Pocos pensaban que la sucesión de Carlos Mazón al frente del PPCV se iba a dilatar hasta el presente cuando dimitió el 3 de noviembre de 2025, días después del aniversario de la dana del 29-O. El presidente del PP, Alberto Núñez Feijóo, ya se tomó su tiempo para designar a Juanfran Pérez Llorca como su relevo en la Generalitat, y pasados casi diez meses de su investidura y nueve meses después de su nombramiento como líder de la gestora que desde entonces controla el PPCV, el exalcalde de Finestrat sigue cargando con la etiqueta de interino sin que a la cúpula de su partido en Madrid parezca importarle demasiado las consecuencias de su silencio en tierras valencianas.
En todo este tiempo, Génova ha evitado confirmarle como candidato a las elecciones de 2027 y también abrir el melón del congreso regional, lo que ha dado alas a una contestación interna cada vez mayor. El mutismo de Feijóo ha terminado por abrir grietas entre algunos sectores que ya están saltando de lo orgánico a lo institucional. Estos meses de interregno en el PP valenciano se pueden articular a través de algunos episodios clave que mantienen el partido en tensión y más pendiente de Génova que del horizonte electoral.
31 de octubre: el germen de la fractura
La cronología comienza, en realidad, días antes de la dimisión de Mazón. El expresident, tras recibir la rabia de los familiares de las víctimas de la dana durante el funeral de Estado, tenía decidido que tiraba la toalla. 72 horas antes de anunciar su renuncia, Mazón y Llorca (entonces número dos del PPCV) se reunieron en Benidorm con los tres barones provinciales: Vicent Mompó, Marta Barrachina y Toni Pérez. De allí salió una fórmula ‘propia’ que proponer a la dirección nacional: Llorca president y Mompó líder del PPCV y, en consecuencia, candidato a la Generalitat en 2027. La alcaldesa de València, María José Catalá, ausente, se quedaba fuera de ese nuevo orden.
Génova interpretó aquel intento de orillar a Catalá, siempre en las quinielas por la predilección que le profesa la dirección nacional, como una deslealtad. Algunos cargos del partido encuentran en aquella maniobra y la lectura que se hizo en Madrid el germen de los recelos de Feijóo para ratificar a Llorca. A su vez, Mompó ha visto como lo pactado en aquel acuerdo de Benidorm se ha ido desvaneciendo, lo que ha complicado su relación con el jefe del Consell.
22 de diciembre: Madrid toma los mandos
El relevo institucional que Feijóo pese a todo confió a Llorca (el requisito de tener acta en las Corts redujo mucho el abanico), se cerró a inicios de diciembre con el permiso de Vox. El turno para lo orgánico llegó el día del Gordo, cuando la dirección nacional aprobó una gestora con la que pilotar la transición y con la que se cuidaron mucho los equilibrios internos.
Génova dio entrada a un hombre de Mompó, Carlos Gil, como número dos y con reparto casi salomónico del poder territorial. El líder provincial venía reclamando más representación en el ‘nuevo’ PPCV, tras sentirse poco representado en el Consell que confeccionó Llorca, que sí que tuvo gestos con Catalá. La gestora, entonces, se entendía como una herramienta temporal con la que pacificar el partido hasta un congreso regional que apuntaba para la segunda mitad de 2026.
Camps, en uno de sus múltiples encuentros con la prensa. / Rober Solsona/Europa Press
12 de marzo: el congreso se deshincha, Camps se crece
Pero esa idea de dar voz a la militancia se fue difuminando y pocas semanas después ya había sectores del partido en la C. Valenciana que temían un volantazo de Feijóo, temeroso de abrir un proceso orgánico en el que debían negociarse cuotas de poder en un momento delicado. El ‘dedazo’ comenzaba a sobrevolar el PPCV. En esa decisión de mantener el congreso aparcado influía también Francisco Camps, que llevaba ya algunos meses prometiendo batalla en ese hipotético cónclave y cuestionando a Pérez Llorca, de quien subrayaba su interinidad. Desde entonces no ha cedido ni un milímetro y se ha convertido en una china en el zapato de Llorca y de Feijóo.
El tiempo pasaba y Génova mantenía todos los interrogantes abiertos, pero empezaba a dejar alguna pista de sus planes. Miguel Tellado, ‘dos’ de Feijóo, enfrió el congreso pendiente durante una visita fallera en la que remarcó que el partido estaba “centrado en gobernar” la C. Valenciana y “resolver los problemas de la gente”.
