El nonagenario Raúl Castro tuvo este viernes su primera manifestación de apoyo frente a la embajada de Estados Unidos, dos días después de ser imputado en ese país de ordenar la destrucción de dos aeronaves provenientes de Florida y que intentaban lanzar octavillas contra el Gobierno cubano, en febrero de 1996. El derribo provocó la muerte de cuatro cubano-americanos que pertenecían a la organización Hermanos al Rescate. El hermano de Fidel Castro y heredero del proceso político iniciado el 1 de enero de 1959, cumplirá 95 años el próximo 3 de junio, oportunidad en la que la Unión de Jóvenes Comunistas (UJC) promete volver a salir a la calle. Doce días pueden ser una eternidad para el momento de conflictividad de las relaciones entre Cuba y EEUU. La acusación contra el exjefe de las Fuerzas Armadas es apenas uno de sus capítulos. El Gobierno quiso hacer una demostración de fuerza en la llamada Tribuna Antiimperialista. De acuerdo con el diario oficial Granma, desfilaron unos 250.000 habaneros. La disidencia y los hombres y mujeres hastiados de los apagones y la escasez, que suelen manifestarse a través de las redes sociales, no se demoraron en impugnar el carácter y la dimensión de la marcha. Para ellos, solo acudieron los militares, policías y empleados públicos.
Más allá de esa controversia, los asistentes escucharon unas telegráficas palabras de agradecimiento de Castro, leídas por Geraldo Hernández, un exespía que fue juzgado en EEUU y luego intercambiado por un preso norteamericano en la isla. Hernández fue elevado a la condición de «Héroe de la República», y como tal se refirió a las más de 25 violaciones del espacio aéreo cubano por parte de Hermanos al Rescate entre 1994 y 1996. Sostuvo a su vez que Washington ignoró en su momento las alertas de La Habana. «Su silencio fue complicidad. Su inacción fue aliento para los terroristas». Según Hernández, la activación de la causa judicial obedece al «rencor, la frustración y la impotencia de quien no soporta ver a Cuba de pie, libre y soberana».
Un jurista, Rolando López Meriño, calificó de «fraudulenta» la narrativa sobre Hermanos al rescate que circula en Miami. «Con total cinismo pretenden tergiversar y manipular hechos históricos probados, ampliamente documentados y que fueron denunciados oportuna y formalmente por nuestras autoridades al Gobierno de los Estados Unidos, el que es el responsable por la pérdida de vidas humanas y daños económicos por los actos terroristas y el bloqueo contra el pueblo de Cuba». La Habana ha alegado que las dos avionetas se encontraban en su espacio aéreo. La Organización de Aviación Civil Internacional (OACI) consideró no obstante que el incidente tuvo lugar en aguas internacionales.
Respaldo del Gobierno y los militares
Las autoridades ejecutivas y castrenses no dudaron en respaldar a Castro. En su mensaje publicado en X, el presidente Díaz-Canel reafirmó el compromiso de las autoridades «con la defensa de sus héroes y de la historia nacional» en medio de «una nueva agresión de los enemigos históricos de la nación». De acuerdo con Díaz-Canel, «la nueva agresión nos ha unido más y ha elevado el honor, la dignidad y el sentimiento antiimperialista de un pueblo ya reconocido en todo el mundo por su brava resistencia a cualquier tipo de subordinación al imperio».
La jornada no ha podido sustraerse de la situación de zozobra. En medio del ahogo energético y las continuas, aunque efímeras y acotadas protestas en esquinas de barrios a oscuras, los cubanos siguen atentos a qué es lo que dicen Donald Trump y Marco Rubio sobre los próximos pasos que podría dar Estados Unidos. «Otros presidentes han estado analizando la posibilidad de hacer algo al respecto durante 50 o 60 años, y parece que seré yo quien lo haga. Así que lo haré con gusto», señaló el magnate republicano en las últimas horas, y volvió a definir a Cuba como un «país fallido». La gravedad del presente es de tal hondura que mientras la prensa oficial habla de unanimidades, en las conversaciones telefónicas hay quienes ya se refieren al secretario de Estado norteamericano como «Marquitos», un diminutivo que parece insinuar la penetración de sus mensajes en el interior de una isla abrumada.
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