Primero fueron murmullos; luego, desconcierto. Los trabajadores de una de las decenas de centros de control que hay en España no se quedaron sin luz el 28 de abril de 2025, como sí ocurrió en el resto del país, porque contaban con sus propios generadores. Sin embargo, las pantallas que supervisan en tiempo real sus centrales de generación se llenaron de ceros rojos: algo no funcionaba. Al principio, pensaron que era un fallo del programa informático, pero la confirmación llegó casi de inmediato a través de mensajes de alerta de Red Eléctrica de España: era un apagón de alcance nacional.
Así lo relatan algunos de los encargados de levantar el sistema y devolver la electricidad al país a EL PERIÓDICO, conscientes de que vivieron un momento histórico desde su puesto de trabajo, al que muchos tuvieron que ir andando, en bicicleta o, incluso, escoltados por la policía. Reponer el suministro de electricidad no pasa por encender y apagar interruptores, sino que se trata de un proceso complejo que afecta a miles de instalaciones y cuyo desarrollo debe ser ordenado y controlado porque un fallo en una zona puede propagarse como un efecto dominó a lo largo de toda la red.
Ese día había un único director de orquesta: Red Eléctrica, encargada de dar indicaciones a las eléctricas. Y la partitura era de sobra conocida por todos los participantes: los planes de reposición. Pero eso no eliminaba la dificultad a la que debían hacer frente: iniciar el sistema desde cero, lo que requería una precisión milimétrica para mantener en cada instante un equilibrio perfecto entre generación y demanda. “Hacemos pruebas y simulacros de incidentes, incluido de un cero nacional, aunque la realidad siempre supera cualquier ensayo previo”, reconoce uno de los encargados de encender la luz ese 28 de abril. Y así fue.
Rapidez de las interconexiones
La reposición comenzó oficialmente 11 minutos después del gran apagón, cuando a las 12:44 la subestación de Hernani recibió tensión desde la interconexión con Francia y 23 minutos después el suministro eléctrico empezó a llegar al País Vasco, la primera comunidad en recuperar el suministro. Los primeros consumidores que recibieron electricidad desde la red nacional sumaron 31 megavatios (MW), lo que equivaldría al consumo simultáneo de entre 6.000 y 10.000 hogares, si se tiene en cuenta que un hogar promedio consume aproximadamente entre 3 y 5 kilovatios. Al País Vasco le siguieron áreas de Cataluña y Andalucía tan solo una hora después del apagón.
Los planes de reposición contemplan, por un lado, utilizar las fuentes de tensión disponibles tras el incidente. En este caso, las interconexiones con Francia y Marruecos, lo que explica que lo que primero se energizó fueran las zonas colindantes. Y, por otro lado, las centrales hidráulicas con capacidad de arranque autónomo, denominadas centrales ‘black-start’, que no necesitan energía para funcionar porque al abrir compuertas, el agua embalsada fluye hacia las turbinas y genera electricidad de forma mecánica.
Una vez se arrancan las centrales hidráulicas se crea una isla local (una parte de la red que opera desconectada del resto) y se da tensión a la red de transporte y a otras centrales (ciclos combinados y nucleares, que requieren energía externa para funcionar de forma segura). De esta forma, se reconstruye el ‘esqueleto’ del sistema eléctrico, para luego conectar a los consumidores de manera gradual y siempre bajo la consigna de Red Eléctrica, encargada de pedir a las empresas la cantidad de generación y demanda que debían ir conectando en cada momento. La entrada del consumo prioriza en la red de transporte a los grupos urbanos y la gran industria y, después, los núcleos rurales. Y en la red de distribución a cargas críticas, hospitales, aeropuertos, alumbrado público, semáforos, telefonía fija y móvil, así como a Renfe y Adif.
Creación de islas eléctricas
Así, a las 13.30 se creó una isla alrededor de la central hidroeléctrica de Ribarroja (entre Aragón y Cataluña), para alimentar a las centrales nucleares catalanas de Ascó y Vandellós. En torno a las 15:07, todas las centrales nucleares tenían garantizada la alimentación desde el exterior y ocho minutos después se acopló el primer ciclo combinado. Se formaron islas en las zonas de Duero, Tajo, Galicia, Levante, Aragón, Asturias y Cantabria que, de forma paulatina, se fueron fusionando entre ellas en un proceso complicado que requieren hablar el mismo idioma eléctrico (frecuencia, tensión y ondas).
El proceso no fue perfecto. Red Eléctrica había calculado que se necesitaría entre 6 y 10 horas para recuperar todo el suministro, aunque finalmente fueron 16 horas. El informe del Gobierno atribuye el retraso a que en algún caso las centrales ‘black-start’ no pudieron arrancar de forma autónoma y tuvieron que hacerlo con tensión de las interconexiones. No fue el único fallo del proceso, en otros casos el problema fue la sincronización entre dos islas, lo que obligó al operador del sistema a optar por cambiar a uno de los miembros de la pareja por otro. No ocurrió a la inversa, que se conectara consumo que al cabo de un rato volviera a quedarse sin luz.
Además, varias distribuidoras no pudieron actuar de forma remota en algunas subestaciones, lo que obligó al desplazamiento de equipos, incrementando el tiempo hasta la plena reposición. Y hubo algunas dificultades en las telecomunicaciones, tanto entre los centros de control y los equipos desplazados, como, en algún caso, entre el centro del control del operador del sistema y los centros de control de distribución, según el citado informe del Gobierno.
Una historia de éxito
Pese a todo, la reposición fue un gran éxito. A las doce de la noche se había recuperado más del 60% de la demanda y a las 7 de la mañana del 29 de abril se alcanzó el 99,95%. Lejos de los dos días que duró la reactivación del suministro en Italia en 2003 o los tres días del apagón de Texas en 2021. “La reposición del servicio se hizo de una manera tan eficiente que se está estudiando por otros países”, presumió la presidenta de Redeia, matriz de Red Eléctrica, Beatriz Corredor, en la comisión de investigación sobre el apagón del Senado.
“Se hubiera hecho mucho más rápido si todas las unidades de generación que tenían obligación de funcionar de forma autónoma, con especial mención para las centrales hidroeléctricas, hubieran estado a la altura de lo que la normativa les exige”, añadió, lanzando un dardo a las compañías, con quienes mantiene una encarnizada batalla desde hace un año a cuenta del reparto de responsabilidades del cero eléctrico, a pesar de que estas furon parte indispensable del éxito de la reposición y que siempre han aplaudido la labor del operador del sistema durante el proceso de reanudación del suministro.
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