Las becas como ascensor social

En alguna otra ocasión de forma puntual, he traído al presente el pueblo donde vi por primera vez la luz; polvoriento, con casas de adobe y tapial, casas casi uniformes de pequeñas dimensiones, donde se convivía con los animales, generalmente mulas dedicadas a las labores del campo, presididas por puertas de dos hojas, siempre abierta la de arriba como invitando a pasar al transeúnte, hogares romanos, a ras del suelo, calentados por madera de almendros o pino, pequeñas cocinas donde se realizaban, además de las viandas, las reuniones familiares, hacían de lo que hoy denominamos salón comedor, junto a ella se entraba por una puerta a dos o tres habitaciones, y por la otra a las cuadra propiedad de los animales.

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