Treinta y tres grados. Ese fue el registro que el pasado 5 de agosto marcó una boya de Sa Dragonera, al oeste de Mallorca, en lo que se convirtió en un alarmante récord histórico de temperatura en el mar Mediterráneo. Y la cosa no cambia demasiado en aguas de la provincia de Alicante, donde durante buena parte del mes de julio y también en el actual se han estado bordeando los 30 grados o incluso superándolos. Un calentamiento que ya está teniendo consecuencias, sin ir más lejos, en la pesca, con capturas que se están reduciendo entre un 5 % y un 10 % al sumergirse los peces a mayor profundidad, al mismo tiempo que se produce una alteración en la abundancia de algunas especies. Mientras que la gamba blanca, más acostumbrada a aguas cálidas, está cada vez más presente, la cigala, la merluza o la sardina, además de algunas especies voluminosas como la gallina o el mero, van a menos.
Las continuas olas de calor que se vienen registrado desde el inicio del verano no se notan solo en tierra, sino que también en el mar están teniendo una incidencia directa con un calentamiento de las aguas que cada vez es más acusado. Y si en el hábitat terrestre tanto las personas como los animales y las plantas lo tienen cada vez más complicado para soportar las elevadas temperaturas, lo mismo está sucediendo con la fauna marina, hasta el punto de alterar su comportamiento.
Puesto del Mercado Central de Alicante con gambas y también cigalas, cuyo precio se ha encarecido. / PILAR CORTES
José Luis Sánchez Lizaso, catedrático de Ciencias del Mar y Biología Aplicada de la Universidad de Alicante (UA), presidente a su vez del Foro Científico para la Pesca Española en el Mediterráneo, señala que «los cambios de temperatura también cambian la abundancia de las especies. Con un agua más caliente, hay menos mezcla de biomasa, menor cantidad de fitoplancton y zooplancton y, consecuentemente, menos alimento para los peces, por lo que el impacto es pleno y directo».
La consecuencia de todo ello es que algunas especies se ven favorecidas por esta situación, porque están más aclimatadas a ello, mientras que otras lo tienen más complicado, no solo por la temperatura de las aguas, sino porque también hay una menor productividad. En este sentido, explica que la especie por excelencia que ha salido ganando con este calentamiento es la gamba blanca, cuya población ha aumentado de manera exponencial, mientras que otras, como la cigala, la merluza o la sardina están yendo a menos. La gamba roja, de momento, parece que no se está viendo afectada, aunque tampoco hay suficientes indicadores al respecto.

Pescadores seleccionando sus capturas a bordo de una embarcación. / ALEX DOMINGUEZ
Incluso hay algunos peces, como el espadín, que hace ya años que no se ven por estos lares. «Es una especie de aguas frías que en los años 60 estaba muy presente en esta zona, pero que hoy en día está desaparecida», lamenta.
Las elevadas temperaturas también, como queda dicho, alteran el comportamiento de la fauna marina. Según Sánchez Lizaso, «lo normal es que, cuando se calientan las aguas, los peces intenten desplazarse hacia el norte en busca de un alivio, pero en el Mediterráneo se encuentran con que es un mar cerrado y que la única posibilidad es desplazarse hacia el fondo«.
Y eso, más allá de la mayor o menor abundancia de determinadas especies, es lo que está generando una reducción de las capturas por parte de los pescadores. Así lo señala José López Chacopino, patrón mayor de la Cofradía de Santa Pola, quien señala que es un fenómeno que ya vienen detectando, aunque cada vez con mayor intensidad, en los últimos veranos. «El pescado se sumerge más buscando aguas más frías y, además, tiende a estar más parado, circunstancias ambas que complican la actividad de las embarcaciones», destaca.

Gamba blanca y sardinas a bordo de una embarcación pesquera. / ALEX DOMINGUEZ
Este es el caso de las especies de mayor tamaño, caso de la gallina, el mero o el dentón, que según explica, «cuestan mucho más de coger en esta época, dado que, como digo, tienden a estarse más quietos y a refugiarse cerca de las rocas».
Precios
Y como suele suceder en esos casos, las menores capturas repercuten en los precios. Así lo señalan desde algunos de los puestos de pescados y mariscos del Mercado Central de Alicante, quienes ponen el ejemplo de que la gamba blanca, cada vez más abundante, se paga a unos 38 euros el kilo de media, mientras que la cigala, que llega con menor asiduidad, se cotiza entre los 80 y los 200 euros el kilo, dependiendo de su tamaño.
La incógnita reside en saber qué es lo que va a ocurrir en el futuro si, como parece, el calentamiento global va a ir a más y eso se va a reflejar también en las aguas del mar Mediterráneo. Lo lógico es pensar en que los efectos negativos que ya se están visualizando tiendan a agudizarse, aunque no solo en el verano. Según explica José Luis Sánchez Lizaso, «el problema es que no solo se calientan las aguas en la época estival, sino que las temperaturas ya son más elevadas a lo largo de todo el año, lo que, insisto, está alterando toda la cadena trófica».
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