Luis Enrique Martínez (Gijón, 56 años) irrumpe en una sala anexa a la sala de prensa de la inmensa Ciudad Deportiva del PSG, en Poissy, con esa mezcla de cercanía, ironía y naturalidad que le caracteriza. Vacilón y directo, el técnico atiende a LA NUEVA ESPAÑA desplazada a París antes de comparecer ante más de 150 medios de comunicación de todo el planeta en el ‘Media Day’ organizado por el club parisino a las puertas de la final de la Liga de Campeones ante el Arsenal, en Budapest.
Aunque las prisas aprietan, Luis Enrique se sienta relajado y sin esquivar ningún asunto. Habla del PSG y de otra final europea.
-El año pasado estaba muy calmado antes de la final de la Liga de Campeones ante el Inter de Milán. ¿Cómo se encuentra este año antes de medirse al Arsenal?
-Pues eh… con el mismo espíritu. Es cierto que el año pasado fue un poco diferente. Justamente quedaban diez días –cuando se produjo el encuentro con los medios de comunicación– e íbamos a jugar la final de la Copa de Francia, que era como un estímulo claro para preparar la final (ante el Inter). Este año no tenemos esa circunstancia, estamos eliminados de la Copa. Vamos a jugar aquí un partido de entrenamiento. Espero que esto se convierta en un hábito y que podamos vernos una vez al año, que vengáis a visitarme una vez al año. Estoy positivo, tranquilo. Esta temporada ha sido muy larga porque se juntó con la anterior. En la anterior, cuando habíamos conseguido hacer historia en París, empezó el ‘Mundialito’. No nos dio tiempo casi ni a celebrarlo. Esta temporada ha sido agotadora, exigente y con muchas lesiones. Anímicamente estoy preparado para otra final.
-¿Se disfruta más esta final o hay más presión ahora?
-Creo que el año pasado hubo más presión. El hecho de no haberla ganado nunca para el club y para los aficionados representaba mucho. Era una presión positiva, de apoyo y refuerzo… pero que te podía ahogar. ¿Me explico? El abrazo del oso que te mata (risas). El año pasado, basado un poco en mi experiencia, decía: «Esto es demasiada presión, coño, esto es jugar al fútbol». Si jugamos al fútbol demasiado presionados, no vamos a jugar al fútbol. Afortunadamente lo pudimos controlar y nos salió la mejor final que podíamos imaginar. Pero, en términos de presión, de lo que significa, la final de Champions siempre tiene presión. No pretendamos jugarla como si fuera la pista del Xeitosa. Así que claramente vamos un poco con la lección aprendida, porque nos sentimos mejor.
-Si se da que consigue ganar dos Champions seguidas, ¿cuál es el techo que se marca como entrenador? Es un tipo muy ambicioso…
-Nunca me he marcado techos. Si el año pasado me dices que íbamos a jugar otra final de Champions… no me lo habría creído. ¿Cuántos equipos realmente pueden ganar la Champions cuando empieza la temporada? Empezamos treinta y seis. ¿Cuántos pueden ganar la Champions? ¿Ocho? Si estamos entre ellos y nos acercamos a las fases finales… esa es nuestra obligación. Pero cuando uno llega al deporte de alto nivel quiere ganar siempre. No es que ya estés tranquilo con ganar una o dos… Mira el Madrid, que lleva quince Copas de Europa y no se cansan de ganar. A este nivel no te cansas de ganar, cada día es un estímulo: quieres seguir ganando. Porque además dejas de ganar, porque no hay nadie que gane de manera eterna y menos en un deporte tan complejo como el fútbol.
-Visto desde fuera: parece que ha conseguido un equilibrio en el PSG. Son jugadores muy buenos, pero todos asumen su rol.
-Por eso valoro lo que conseguimos el año pasado. Yo el año pasado lo que quería demostrar un poco, ya no solo al entorno, porque al final el entrenador es el portavoz del club. Yo hablo más que todas las personas, más que el presidente, mucho más que el director deportivo. Soy un poco el que marca la temperatura del club. Si hay que estar más caliente, frío, enfadado, contento… El año pasado había que demostrar, y fue una frase que me salió: «Prefiero cuatro jugadores que marquen once goles que uno que marque 40». La suma dice claramente que a lo largo de estos años… no se creía nada. Me dieron palos por todos lados. «Has lanzado un mensaje un poco extraño». Pero como se demostró que es verdad y que este es un deporte colectivo… ahora los jugadores que vienen aquí ya saben dónde vienen. Con un equipo que tiene muy buenos jugadores, con un Balón de Oro como Ousmane, Désiré Doué, Kvara, Barcola, Vitinha, Joao, Marquinhos, Nuno, Hakimi, Pacho… un equipo increíble, pero juegan todos para el colectivo. No hay nadie por encima. El que no corre aquí, lo matamos todos los días. Hay un sentimiento colectivo y nuestros aficionados lo perciben: nosotros no vamos a dejar de animaros porque vosotros no vais a dejar de correr. Es una conexión maravillosa. En ese sentido es mucho más fácil. Ya está impregnado.
-Hay muchos entrenadores que siguen dirigiendo hasta los sesenta o setenta años: ¿hasta cuándo se ve entrenando?
-Es una muy buena pregunta, porque me la hago yo. Se lo digo a mi mujer: «Yo no quiero ser el abuelo cebolleta entrenando». No quiero serlo, pero claro, cada vez veo más abuelos cebolletas entrenando. Creo que más allá de los sesenta… Además hago la broma a mi hermano Felipe, le digo: «Yo me tengo que jubilar antes que tú». Tiene un año menos que yo, tiene 55, y él se jubila a los 61… pues haz la cuenta.
-Es decir: ¿no se ve entrenando más allá de los sesenta años?
-No. Pero tampoco voy a escupir para arriba, porque cada vez que escupes para arriba ya sabes dónde puede caer. No lo sé. Pero espero que no. Si no cumplo esto de jubilarme antes que mi hermano creo que es un error. Si luego tengo energía y me apetece, quién sabe.
-Llega un Mundial ahora. ¿Cuál es su mejor recuerdo de los mundiales y qué cree que puede hacer España?
-¿Mi mejor recuerdo? El último partido que hice contra Marruecos, que fuimos infinitamente superiores a una de las claramente mejores selecciones africanas y emergentes, que tuvieron que defenderse en su campo noventa más treinta minutos de prórroga, ciento veinte, y perdimos en penaltis. Se me criticó y se me critica que fue mi gran fracaso. Esa es mi gran alegría dentro de un Mundial. ¿Por qué? Porque dimos lo mejor que tuvimos para intentar ganar el partido, fuimos mejores que el rival, no estuvimos muy inspirados. Lo que para ellos es un drama y un fraude, para mí es una alegría que no voy a olvidar nunca. De los mundiales siempre tengo muy buenos recuerdos. Tengo ganas de este verano, con una cervecita o con sidra, ponerme a ver el Mundial y disfrutar de la Selección Española.
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