En un hallazgo que ha generado entusiasmo tanto entre escolares como entre técnicos ambientales, se ha confirmado la reproducción en libertad del galápago leproso (Mauremys leprosa) en el Parque Natural de El Hondo de Crevillent y Elche. El descubrimiento tuvo lugar durante una visita educativa al humedal organizada por el equipo del parque y ha sido recogido en la revista La Rosseta, editada por la Conselleria de Medio Ambiente. La constatación de que esta especie vulnerable se está reproduciendo de forma natural en este espacio protegido representa una excelente noticia para la conservación de los reptiles autóctonos en la Comunitat Valenciana.
Fue el pasado 2 de abril, durante una actividad con alumnos y alumnas del CEIP Sanchis Guarner de Elche, cuando uno de los escolares encontró en el suelo una pequeña cría de galápago desplazándose por la zona. El animal, que medía entre 4 y 5 centímetros, fue examinado brevemente por los educadores ambientales y devuelto al agua por los propios niños, quienes vivieron una experiencia inolvidable.
Más allá de lo anecdótico del hallazgo, como se citaba de forma destacada en la revista de la Generalitat Valenciana, el hecho tiene un gran valor científico y ambiental: se trata de una prueba directa de cría en libertad de una especie amenazada en uno de los humedales más relevantes del sureste ibérico.
Especie en retroceso
El galápago leproso, también conocido como galápago común, es una especie de tortuga semiacuática autóctona del ámbito mediterráneo. Su distribución abarca principalmente el sur de Europa y el norte de África, y aunque no es endémico de la Península Ibérica, sí es en este territorio donde se encuentra la mayor parte de sus poblaciones mundiales. En la Comunidad Valenciana, su presencia está constatada en las tres provincias, aunque con distintos grados de continuidad y abundancia.
Se trata de una especie vulnerable y con poblaciones fragmentadas, que ha visto reducido su hábitat por múltiples causas. La alteración y degradación de los medios acuáticos, el uso intensivo de productos químicos en agricultura, la sobreexplotación de acuíferos y la competencia con especies invasoras -como la conocida tortuga de Florida (Trachemys scripta elegans)- han contribuido a la regresión del galápago leproso en los últimos años.
Por todo ello, detectar que la especie se reproduce espontáneamente en un espacio natural protegido como El Hondo supone una excelente señal de estabilidad ecológica. Se trata de una especie bioindicadora que, como otras muchas, permite evaluar la calidad de los ecosistemas húmedos donde habita.
Refugio para la biodiversidad
El Hondo es un espacio protegido con vocación de refugio para la biodiversidad. El Parque Natural, situado entre los términos municipales de Elche y Crevillent, constituye uno de los humedales más valiosos del sureste español. Este enclave natural está declarado como parque natural desde 1994, además de estar incluido en el convenio Ramsar de zonas húmedas de importancia internacional y formar parte de la Red Natura 2000.
Compuesto por una red compleja de charcas, balsas y lagunas, y con un fuerte componente agrícola e histórico ligado a la gestión del agua, El Hondo alberga una gran biodiversidad. Es especialmente reconocido por sus poblaciones de aves acuáticas, pero también destaca por la presencia de especies como la nutria, la cerceta pardilla o el fartet, y por supuesto, por las poblaciones relictas de galápago leproso y galápago europeo (Emys orbicularis), ambas de interés comunitario.
La detección de la cría de galápago se produjo en la finca El Rincón, una zona del parque donde se están desarrollando labores de recuperación de hábitats y manejo de agua orientadas precisamente a favorecer a especies autóctonas. La actuación directa de los escolares, liberando al pequeño galápago, simboliza además el valor de la educación ambiental como motor de conservación.
Tortuga discreta y resistente
El galápago leproso recibe su nombre del aspecto rugoso y en ocasiones exfoliado de su caparazón, que recuerda —erróneamente— a una lesión dérmica. En realidad, este aspecto responde a un proceso natural de renovación superficial del caparazón, que se limpia a medida que las impurezas se secan y desprenden con el sol.
Los adultos pueden alcanzar entre 20 y 25 centímetros de longitud, siendo las hembras de mayor tamaño que los machos. Se trata de un reptil de aspecto oscuro, con tonalidades verdes o marrones y líneas claras en el cuello y las extremidades. En los ejemplares juveniles, como el avistado en El Hondo, pueden distinguirse estrías anaranjadas en el cuello.
Un ejemplar adulto de la tortuga protegida por su vulnerabilidad y que habita El Hondo / INFORMACIÓN
Una de las adaptaciones más llamativas de esta especie es su capacidad de tolerancia a aguas ligeramente salobres o con cierto grado de contaminación. A pesar de ello, no soporta altos niveles de toxicidad, motivo por el que su presencia es cada vez menor en zonas agrícolas intensivas donde el agua se encuentra muy alterada. Además, ante condiciones extremas de sequía o frío, puede entrar en hibernación o estivación, lo que demuestra su capacidad de resiliencia ecológica.
Una reproducción discreta y estacional
La detección de una cría, como la hallada en El Hondo, no es frecuente, ya que la reproducción del galápago leproso es un proceso discreto y muy condicionado por la climatología. La especie inicia su actividad con la llegada del buen tiempo, normalmente a partir de febrero, aunque los periodos de celo suelen concentrarse entre mayo y julio. En zonas más cálidas, como los humedales del sur de la provincia de Alicante, puede incluso producirse una segunda cópula en otoño.
La reproducción tiene lugar en el agua, y tras el apareamiento las hembras excavan pequeños nidos de unos 10 centímetros de profundidad en las orillas, donde depositan entre 1 y 13 huevos por puesta. Estos huevos, de cáscara dura y aspecto blanquecino, se incuban durante un periodo que puede oscilar entre 50 y 82 días, en función de las temperaturas. El nacimiento suele producirse a finales del verano o principios del otoño.
Las crías nacen con apenas 2 o 3 centímetros de longitud, por lo que son altamente vulnerables a depredadores naturales como garzas, zorros, nutrias o grandes peces. Por eso, el avistamiento de un juvenil ya desplazándose por tierra, como ocurrió en abril, es una señal muy valiosa: demuestra que al menos una parte de las puestas realizadas ha llegado con éxito a término.
Medidas urgentes y necesarias
En su artículo publicado en «La Rosseta», la Conselleria de Medio Ambiente recuerda que la especie figura como vulnerable en el Catálogo Valenciano de Especies Amenazadas, y que sus principales amenazas siguen activas: la pérdida y fragmentación del hábitat, la sobreexplotación de acuíferos, la contaminación de las aguas, la captura ilegal de ejemplares y la expansión de especies invasoras, como la tortuga de Florida y Chrysemys picta.

Un ejemplar adulto de la tortuga protegida por su vulnerabilidad y que habita El Hondo / INFORMACIÓN
Frente a ello, se están promoviendo distintas líneas de acción: la recuperación de zonas húmedas degradadas, el control del comercio y la suelta de tortugas exóticas, la gestión responsable del agua, y sobre todo, la creación de corredores ecológicos que faciliten la conectividad entre poblaciones aisladas.
En este sentido, los técnicos del parque subrayan que la constatación de reproducción en El Hondo no debe ser vista como un punto de llegada, sino como un punto de partida para reforzar los programas de conservación. «Es una señal esperanzadora, pero también nos recuerda que el trabajo debe continuar», apuntan desde la dirección del espacio natural.
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