Juan entra en una librería; siente, casi palpa ese olor inconfundible de papel impreso, envejecido; alza la vista hacia cualquier estantería perdida y elige, como si fuera al azar, un libro para hojear. Pongamos que da con uno de la historia de los equipos españoles en las competiciones europeas de fútbol. Lo coge, mira -y admira- la cubierta (ilustrada con una foto de la mítica final Atlético-Bayern)… y la abre segundos después. A continuación, desplaza con delicadeza la página en blanco de cortesía y luego la de la portada -donde aparece el título- y las del prólogo; para acabar echando “un ojazo” a la introducción, donde el escritor hace una especie de sinopsis de lo que puede leer quien se haga finalmente con su obra. Lo cierto es que no se me ocurren muchos pequeños placeres mayores que este. Seguramente a Juan tampoco…
La historia de los clubs españoles en las competiciones europeas está regada de eliminatorias electrizantes, de remontadas imposibles, de alegrías y decepciones. El fútbol siempre tuvo al menos una sonrisa por cada lágrima. El Barcelona del Dream Team de Cruyff, el del sextete de Guardiola o el de Luis Enrique; el Madrid de las cinco seguidas, el de la Quinta del Buitre o el de aquel “90 minuti en el Bernabéu son molto longo”. También el Atlético de Luis, de Simeone y de las finales perdidas; o incluso otros, no tan grandes, pero también con sus hitos continentales, como el Valencia de la Recopa y las Copas de Ferias, o el Sevilla del récord de las siete Copas de la UEFA.
Son bastantes los clubs que han tenido ocasión de pasear su nombre por Europa. Incluso varios de ellos, como Granada, Getafe, Levante, Tenerife o Rayo, han podido lucir palmito por el viejo continente, aun no habiendo logrado nunca una clasificación liguera mejor que las mejores del Hércules en Primera División. Sin embargo, el cuadro alicantino es uno de los pocos clubs históricos de nuestro fútbol cuyos jugadores no han tenido que mostrar sus pasaportes en los mejores aeropuertos europeos.¿Pero por qué está en blanco la página europea del Hércules de Alicante? La respuesta trifurca en tres direcciones: el tiempo (hasta 1955 no serían creadas la Copa de Europa y la de Ferias), el infortunio y, sobre todo, por las pocas plazas para los torneos continentales de las que disponía España en el siglo XX. De hecho, si tomásemos como referencia los cupos de los últimos años (desde 2024 tenemos a cinco clubs en Champions League, dos en Europa League y uno en Conference), el club blanquiazul habría medido su pedigrí con los grandes del continente en cinco ocasiones. Repasémolas.
1935-1936 y 1939-1940: PRIMEROS AÑOS, PRIMEROS ÉXITOS
Era la temporada 35-36, el Hércules -Football Club en aquellos tiempos- venía de dos ascensos consecutivos y se disponía a afrontar su debut en Primera División con un once tipo formado por Pérez; Goyeneche, Maciá; Salas, Aparicio, Rosalén; Salvador, Tatono, Blázquez, Morera y Mendizábal. Esta era la alineación que se sabía de carrerilla la chiquillada de Bardín y este era el equipo que iba a acabar sorprendiendo a todo el país. Y eso que los de Manuel Suárez empezaron mal, con dos derrotas -Madrid y Osasuna- en sus dos primeros partidos. Sin embargo, la victoria en la tercera jornada ante el entonces casi invencible Athletic de Bilbao dio alas a los blanquiazules, que enlazarían nueve victorias en trece partidos, con lo que no solo escapaban de las últimas posiciones sino que se iban a situar en la parte alta de la tabla. Aquel año, caracterizado por el clima tenso y prebélico de las últimas semanas de la campaña, el Hércules FC acabó la Liga en sexta posición, empatado a puntos con el Barcelona (que fue quinto). Este hito, según los estándares de hoy en día, habría permitido a los alicantinos jugar en una hipotética Europa League. Además, como guinda, habría que añadir la actuación épica que los chicos entrenados por Suárez tuvieron en la Copa de la República, donde solo el Madrid CF -futuro campeón- pudo con ellos en semifinales.
