Leo Messi sufrió una racha de lesiones en los isquiotibiales con apenas 20 años, unas temporadas después de su debut. Encadenó varias lesiones y alguna recaída que le obligaron a permanecer varias semanas de baja.
Dembelé, por su parte, padeció la primera lesión de isquiotibiales cuando cumplió los veinte años y ocho meses. Luego tuvo unas 12 más, siendo un quebradero de cabeza para el propio jugador, médicos, entrenadores y presidente hasta el punto que se fue del club por la puerta de atrás, y luego acabó siendo Balón de Oro. Dembélé no tenía fama ni de descansar en los horarios propios de un deportista profesional ni de comer como es debido. El club le puso un cocinero, pero ni así.
Y, años más tarde aparece la lesión de Lamine Yamal con la misma edad que los anteriores y con una lesión en la misma zona. Un problema que llega tras un lanzamiento de penalti. Evidentemente es solo la primera, y esperemos que sea la última, pero hay una fotografía alrededor del jugador que preocupa. Es, como los otros dos, explosivo, joven, con velocidad y dribling. Juega, como los otros dos, de extremo y, como los otros dos, es referencia del equipo.
Yla fotografía conlleva varias reflexiones, que no sentencias. Esta misma semana estuvo en una gala en Madrid para recoger un premio en el que no estaba ni nominado. Se sacaron de la chistera un galardón que no existía ni tenía historial alguno. Se llevó un Laureus donde nadie le esperaba. Allí estaba también su agente Jorge Mendes, que vino expresamente de Portugal. Lamine cogió un vuelo privado de regreso a Barcelona y se fotografió comiéndose una hamburguesa, unas patatas y unos nuggets. En sí, esto no es un pecado. No pasa nada porque lo haga de vez en cuanto. Y menos después de una tarde en el que se le premiaba por su trayectoria. Tantos otros futbolistas lo hacen. Es humano.
Con la mala suerte de que se da la circunstancia que días después de esa fotografía cae lesionado. De la misma manera que en su día cayeron Messi y Dembélé. Es momento de aprender, no forzar en la recuperación pese al caramelo del Mundial a la vuelta de la esquina y cruzar los dedos.












