El calentamiento global está transformando el ecosistema marino de Canarias. El aumento de la temperatura del mar está permitiendo que organismos de carácter tropical que llegan al Archipiélago arrastrados por las corrientes marinas puedan sobrevivir, reproducirse e incluso asentarse en las Islas. Muchos de estos organismos proceden de las costas de México y alcanzan las Islas a través de las corrientes del Atlántico. Se trata de una situación que hasta hace unas décadas resultaba poco probable, ya que las aguas más frías del Archipiélago dificultaban la supervivencia y el asentamiento de estas especies.
Así lo explica Alejandro de Vera, director del Museo de Ciencias Naturales de Tenerife, que este miércoles abordó las relaciones marinas entre Canarias y México en su ponencia La corriente que nos une: viajes a través del Atlántico. Once años después. La charla, enmarcada en el ciclo de conferencias del Festival MUSA México, tuvo lugar en el Museo de Naturaleza y Arqueología de Tenerife (MUNA) y sirvió para actualizar esta misma ponencia, que ya presentó once años atrás para el mismo festival.
¿Cómo funcionan las corrientes marinas?
Lo de que lleguen especies de otras regiones a las Islas a través de las corrientes no es algo nuevo. El Golfo de México es una de las zonas del Atlántico más próximas a Canarias y con la que el Archipiélago mantiene una conexión a través de las corrientes. «La corriente del Atlántico Norte es un sistema de corrientes circulares entre la que se encuentra la del Golfo de México, que llega hasta la costa europea y a la altura de la Península Ibérica se separa en una rama descendente que conecta con las Islas, que precisamente recibe el nombre de corriente de Canarias», señala. A lo largo de esta conexión, una multitud de organismos marinos viajan de forma pasiva, sobre todo larvas de organismos invertebrados.
El viaje de estas larvas hasta Canarias no sigue una ruta fija. La corriente cambia de velocidad según la época del año y, además, algunas quedan atrapadas en remolinos mientras otras avanzan por líneas de agua más rápidas. En función de las condiciones que encuentren durante el trayecto, pueden tardar desde varias semanas hasta meses en alcanzar las Islas.
Especies anfiatlánticas
En muchos casos, las larvas llegan hasta las costas canarias y completan allí su desarrollo hasta convertirse en adultos. «Son especies que compartimos con el otro lado del Atlántico, cuyos progenitores proceden de allí», apunta. Es lo que se conoce como especies anfiatlánticas. «Algunas de ellas incluso viven en los charcos, un ejemplo muy conocido es el bucio, esta caracola amarilla y grande, y casi todos los que hay aquí en Canarias han nacido en el Caribe», menciona.
No obstante, también hay otros organismos de natación activa que usan las corrientes para desplazarse, desde peces grandes hasta cetáceos. «Son grandes nadadores y pueden desplazarse hacia donde quieran, en ocasiones durante miles de kilómetros», apunta. Los ejemplos más claros son las mantas, las tortugas marinas y los tiburones. «Se sabe que muchas de las tortugas marinas que hay en nuestras costas han nacido en el Caribe», aclara.
Asentamiento de especies tropicales
Ahora bien, lo que sí ha cambiado es la capacidad de algunas especies tropicales para prosperar en las Islas. Canarias se encuentra aproximadamente a la misma latitud que la costa de Florida y el norte del Golfo de México, pero sus aguas son más frías debido a la influencia de la corriente de Canarias, que transporta hacia el Archipiélago aguas procedentes del norte. Al otro lado del Atlántico, en cambio, las aguas son más cálidas y presentan unas condiciones más favorables para las especies tropicales.
Esa diferencia de temperatura es precisamente la que durante años ha limitado el asentamiento de algunos de estos organismos en Canarias. «México tiene un ecosistema marino un poco más tropical que el nuestro», explica De Vera. Sin embargo, el calentamiento del océano está modificando esas condiciones. El aumento de la temperatura del mar, también en el Atlántico Norte y en las aguas asociadas a la corriente del Golfo, está haciendo que algunas especies de aguas cálidas que llegan hasta Canarias encuentren ahora un entorno más favorable para sobrevivir e incluso reproducirse. Y aunque el calentamiento global tampoco es una novedad en sí misma, ha provocado un cambio en las aguas que, según el investigador, se ha hecho especialmente visible durante los últimos once años.
Un ejemplo de este proceso es el Micromelo undatus, más conocido como caracol burbuja. «Es un ejemplo claro de cómo una especie de aguas cálidas y hábitos tropicales ha ido poblando poco a poco los ecosistemas canarios», explica. Hace tres décadas no estaba presente en Canarias y ahora es fácil encontrarlo en cualquier charco, sobre todo en el norte de Tenerife, concreta.
Un proceso natural
La llegada de estas especies, sin embargo, no es en sí misma un fenómeno nuevo ni negativo. Esta dispersión favorece el intercambio biológico entre regiones muy alejadas entre sí. «Al contrario, estos viajes mantienen el flujo genético entre las especies del Atlántico y eso es positivo, como fenómeno natural», señala De Vera.
La cuestión cambia cuando una especie que llega a un nuevo ecosistema consigue alterar su equilibrio. El calentamiento del océano puede favorecer que organismos tropicales sobrevivan en aguas donde antes no podían hacerlo, pero eso no significa necesariamente que sean invasores. «Lo que hay que determinar cuando una especie llega es si tiene carácter invasor o no», puntualiza. Un organismo presenta esta característica cuando desplaza a otras especies autóctonas y modifica los ecosistemas locales. «Es decir, cuando pone en peligro nuestra propia biodiversidad», aclara.
En este contexto, explica que la mayor parte de las especies tropicales invasoras presentes actualmente en Canarias no han llegado de forma natural a través de las corrientes, sino que han sido introducidas accidentalmente por la actividad humana.
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