El fútbol español no deja de ganar y ganar y volver a ganar, como dijo el sabio. En hombres y en mujeres, en categorías absolutas y en inferiores. Si hay un balón y dos porterías, España encuentra el camino hacia la gloria. Las vitrinas se renuevan esta vez con el segundo Mundial sub’20 femenino, conquistado en los penaltis.
Laia López fue el nombre propio de la final, deteniendo dos lanzamientos a Corea del Norte, la vigente campeona, que durante 120 minutos le negó el pan y la sal a un España superior. La selección de David Aznar recupera el trono que ya alcanzó en 2022 y presume ahora de ser campeona del mundo en dos de las tres categorías femeninas. La sub’17 tendrá en unas pocas semanas la oportunidad de conseguir el pleno.
El hilo narrativo del partido quedó definido desde los minutos iniciales. El balón iba a estar en los pies de los españolas, mientras Corea del Norte planteaba una defensa organizada hasta el extremo, con nueve jugadoras siempre por detrás de la pelota. Solo la delantera, primero Pak y después Kyong, apretaban de vez en cuándo más allá del centro del campo.
Las madridistas Pau Comendador y Noe Bejarano, recuperada tras perderse la semifinal, eran las que más daño hacían por la banda derecha, pero el dominio español no se traducía en ocasiones claras. Alba Cerrato fue la que más se acercó al gol en la primera mitad, encontrando la oposición de la portera asiática.
Corea, mientras tanto, lo fiaba todo a algún contragolpe aislado que Cámara y Cristóbal, las centrales españolas, contrarrestaban enseguida. El único susto antes del descanso llegó ya en el 44, en una falta de entendimiento entre Cristóbal y Laia López que la portera del Madrid dejó en anécdota tras el disparo de Kyong.
Eligió España el camino de la paciencia, el de persistir y persistir en su idea de juego sin cometer errores, buscando que el desgaste físico y mental de las coreanas les fuera abriendo oportunidades. Y, en efecto, a partir de la hora de partido, las de David Aznar empezaron a encontrar remates donde hasta entonces solo hallaban frustración.
El problema fue que Ju-Gyong Pak, la portera coreana, sacó a relucir todo su repertorio de paradas para negarle la gloria a Rosalía, Cerrato, Comendador… A todas las que intentaban poner a España por delante en el marcador. Corea del Norte, a excepción de un rato de arreón final, decidió en esos minutos que una prórroga era un buen plan y se afanó en que ese fuera el destino del partido. Con éxito.
Y ya se sabe que en el fútbol hay, generalmente, dos tipos de prórrogas: las vertiginosas y las soporíferas, sin término medio. La de Lodz fue claramente de las segundas. Apenas hubo una ocasión clara entre ambos equipos, ejecutada por Marisa y frustrada, claro está, por la imbatible Pak. 22 remates armó en total España, ni uno acabó en la red.
Pasó allí lo que tantas veces en el fútbol, que la portera que se ha exhibido durante el partido no detiene ni un solo penalti en la tanda. Sí lo hizo Laia López, deteniendo dos lanzamientos para que España recupere el trono sub’20, cuatro años después de su primer título.
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