Desarmados y a lo loco en la UD Las Palmas

Si algo define el juego del Eibar a través de los años es la apertura diagonal a banda, el centro y el remate. Vale, pues Las Palmas debe ser uno de los pocos equipos que lo desconocía o, si lo conocía, no supo neutralizarlo en una primera parte hiriente, pese a la bondad del marcador. A saber qué será peor: no saber o, sabiendo, no saber qué hacer. El 2-1 al descanso dejaba rabia en el equipo armero y alivio en el insular, tal había sido la superioridad de los locales, tan simple como apabullante. En los dos primeros minutos, ya habían rematado dos veces a puerta. En el 6, aplicaban su acción predilecta con un pase diagonal en largo a banda para que Adu Ares la entretuviese a la espera de Madariaga que ejecutó desde la frontal con Kirian, Iñaki y Fuster como espectadores de primera fila y sin noticias de Iván Jaime. Para que después culpen a Loiodice, condenado al lateral izquierdo por el agujero en la plantilla. Tan solo dos minutos más tarde volvían a insistir por ese sector, esta vez moviendo la pelota en horizontal de un lado a otro hasta que Álvaro Rodríguez fusiló con comodidad. Solo tres minutos después el bilbaíno acarició el 3-0. El Eibar era un vendaval y la UD, una hoja seca a su merced.

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