18 de mayo: El congreso, congelado
Las palabras de Tellado se reflejaron con hechos. El ciclo electoral autonómico de la primavera pasada sirvió de pretexto a Génova para no convocar los congresos pendientes. Tras culminar todo el carrusel, sin embargo, Feijóo mantuvo aparcado el valenciano y con ello prolongó la interinidad de Llorca. Con todo, oficialmente no se descartaba un cónclave a finales de año.

Vicent Mompó, Juanfran Pérez Llorca, Jaime de los Santos, Miguel Tellado, María José Catalá, Esteban González Pons y Juan Carlos Caballero, en la cena de verano del PP de Valencia. / Levante-EMV
18 de junio: Sin congreso…y sin candidato
Esas opciones se desvanecieron a las puertas de verano. Tras nuevas semanas de silencio por parte de la dirección nacional, Catalá, siempre bien conectada con Madrid, se salió del discurso mayoritario del PPCV, partidario del congreso, y pidió centrarse en “ganar elecciones”. Tellado, de gira esos días por la C. Valenciana, incidía en lo obvio: «No hay fecha para la celebración de ese congreso». Mientras tanto, sí avanzaba otras ratificaciones como la de Luis Barcala en Alicante o la de Catalá en València, lo que la excluía definitivamente de las quinielas sucesorias.
20 de junio: Feijóo y el sonido del silencio
El congreso se alejaba y a la vez se mantenía la indefinición de Génova, lo que incrementaba la incertidumbre y también los nervios. Pese a todo, Feijóo necesitaba retomar su agenda valenciana tras la cuarentena por la dana. Tras suspender una visita por la huelga educativa con la que lidiaba esos días el Consell de Llorca, escogió para su regreso un acto de Mompó, lo que añadió picante al debate sucesorio.
Era un día marcado en rojo, ya que se esperaba cuanto menos algún guiño hacia el president. No hubo guiño ni nada que se le pareciese, más bien al contrario: una frialdad evidente y una incomodidad manifiesta del president, a quien se le empezaba a hacer larga la espera. Las hostilidades eran cada vez menos subterráneas y pocos días después, Mompó reducía a Llorca a “una opción”, remarcando su no confirmación: “Oficialmente no hay candidato”, subrayó.
17 de julio: alcaldes antes que barones
El silencio de Feijóo abocó a Llorca a un verano de interinidad que no esperaba el Palau. No lo fue, en cambio, para los alcaldes, que fueron proclamados antes del parón estival. El turno para los barones parecía septiembre. Génova programó para el 18 de septiembre ese acto de designaciones, pero lo terminó suspendiendo. El pretexto en este caso fue la voluntad de no desplazar el foco de la crisis de Ceuta. El daño colateral, de nuevo, el PPCV y Pérez Llorca.
11 de septiembre: Los dosieres tensan el inicio de curso
El exalcalde de Finestrat es el gran favorito pese a todo, pero la resistencia de Génova a oficializarlo llena de dudas a las bases, que buscan motivos. Y los rumores empiezan a escalar. De hecho, desde sectores del PPCV se verbalizan ante Génova sospechas sobre el entorno de Llorca para debilitar su candidatura y la dirección nacional termina exigiendo pruebas. Esto genera un pico de tensión que se visibiliza en la cena de inicio de curso en El Puig, a la que Feijóo envía a una tercera espada (Ester Muñoz) para no generar expectativas sobre posibles anuncios orgánicos.
19 de septiembre: “Debe llamar a Feijóo”
El calendario empieza a apremiar a Llorca, que en unos días se enfrenta al gran debate del año en las Corts sin esa confirmación amarrada. Además, el asunto empieza a marcar su día a día, con preguntas recurrentes de la prensa sobre los tiempos de su designación. Tras semanas asegurando estar “tranquilo”, tras un acto en Alicante termina por remitir a su presidente nacional en busca de novedades: “Deben llamar a Feijóo”, dice.
28 de septiembre: ¿Reestreno como interino en las Corts?
El penúltimo capítulo de este culebrón se escribe el lunes desde las Corts y desde Génova. Salvo sorpresa, Llorca afrontará el gran debate parlamentario del año sin que Feijóo haya resuelto su futuro y el del PPCV: munición a la oposición.
A la vez, Feijóo celebra en Madrid la Junta Directiva del PP. Tras días de especulaciones por la coincidencia (Llorca apuró los plazos para no celebrar el debate antes de esta reunión orgánica), parece poco probable que de esa reunión salga alguna novedad sobre el nombramiento del jefe del Consell como candidato a 2027. Todo ello mientras Génova sí que ha permitido a Isabel Díaz Ayuso convocar el congreso del PP madrileño.
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