Fueron, como carta de presentación en su primera rueda de prensa, 43 minutos sin un solo exabrupto, con mucha explicación detallada y escasos titulares. Quién le ha visto y quién le ve. José Mourinho ha hecho del fuego su manera de vivir en el fútbol. Pero la gasolina, de momento, la deja abandonada en la despensa. Vuelve Mou a la Liga 13 años después con la puesta de largo de esta noche (21.30 horas, Dazn) en Cornellà-El Prat, pero es un Mou diferente al que recordamos. Al menos de momento.
Además de la edad (63 años), el contexto ayuda a explicar las diferencias con aquel año 2010 en el que Mourinho llegaba a Madrid tras ganar el doblete Champions-Serie A con el Inter. Porque tan indudable es su ascendencia, hasta veneración, en cierto sector del madridismo como su pérdida de estatus como entrenador en la última década.
Un solo título en nueve años
Desde que fue despedido por el Manchester United en 2018, el portugués ha ido pasando por banquillos del segundo nivel europeo: Tottenham, Roma, Fenerbahce y Benfica. En los últimos nueve años, su único título ha sido la Conference League de 2022 con la Roma. Su último título liguero fue la Premier de 2015 con el Chelsea y no pisa unos cuartos de final de la Champions desde 2014.
El entrenador del Real Madrid, José Mourinho, durante el entrenamiento del equipo previo al primer partido oficial de la temporada para el equipo blanco, contra el Espanyol, correspondiente a la segunda jornada de LaLiga. / Chema Moya / EFE
Los únicos argumentos que sostienen esta segunda etapa en el Bernabéu son, en fin, la nostalgia y su bien ganada fama de tener mano dura. Porque si en 2010 Florentino Pérez buscó en él un antídoto para combatir al mejor Barça de la historia, en esta ocasión recurre a Mou para enderezar a un vestuario convertido en una residencia universitaria tras la marcha de Ancelotti.
Su ventaja, claro, es que el listón está bajísimo tras dos años en blanco. Si en su primera etapa tomó las riendas de un gran Real Madrid que, sencillamente, no llegaba a la perfección de aquel Barça; hoy asume un equipo blanco de rendimiento deficiente que no ha podido competir contra un eterno rival hegemónico en España, pero muy lejos de ser dominante en Europa. El margen de crecimiento propio, esta vez, es inmenso.
«Hay que defender con once»
Por eso, seguramente, los primeros mensajes entre líneas, la especialidad de la casa, han sido de consumo interno. En su primera rueda de prensa, ayer, aseguró que los jugadores ya conocen el once de esta noche y desafió entre risas a los informadores a que alguien (un ‘topo’) se lo filtre. También dejó claro que «hay que defender con once», porque su equipo no va a funcionar con «gente que defiende y gente que espera a que se recupere el balón». Avisos a navegantes de quien no siente angustiado por el reto: «No siento presión».

El portugués José Mourinho (i) junto al presidente del club, Florentino Pérez, durante su acto de bienvenida como nuevo entrenador del Real Madrid. / ANTONIO VILLALBA / EFE
En Valdebebas se ha escuchado alguna voz en estas semanas en las que sus jugadores han ido llegando a cuentagotas, pero ha imperado la concordia. Ha insistido en la necesidad de que sus jugadores sean disciplinados en aspectos como la nutrición, la recuperación y la preparación física, fomentando también la cohesión del grupo, consciente de que acabó la temporada pasada hecho pedazos.
«Cuando llegó Tchouaméni, estuve atento, pero no he visto la necesidad de hablar de un tema difícil para ellos, porque he visto normalidad, amistad, cooperación«, explicó ayer sobre el episodio que acabó con el francés (ausente hoy en Cornellà por molestias físicas, como Endrick) golpeando al ahora capitán Fede Valverde.
Plenos poderes para Mou
Cuenta Mourinho con una ventaja con respecto a Xabi Alonso: el respaldo total y absoluto de Florentino Pérez y la seguridad de sus jugadores de que la situación es esa. Llega con las manos libres, algo que también se ha reflejado en un mercado de fichajes en el que ha intervenido de manera decisiva, más que cualquiera de los últimos entrenadores que ha tenido el Real Madrid.
Tiene Mourinho casi todo lo que ha pedido, a excepción del mediocentro que, tras el desplante de Rodri, dice ahora no necesitar. Veremos. Con refuerzos como Diomande, Bernardo y Cucurella, ganar la Liga es todavía más una obligación para Mourinho. De momento, su receta tiene el barniz de la paz. Si las cosas se empiezan a torcer, otro gallo cantará.
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