Donald Trump calmó algunos temores europeos al rectificar y anunciar el envío de 5.000 soldados adicionales a Polonia. Pero dejó claro, a través de Marco Rubio, que no cuenta con sus aliados ni para la toma de decisiones ni para rebocarlas. «La OTAN debe entender que tenemos que reducir tropas en Europa porque tenemos otras obligaciones en marcha», afirmó Rubio, al término de la reunión de ministros de Exteriores de la Alianza celebrada en Helsingborg (Suecia). Participó en las sesiones apenas unas horas. Su llegada coincidió con las loas en cascada del secretario general de la OTAN, Mark Rutte, y los ministros nórdicos, bálticos y del resto del flanco oriental por la decisión de Trump de enviar a territorio polaco a esos soldados adicionales, cuyo envío había cancelado una semana atrás.
«El compromiso de la OTAN con el Artículo 5 es inextinguible», afirmó Rutte, ante la pregunta insistente de si Europa debe prepararse para un ‘abandono’ del gran aliado transatlántico. «Nuestra determinación y capacidad para defender a cualquier aliado de una agresión es absoluta. Si alguien está lo suficientemente loco para atacarnos, la reacción será devastadora», añadió Rutte, en referencia a dicho artículo, según el cual un ataque a un miembro supone una agresión a su conjunto.
Las decisiones de la Casa Blanca sobre sus tropas en Europa no se adoptan a modo de «castigo«, insistió Rubio. Trump está «molesto» por la falta de apoyo europeo en la ofensiva contra Irán. Pero los movimientos de sus soldados obedecen a «procesos en marcha» y se ciñen a «criterios militares, no políticos».
El Plan B para Ormuz
La impresión dejada por Rubio es que Europa debe resignarse a la inconcreción de Trump, aunque se trate de soldados en su territorio, y también a encajar sus reproches por la falta de apoyo frente a Irán. El secretario de Estado, además de reiterar esos reproches, avanzó que EEUU tiene un «plan b» si Teherán no desbloquea Ormuz.
«Lo que todos esperamos es un acuerdo con Irán y que abandonen la ambición nuclear. Pero también tenemos un plan b. Si Irán se niega a abrir el estrecho, alguien tendrá que hacer algo al respecto», señaló.
No dio más pistas sobre ese teórico plan b. Sí advirtió, sin embargo, que, de activarse, «algunos países aquí presentes resultarán más afectados que EEUU».
La imprevisibilidad como norma
Los vaivenes de Trump inquietan a Europa. Desde Suecia, Rubio usó un tono menos beligerante que el empleado el día anterior. A punto de subir al avión en Miami, culpó a los europeos no hacer nada para evitar que Irán llegue a tener armas nucleares. Y señaló a España como país contra el está especialmente molesto Trump por su prohibición de usar sus bases. Ya en Helsingborg, aludió Rubio de nuevo al «descontento» de Trump, aunque sin cargar tintas, mientras el siempre leal Rutte le dirigía gestos de aprobación.
Pese a sostener que el repliegue de tropas no obedece a un mecanismo de «premios», es difícil no ver en las decisiones de Trump un reparto de recompensas o castigos. Se recuerda ahí que su primer anuncio de retirar 5.000 soldados de Alemania, donde EEUU tiene un total de 36.000 militares y la gran base de Ramstein, fue en reacción a una frase crítica del canciller Friedrich Merz hacia la ofensiva en Irán. La decisión ahora de enviar 5.000 soldados a Polonia la relacionó el propio Trump, en un mensaje en su red social, con su amistad con el presidente polaco, el ultranacionalista Karol Nawrocki, al que se jacta de haber apoyado en la campaña electoral que le llevó al poder, hace un año.
Su toma de decisiones parece seguir la dinámica usada con los aranceles como instrumentos de castigo. Con la diferencia de que desplegar o replegar soldados no es tan fácil. Estados Unidos tiene en Europa unos 80.000 efectivos, la mitad de los cuales en Alemania. Los de Polonia son de carácter rotatorio y por unos meses, mientras que la mayoría de los que tiene en bases como Ramstein están estacionados de forma permanente y con sus familias.
Alemania insiste en los Tomahawk
Berlín ha reaccionado con sangre fría a la reducción de tropas en su territorio. Preocupa, en cambio, que Trump haya paralizado el envío de los misiles de largo alcance Tomahawk acordados en tiempos de Joe Biden, ya que ello sí merma la estrategia disuasoria europea. Desde Berlín se admite que no se dispone de misiles alternativos de producción europea, pese a los esfuerzos desplegados por desarrollarlos aceleradamente. Así las cosas, no hay un paraguas defensivo capaz de neutralizar a los misiles rusos desplegados en Kaliningrado.
En Helsingborg se recibió con alivio el anuncio del contingente adicional para Polonia porque reforzará el flanco este y porque rebaja el miedo europeo a un abandono por parte de EEUU. Pero el ministro de Exteriores alemán, Johann Wadephul, no dejó pasar la ocasión para recordar la relevancia de los Tomahawk para la defensa del flanco oriental.
La «cabeza bien alta» de España
La reunión en Suecia era preparatoria para la cumbre de la OTAN del próximo julio en Turquía. La confrontación de pareceres entre aliados subirá ahí a escala de los líderes. En Helsingborg correspondió al ministro José Manuel Albares asegurar que España puede ir «con la cabeza muy alta» a estas citas.
Por encima de los ataques explícitos de EEUU, está la «inequívoca lealtad» española con la Alianza y con la defensa del flanco este. Algo que, según Albares, se plasma en un despliegue «histórico» de soldados. España tiene 2.000 soldados en el flanco este, participa en la supervisión aérea del Báltico, en misiones del Mediterráneo y lidera de la Irak. «Ojalá todos los aliados tuvieran el mismo grado de compromiso», aseveró el ministro.
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