Al menos el 50% de las mujeres con menopausia tienen problemas con su suelo pélvico, que incluyen sequedad vaginal –presente en el 81% de los casos– y dolor en las relaciones sexuales –en el 25% de los casos–. De hecho, hay estudios que señalan que este porcentaje podría ascender al 70%. Además, las disfunciones del suelo pélvico —que aparecen cuando los músculos o tejidos pélvicos están debilitados, lesionados, tensos o no funcionan correctamente— afectan aproximadamente a una de cada cuatro mujeres en algún momento de su vida. Estas disfuanciones, explica la FDA, incluyen prolapso –que es el descenso o caída de un órgano interno, como la vejiga, el útero o el recto, de su posición anatómica natural–, incontinencia urinaria o fecal y dolor pélvico. Se llama síndrome genitourinario de la menopausia (SGM) y afecta a la zona pélvica.
Durante décadas, miles de mujeres han asumido que todas estas problemáticas eran un peaje inevitable del proceso de hacerse mayor. Muchas ni siquiera sabían que estos problemas tenían tratamiento. En los últimos años, sin embargo, la fisioterapia del suelo pélvico ha reivindicado su papel para prevenir y aliviar unas alteraciones que afectan a la calidad de vida durante la menopausia. RAP Barcelona —las siglas hacen referencia a las palabras «reeducación abdominopelviana»–, abierta en 2003, fue una de las primeras clínicas que abordó este problema.
«Había tal desconocimiento que la gente venía con chándal a la consulta para hacer rehabilitación. Nosotras tratamos la zona pélvica y la zona pelviana, o sea, la zona vaginal, anal y genital, pero las pacientes venían a la consulta como si fueras a hacer una fisioterapia de músculoesquelético. En la primera visita teníamos que explicarles la necesidad de desnudarse para ver la vagina y ver cómo se comportan los músculos del suelo pélvico», recuerda Stéphanie Kauffmann, fundadora, junto a Laia Blanco y a Inés Ramírez, de RAPBarcelona. Las tres son conocidas como las «RAPeras» y acaban de publicar el libro ‘Placer en la menopausia’ (Plataforma Editorial), «una guía para entender todo lo que pasa en tu suelo pélvico«.
De izquierda a derecha, Inés Ramírez, Laia Blanco y Stéphanie Kauffmann, las «RAPeras» especializadas en suelo pélvico. / Zowy Voeten
«Dejar de normalizar»
De la misma manera que la fisioterapia se realiza en «un hombro o una rodilla», se puede también aplicar «en una zona íntima», explica Blanco. «Aquí vienen mujeres a las que se les escapa la orina, pero también con un deseo miccional constante. También gente que no puede orinar porque la musculatura está demasiado tensa y hay que ayudarles a relajarla», añade. «Nosotras atendemos desde mujeres que están haciendo su preparación para la maternidad, embarazo o gestación —es decir, jóvenes que quieren preparar su cuerpo para un cambio importante– a mujeres que, en el post-parto, desean recuperar un poco su zona pélvica y abdominal», cuenta Blanco.
El 30% de la población, especialmente mujeres, sufre incontinencia urinaria, porcentaje que asciende al 50% en el caso de las mujeres que están en el posparto o la posmenopausia. «Es muy prevalente», aseguran las ‘RAPeras’. «Las mujeres en etapa perimenopáusica, menopáusica o postmenopáusica viven cambios importantes por la bajada de estrógenos, pues el tejido pierde sostén. Y, si no tienes bien la musculatura, todavía se hace más evidente la problemática en esta zona pélvica», cuenta Kauffmann. Esto provoca no solo incontinencia urinaria, sino problemáticas más tabúes, como escape de gases o incontinencia de heces. «Esto limita muchísimo la calidad de vida», afirman. Pero, insisten, se puede trabajar con fisioterapia: «No es normal resignarse al dolor o a las pérdidas de orina en la menopausia».
¿Y los hombres?
Sin embargo, los problemas de suelo pélvico no son exclusivos de las mujeres, sino también de los hombres. También ellos sufren incontinencia de orina, a menudo después de una cirugía de próstata. Y también acuden a RAP Barcelona con dolor pélvico, denominado prostatitis, que consiste en una inflamación o infección del nervio pudendo. «Un dolor pélvico es algo que limita muchísimo la calidad de vida. Son personas que, a veces, no pueden estar más de 10 segundos sentadas. Es como tener una ciática, pero dentro de la pelis. Afecta tanto a mujeres como a hombres. La pélvica es una zona desconocida», asegura Kauffmann.
Aunque a RAP Barcelona acuden personas de todas las edades, las principales usuarias son las mujeres con menopausia: esa época de la vida en que se produce «el gran cambio hormonal». «Si las personas empezáramos a conocer cómo funciona nuestro cuerpo e hiciéramos algún trabajo preventivo durante la perimenopausia, antes de la menopausia, nos podríamos evitar muchísimas molestias y mejorar mucho la calidad de vida en el envejecimiento», asegura Blanco.
El «cambio» de la mujer
Las «RAPeras», además, han sido testigos del cambio de la mujer a lo largo de estas más de dos décadas que la clínica lleva abierta. «A principios de los 2000, las mujeres que venían a la consulta no eran económicamente independientes. Muchas no habían podido recibir según qué formación y socialmente estaban muy castradas, la verdad», apunta Inés Ramírez. Recuerda cómo, cuando esas mujeres llegaban a la consulta y estas fisioterapeutas les daban un presupuesto, les respondían: «Muchas gracias, ahora lo voy a hablar con mi marido y, si está de acuerdo, lo haremos». Dos décadas después la sociedad ha cambiado «muchísimo». «Ahora, la mujer de 50 a 70 años, con perimenopausia, menopausia o posmenopausia, está muy activa físicamente y se siente muy joven en todos los sentidos», afirma Ramírez.
Son mujeres «social, intelectual, laboral y sexualmente activas». Y tienen unas «necesidades» de las que antes no eran tan conscientes. «Muchas han cambiado de pareja en la adultez y quieren seguir disfrutando del sexo», asegura Ramírez. En la menopausia hay una pérdida de la «elasticidad vaginal», lo que provoca dolor en las relaciones sexuales. «Pero hay herramientas para mantener el tejido lo más funcional posible», aseguran estas fisioterapeutas. Y este es uno de los principales motivos por los que sus pacientes recurren a ellas.
Las «RAPeras» también enseñan a sus pacientes a «mover» la zona pélvica. «Enseñamos a mujeres y hombres a reconocer los movimientos del suelo pélvico para evitar problemas de incontinencia y problemas de prolapsos. Y corregirlos, si ya los tienen. Hacemos un entrenamiento para que mejore la fuerza muscular», concluye Ramírez.
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