El Hércules posa en los prolegómenos de su debut en Primera División ante el Real Madrid (temporada 35-36). / Colección de Vicente Mestre
Tras el infame paréntesis guerracivilista de tres años volvía, por fin, el fútbol -que no la normalidad- al territorio español. El Hércules, como la inmensa mayoría de los clubs, arrancó la temporada 39-40 con varias bajas, algunas de ellas muy sensibles, como las de Goyeneche, Rosalén, Blázquez, el costarricense Morera y los fallecidos Mendizábal y Manuel Suárez. Asimismo, el zaguero Maciá se perdió media temporada al estar cumpliendo una pena de cárcel. Aun con estos handicaps, el cuadro blanquiazul volvió a hacer una temporada brillante. Apoyados en la sobriedad del guardameta internacional Pérez, en la experiencia y la brega de Salvador, Salas y Tatono, y la pólvora de Vilanova (17 goles en 20 partidos), los alicantinos, que llegaron a ser líderes durante tres jornadas, finalizaron en otro excelente sexto puesto.
54-55: ERNESTO COMANDA LA PEQUEÑA REVOLUCIÓN
Tras varios años alejados de Primera, había mucha expectación en la capital de la Costa Blanca con el regreso del Hércules a la élite. Sin embargo, un mal inicio de competición, que ya de por sí se presumía complicado, estuvo a punto de llevarse por delante a todo y a todos: un solo triunfo en ocho jornadas, el técnico Caicedo en la cuerda floja y el Atlético de Madrid en la novena fecha… Todo hacía presagiar que el partido ante los colchoneros iba a suponer la puntilla a un proyecto que parecía hacer aguas por todos lados. Pero no. Nada más lejos de la realidad. En una magnífica demostración de coraje e intensidad, el Hércules daría la mejor “prueba de vida” posible aplastando al Atlético (4-1) con goles de Armengol, Almagro, Merkele y el uruguayo Sergio Rodríguez. A partir de aquí los alicantinos remontarían el vuelo. Basándose en la seguridad defensiva de Navarro y del meta Pazos, la capacidad goleadora de Xirau (13 dianas) y la jerarquía de su gran estrella, el “Comandante” Ernesto, el Hércules, que en principio no aspiraba más que a salvar la categoría, coleccionaría victorias importantes -ante Valencia, Atlético de Bilbao y Barcelona, entre otros- y finalizaría, codeándose con los grandes, de nuevo en el sexto lugar.
74-75: EL MEJOR HÉRCULES DE LA HISTORIA Y UNA UEFA MENOS CUATRO GOLES
Alrededor del mundo, el “Bloody Monday” en Irlanda del Norte, el descubrimiento de los guerreros de Terracota en China y la “Marcha Verde” en el Sáhara Occidental; en clave alicantina, la llegada de José Rico Pérez a la presidencia del Hércules, las primeras ligas del Calpisa y la primera manifestación autorizada contra la Dictadura en la Rambla. El ecuador de los rabiosos setenta ya estaba aquí…
Era 1974, habían pasado siete largos años desde de la última presencia herculana en Primera y el conjunto blanquiazul había vuelto a la máxima categoría de la mano de Arsenio Iglesias. El objetivo era no pasar apuros y, para ello, el “Zorro de Arteixo” conservó la vieja guardia del ascenso (los Rivera, José Antonio o Baena continuaban del año anterior) y reforzó la estructura con jugadores consagrados como el exatlético Quique, el asturiano Juan Carlos, los exblaugranas Carreño y Barrios, Arieta (procedente del Athletic de Bilbao) y los argentinos Santoro y Giuliano. Pintaba bien el asunto pero el resultado final desbordó cualquier expectativa previa. Y eso que el comienzo de la temporada no fue precisamente idílico, pues la primera victoria tardó seis semanas en caer y, mediado enero, el equipo zozobraba con el vértigo del descenso a orillas del flamante nuevo estadio Rico Pérez. Sin embargo, el calendario -siempre juguetón- deparaba un duelo en Altabix con sabor a ajuste de cuentas. Del derbi, Arsenio solo podría caer o salir más vivo que nunca. Pues bien, con todo en contra, aquel día el destino volvió a sonreír a los blanquiazules. El 0-1 del “Tigre” Barrios significó bastante más que 2 puntos y un balón de oxígeno: fue la demostración de que “la madriguera de acero” no se iba a arrugar ante nada ni ante nadie.
