Si algo define el juego del Eibar a través de los años es la apertura diagonal a banda, el centro y el remate. Vale, pues Las Palmas debe ser uno de los pocos equipos que lo desconocía o, si lo conocía, no supo neutralizarlo en una primera parte hiriente, pese a la bondad del marcador. A saber qué será peor: no saber o, sabiendo, no saber qué hacer. El 2-1 al descanso dejaba rabia en el equipo armero y alivio en el insular, tal había sido la superioridad de los locales, tan simple como apabullante. En los dos primeros minutos, ya habían rematado dos veces a puerta. En el 6, aplicaban su acción predilecta con un pase diagonal en largo a banda para que Adu Ares la entretuviese a la espera de Madariaga que ejecutó desde la frontal con Kirian, Iñaki y Fuster como espectadores de primera fila y sin noticias de Iván Jaime. Para que después culpen a Loiodice, condenado al lateral izquierdo por el agujero en la plantilla. Tan solo dos minutos más tarde volvían a insistir por ese sector, esta vez moviendo la pelota en horizontal de un lado a otro hasta que Álvaro Rodríguez fusiló con comodidad. Solo tres minutos después el bilbaíno acarició el 3-0. El Eibar era un vendaval y la UD, una hoja seca a su merced.
A partir de entonces, los de Jokin Arambarri decidieron replegarse para robar y hurgar en la debilidad rival. Y les salió caro porque, en una acción individual, Iván Jaime se inventó un centro al segundo palo donde apareció Pezzolesi para definir un 2-1 que maquillaba la sonrojante inferioridad. Mero espejismo porque camino del descanso Javi Martón por dos veces y Magunazelaia indultaron a la UD, con Álex Suárez y Caro como ángeles de la guarda. Las facilidades se multiplicaban de tal forma que los dos centrales amarillos ya habían visto tarjeta, los únicos amonestados. Un dato que evidencia la permeabilidad de las demás líneas, empezando por la vanguardia y siguiendo por la medular, incapaces de presionar con eficacia dada su falta de orden y agresividad, lo que facilitó el juego esquemático desde atrás del Eibar. Ahí estuvo el origen y la causa de todo. O el técnico amarillo adapta su animosa propuesta a los jugadores que le han dado o le costará sobrevivir. Si no tienes para presionar adelantado por una falta de sacrificio en la que el seguimiento es más con las miradas que con el físico, si a la defensa y al centro del campo les cuesta replegar, tal vez sea cuestión de variar el modelo y replegar líneas, en vez de insistir en lo imposible. Otra cosa es que, cuando recuperes, no haya ni un jugador capaz de dar pases en largo al espacio, como le sobran al Eibar, sino todo sea sumar toquecitos de pie a pie.
Un poco de caos
La segunda parte fue una continuación de la primera, con los azulgranas dominadores del juego y los insulares esforzados en evitar la sangría, lo que no impidió el 3-1 en una jugada por banda (Magunazelaia sin presión) con centro (Guruzeta imponiéndose a Pezzolesi) y remate (Martón solo). Tres toques y gol. Sin más. La superioridad armera apuntaba a una goleada hasta que De la Barrera decidió romper el guion en pedazos con cambios sorprendentes incluso para Arambarri, que no consiguió evitar la marcha atrás de los suyos ni en particular detectar a Elías Romero, que dio vértigo y un gol inimaginable a Jefté casi al final. Tal era el desorden que hubo tiempo tanto para la igualada como para el 4-2. Pezzolesi, Andrés e Iñaki en defensa; Loiodice de mediocentro; Sandro e Iván Jaime de carrileros; Miyashiro, Elías y Kirian de mediapuntas y Jefté como delantero. Inolvidable. A lo mejor, la solución está en el caos.
Pero la locura no fue suficiente en un partido para reflexionar y corregir de una vez. Ambos conjuntos prolongaron sus rachas. El Eibar sumó su sexto triunfo consecutivo tras caer en la primera jornada contra el Tenerife. La UD, en sentido contrario: 7 puntos de los últimos 18 y solo capaz de ganar a los tres últimos clasificados.
En Eibar viven 27.500 personas, 5.000 menos de las que caben en el Gran Canaria. El aforo de Ipurua es de apenas 8.000 espectadores. Pues bien
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