de la Federación Española de Baloncesto, Elisa Aguilar, acudió al Fontes do Sar para vivir el encuentro que iba a definir al campeón de la categoría desde un palco en el que se encontraban el presidente de la Xunta, Alfonso Rueda; la alcaldesa de Santiago, Goretti Sanmartín; el conselleiro de Presidencia, Xustiza e Deportes, Diego Calvo; el diputado provincial responsable de Deportes, Antonio Leira; el presidente de la Federación Galega de Baloncesto, Julio Bernárdez; la concejala de Deportes de Santiago, Pilar Lueiro; o la empresaria Lupe Murillo. Porque no solo se jugaba el ascenso directo en Sar, sino el título de la Primera FEB. También, y como no podía ser de otra forma, la plantilla al completo estuvo en el banquillo. Convocados y no convocados. Lesionados y sanos. Todos unidos.
El pabellón quedó mudo con el minuto de silencio en honor de Chelo Astorgano, la esposa del expresidente del Obradoiro, José Ángel Docobo, quien vivió muchos sinsabores para mantener vivo un club por el que casi nadie apostaba y ganar el litigio que llevó de nuevo al equipo a ACB.
Y después llegó el Miudiño, que se repitió a un minuto y medio del dulce regreso a ACB. El de siempre, pero distinto. El tradicional canto sonó con Sar a reventar, con el pabellón lleno hasta el último rincón y con esa mezcla de emoción, miedo y orgullo que solo aparece en los días grandes. Fue el instante en el que la noche dejó de pertenecer al calendario y pasó a formar parte de la memoria. Después vino el partido, la tensión, el marcador y el desenlace. Pero el ambiente ya había contado una parte de la historia: Santiago quería volver a la ACB. Y Sar, una vez más, hizo todo lo que estaba en su mano para llevar al Obradoiro hasta allí, en una gesta que continúa hoy sábado con la recepción oficial al equipo en el Pazo de Raxoi a las 17.30 horas.
Un periplo de dos temporadas
El descenso marcó un antes y un después en Compostela. Un club roto en innumerables aspectos que naufragaba en la segunda categoría del baloncesto español. Pero las heridas sanan y las costuras fueron llegando. Cambio de caras, de ideas y de proyecto. Arrancaba el camino por la rebautizada Primera FEB.
El primer curso sirvió para dos cosas. La primera, conocer desde dentro de la categoría. No se acertó con el presupuesto y las piezas, algo que pasó factura a más de uno con un desenlace que estuvo lejos de lo esperado. La segunda y más importante, para apostar por el mayor patrimonio del club, la afición. Porque el obradoirismo respondió y superó las cifras de los últimos años en ACB.
El desenlace fue la derrota en playoffs ante Palencia. Pero sirvió como una buena lección para conocer el nivel de la categoría y para saber con qué quedarse y qué dejar ir. Héctor Galán siguió al frente como director general y encontró al entrenador idóneo, Diego Epifanio, quien ya había ascendido con el Burgos, el Breogán y el Leyma Coruña. Juntos, tomaron las decisiones apropiadas para construir un proyecto ganador. Uno que empezó con miedo para muchos.
Los dos primeros resultados fueron derrotas contra rivales con objetivos más humildes. A ello, se juntaban las lesiones. Pero el equipo se estaba empezando a amoldar y asentar. Así, con Gipuzkoa llegó el primer triunfo, muy peleado. A partir de ahí, el juego de los de Epi fue a más y lograron grandes gestas y rachas. Ninguno de los principales candidatos al ascenso pudo con ellos, ni el propio Leyma Coruña.
De este modo, una temporada que parecía que se complicaba y en la que el ascenso directo era una utopía, se convirtió en una fantasía real. Porque con mucho trabajo y fe en el proyecto, el equipo logró lo imposible e igualó a la naranja mecánica que fue el Leyma Coruña. Con el average en la mano se llegó a este choque con el Gipuzkoa y sucedió lo que tenía que pasar. El Obradoiro ganó el partido, el título y, sobre todo, el ansiado regreso a una ACB que ya echaba de menos a Compostela.