Lo que aconteció en la segunda vuelta es historia pura del herculanismo. Ni el Valencia de Sol y Claramunt, ni el Athletic del “Chopo” Iríbar; ni siquiera el Real Madrid de Santillana y Netzer, el Barcelona de Cruyff y Neeskens o el Atlético de Gárate o Panadero Díaz: ninguno de estos equipos fue capaz de hacer hincar la rodilla a los herculanos. La conclusión de la liga 74-75 dejó solo dos derrotas en los últimos dieciocho partidos, un magnífico quinto puesto final (empatado a 36 puntos con el cuarto clasificado, la Real Sociedad) y una hinchada orgullosa que se sabía de carrerilla la alineación de sus once héroes: Santoro; José Antonio, Rivera, Giuliano, Quique; Baena, Betzuen, Juan Carlos, Carcelén; Arieta y Barrios. Precisamente esa quinta posición que hoy le hubiera dado el pasaporte a la Champions League supo mitad a gloria y mitad a hiel. Por un lado representó la mejor clasificación de la historia del club en Primera pero, por otro, también supuso quedarse fuera de la Copa de la UEFA por el frío golaveraje: la Real registró un +5 y el Hércules un +1. Cuatro míseros goles separaron a los blanquiazules de la UEFA, cuatro malditos goles que tienen la culpa de que haya podido hacer este artículo…
75-76: ¿HASTA DÓNDE PODRÍA HABER LLEGADO EL HÉRCULES EN EUROPA?
Tras el increíble año anterior tocaba demostrar que lo vivido no había sido una especie de sueño de una noche de verano, sino la confirmación de que el Hércules estaba por derecho propio entre la aristocracia de Primera. Para lograrlo el club aplicó el sentido común (tan propio de Arsenio Iglesias), mantuvo su núcleo duro -esquivando los cantos de sirena que llegaron por varios de sus hombres- y fichó poco pero bien: Deusto, portero internacional que llegó procedente del Málaga y los argentinos Commisso (campeón de la Intercontinental con Independiente) y el mito de Ferro Carril Oeste “Cacho” Saccardi.
A veces, cuando las cosas parece que están bien hechas, incluso lo están. En la jornada décima el Hércules volaba sobre el césped y desde el Rico Pérez se oteaba el horizonte desde las alturas: segundo clasificado solo por detrás del Real Madrid, firmando su mejor arranque de la historia en la élite. Lejos de ser algo circunstancial, los de Arsenio se mantuvieron toda la campaña en las posiciones de cabeza, luchando por asegurar su primera presencia en Europa. Sin embargo, un mal marzo -con cero victorias- dejó al cuadro blanquiazul sin el premio que sin duda merecía. Eso sí, volvió a finalizar en otro formidable sexto puesto. El objetivo se había cumplido con honores de gesta. Se podía decir alto y claro: el Hércules Club de Fútbol era un grande entre los grandes.
¿Qué papel podría haber hecho aquel Hércules en una hipotética participación en una competición europea? No cabe duda de que el equipo alicantino tenía muchas de las características de los que llegan lejos en rondas eliminatorias: un técnico astuto, fiabilidad en casa, un muro granítico atrás, orden y criterio en el centro del campo y colmillo en el área rival. No obstante, es algo que no sabremos nunca… Si bien, aquel final de la campaña 75-76 nos dejó de postre una forma de calibrarlo en forma de amistoso frente al Liverpool FC, campeón por aquellos tiempos de la Copa de la UEFA.
