Tadej Pogacar ganó su cuarta Lieja-Bastoña-Lieja (tercer ‘monumento’ de cuatro programados) sudando un poco más de la cuenta porque un joven Paul Seixas se subió a las barbas del fenómeno esloveno en la cuesta de La Redoute, donde había dejado la prueba patas arriba las dos últimas ocasiones en las que triunfó en solitario.
Sirvió la ocasión para vivir una entrega fantástica del duelo del presente y del futuro, de Pogacar, 27 años, frente a Seixas, 19, que llegó a Lieja después de ganar la Flecha Valona, sin el astro esloveno, y la Itzulia, donde dominó por arriba, por abajo y por el llano. La carrera decana del ciclismo profesional volvió a contar con el guion de los últimos años, aunque alterado por la presencia de Seixas. Quiso Pogacar reventar la prueba en la Redoute, a 34 kilómetros de Lieja. Allí le salió casi todo perfecto, porque entre el griterío de un público alterado por las emociones sintió muy cerca la respiración de Seixas que lo resistió como nadie había hecho.
Aguantó el joven corredor francés el genio del fenómeno esloveno cuando este volvió a probarlo en los metros finales de La Redoute y se anunció lo que luego no sucedió, ¿quizá Seixas aguantará a Pogacar y los dos se jugarán la victoria en un esprint en Lieja?
Igual era la fórmula escogida por el ciclista de Lyon, pero no por Pogacar que ya había tenido bastante al caer derrotado ante Wout van Aert, ausente de Lieja, en el velódromo de Roubaix. Y tampoco se podía permitir el lujo de arriesgarse a perder ante Seixas al esprint por todo lo que se diría… tal vez para que el ciclista lionés no se creyese más de la cuenta que irá al Tour a exhibirse ante Pogacar.
Paul Seixas entra segundo en la Lieja-Bastoña-Lieja. / OLIVIER MATTHYS / EFE
Mucho Pogacar
Tadej sigue siendo mucho Pogacar. Es el ciclista que no se altera y que aprovecha cualquier dificultad del terreno para contraatacar si la primera estrategia no le sale como habría querido. Por eso, dejó que Seixas colaborase una veintena de kilómetros, que se fuera exprimiendo un poco al dar relevos y esperó la llegada de la cota denominada la Roca de los Halcones (La Roche aux Faucons) donde remató a su joven adversario como si quisiera decirle que todavía ha de tomar más colacao si quiere disputarle el triunfo de una carrera como la decana. Quedaban 14 kilómetros.
Llegó sólo, disfrutó de la victoria y hasta tuvo un instante de homenaje cuando Pogacar le dedicó el triunfo a Cristian Muñoz, corredor colombiano con el que compartió equipo al principio de su carrera y que falleció en Oviedo a consecuencia de una bacteria hospitalaria.
Seixas también saludó, más discreto si cabe y con el debate en Francia sobre si debe acudir al Tour. No hacerlo sería una insensatez, aunque alguna voz autorizada, como la de Bernard Hinault, asegure que todavía es pronto para la experiencia. Desaprovechar a un genio como Seixas, aunque sea sometido por Pogacar, sería una irresponsabilidad.
Remco Evenepoel fue tercero, como en Flandes con Pello Bilbao en la sexta plaza. Y eso que anduvo fugado en la parte inicial de la carrera. Ahora, Pogacar y Seixas ya no se volverán a cruzar hasta julio, si el francés confirma la participación en el Tour que sale de Barcelona. Pogacar afronta ahora el Tour de Romandía, como único favorito. En cuanto a clásicas descansará hasta octubre cuando intentará ganar en Lombardía por sexta vez en la temporada donde se ha llevado la Milán-San Remo, el Tour de Flandes, la Lieja-Bastoña-Lieja y un segundo puesto en la París-Roubaix. Un genio sin más y aún lejos del alcance de un Seixas venturoso.