Alicante, 26 de mayo de 1976. Al descanso, el vestuario del Liverpool parece un habitáculo donde la realidad ha entrado sin llamar a la puerta, sin pedir permiso. La quietud es tensa, el silencio casi se escucha más que el correr del agua de las duchas y que algunos leves murmullos. El gol de Lubecke, que ha aprovechado un mal rechace del meta inglés inaugurando el marcador Dardo del Rico Pérez escuece y sorprende a partes iguales entre los “Reds”. McDonnell se quita los guantes despacio, liberándose dedo a dedo de la humedad pero no de la culpa por su error en el tanto herculano. El galés Jones y Kettle permanecen sentados, cabeza abajo, con la mirada perdida en un punto que solo existe porque no se ve. Los experimentados internacionales Thompson, Hughes y Cormack hablan sobre varios desajustes defensivos que, a su juicio, están causando la momentánea derrota. McDermott y el legendario Jimmy Case comparten la misma toalla, que ni seca el sudor ni borra la frustración. El extremo irlandés Heighway y el striker galés Toshack, sentados frente a frente, callan, casi ni se miran, tragan aire y expulsan incredulidad. Todos ellos esperan a que su entrenador, el mítico Bob Paisley, les dé respuestas antes de que el maltrecho césped del Rico Pérez y los siguientes 45 minutos dicten sentencia.
Y vaya si la dictaron… pero a favor del equipo alicantino. Y eso que los liverpudlians empataron momentáneamente en el minuto 54 por medio de Case, que se aprovechó de una gran jugada del joven extremo Fairclough. Pero aquel Hércules Club de Fútbol sí hacía honor al mítico “le llamaremos Hércules para infundir respeto”. Por eso no fue ninguna sorpresa que, pese al dominio visitante, el Hércules no le perdiese la cara al partido. En el minuto setenta la conexión argentina puso de nuevo en ventaja a los locales. Gerónimo “Cacho” Saccardi, imperial durante toda la noche, realizó una gran jugada con pase medido incluido a Charles que finalizó en penalti. Giuliano se encargaría de hacer el 2-1 para los blanquiazules. A partir de aquí, el partido se desmelenó.

Recorte de la edición de INFORMACIÓN del 27 de mayo de 1976, con la crónica del Hércules 3-Liverpool 1 / INFORMACIÓN
El Liverpool asediaba pero el Hércules no se echaba del todo atrás, no renunciaba a asestar el golpe definitivo en algún contraataque. Así llegaría el gol definitivo, con un disparo potentísimo de Saccardi desde el vértice derecho del área grande inglesa que McDonnell repele a malas penas, dejando el esférico a los pies de un oportunista Lubecke que completaba su doblete. De esta manera, dando una gran imagen y, según las crónicas de la época, jugando el mejor partido en muchos años, los alicantinos habían noqueado a uno de los mejores equipos del continente. Pese a que apenas hacía unas semanas -y por segundo año consecutivo- que los de Arsenio se habían vuelto a quedar a un paso de la UEFA, aquella victoria por 3-1 ante el Liverpool fue como si, metafóricamente, el Hércules hubiese salpicado con tinta azul esa página en blanco de cortesía del libro de los clubs españoles en Europa.
La ciudad de Alicante y los propios aficionados que acudieron aquella noche al estadio no podían estar más orgullosos de su equipo. Precisamente entre ellos, en Tribuna Alta, estaba Juan, un chaval de casi 14 años que acababa de ver cómo su Hércules Club de Fútbol había vuelto a demostrar que miraba a los ojos a cualquier rival y en cualquier situación. Seguro que, camino de su casa, en la Avenida de la Estación, fantasearía, como tantos otros herculanos que habían asistido al partido, con el futuro brillante, plagado de éxitos, que le esperaba a su Hércules… lástima que, muchos años y muchas decepciones después, pudo comprobar que el futuro no es lo que era…
En fin, supongo que toca despedirse, Juan… Pero resulta curioso que, íronías de la vida, el único artículo en el que hablo de ti es precisamente el primero de todos los que no podrás leer… De todos modos, allá donde quiera que estés, manda saludos a Baena, a Arsenio y a tu admirado Saccardi. Diles que aquí se les sigue añorando…
Que la tierra te sea leve, amigo.
En memoria de Juan Raggio.
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